Siempre al volante. Siempre intentando disfrutar de cada coche que he probado. Llevo muchos años trabajando en la prensa del motor y sigo disfrutando como el primer día, sin perder la ilusión. Escucha mi podcast y lo verás... o lo oirás.
Checker, el “genuino” taxi americano
January 29, 2026
20:46
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Siempre nos ha llamado la atención el icónico taxi amarillo de Nueva York, el coprotagonista de tantas películas. Pero esta imagen oculta una historia fascinante de violencia, sastres rusos, mafia y experimentos mecánicos locos.
Con este vídeo inauguramos en Garaje Hermético la serie “Marcas desconocidas con historias sorprendentes”. Y empezamos fuerte con Checker Motors Corporation.
De la aguja a las bombas de Chicago
El origen de la marca no está en los despachos de Detroit, sino en la Rusia zarista. Morris Markin, un sastre que llegó a Chicago con menos de dos dólares en el bolsillo, acabó fortuitamente como dueño de una fábrica de carrocerías. Pero el Chicago de los años 20 era territorio de Al Capone, y el negocio del taxi era un campo de batalla. Checker nació en una guerra abierta contra su rival, Yellow Cab (propiedad de John Hertz). La competencia no era por precios, era a golpes: hubo tiroteos entre chóferes, se incendiaron flotas enteras y el punto culminante llegó en 1923, cuando la propia casa de Morris Markin fue bombardeada con dinamita. Checker tuvo que huir a Kalamazoo, Michigan, para sobrevivir y blindar su leyenda.
Ingeniería de la supervivencia
Ya a salvo, Markin impuso una filosofía contraria a la "obsolescencia programada" de los grandes fabricantes americanos. El Checker debía ser una herramienta eterna. Crearon coches con características sagradas: suelo plano, techos altos (para que un caballero entrara con sombrero de copa) y un chasis de escalera con refuerzos en X masivo, pesado pero indestructible. El diseño definitivo, con su famosa parrilla, llegó en 1956 y apenas cambiaría durante los siguientes 26 años.
Los Monstruos de Kalamazoo y el corazón ajeno
En su búsqueda de nichos de mercado, Checker perdió la cabeza maravillosamente en los años 60. Crearon el Checker Aerobus, una aberración mecánica de casi 7 metros de largo y hasta 9 puertas para llevar gente a los aeropuertos, que necesitaba motores V8 industriales y ruedas de camión. Hay que destacar que Checker nunca fabricó sus propios propulsores; fueron maestros del "trasplante". Usaron motores Continental, coquetearon con Chrysler y finalmente firmaron un acuerdo con General Motors, montando los legendarios motores Chevrolet, lo que hoy es una bendición para los coleccionistas por la facilidad de recambios.
El fantasma de VW y el final
Los años 70 fueron críticos. La empresa intentó modernizarse con prototipos italianos de Ghia que no pudieron pagar, pero la historia más increíble fue el "Plan Volkswagen". En 1977, Ed Cole (expresidente de GM) compró parte de Checker con un plan revolucionario: comprar Volkswagen Rabbits (Golf mk1), cortarlos, ensancharlos y montarlos sobre chasis Checker. Tenían los prototipos listos, pero Cole murió en un accidente de avioneta y el proyecto se estrelló con él.
Finalmente, la crisis del petróleo, los desastrosos motores diésel de GM que intentaron usar y las nuevas normas de seguridad (que paradójicamente hacían peligroso su chasis demasiado rígido) acabaron con el coche. El último Checker salió de la línea de montaje el 12 de julio de 1982. La empresa, curiosamente, sobrevivió hasta 2009 fabricando piezas para sus antiguos rivales de Detroit.
Checker fue una anomalía maravillosa. Una apuesta por la honestidad mecánica por encima de la moda que patrulló las calles de América durante décadas.