Siempre al volante. Siempre intentando disfrutar de cada coche que he probado. Llevo muchos años trabajando en la prensa del motor y sigo disfrutando como el primer día, sin perder la ilusión. Escucha mi podcast y lo verás... o lo oirás.
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Las "CUTRE-LIMUSINAS" de los años ‘80
Hubo un momento en la historia del automóvil en el que perdimos el norte. Hoy en Garaje Hermético analizamos una era donde el lujo no se medía por la finura de su ingeniería o la calidad de sus materiales, sino por los metros de chapa, los jacuzzis de fibra de vidrio y las antenas de plástico cromado. Bienvenidos a la historia de las "cutre-limusinas" de los 80: cuando el exceso americano cruzó todas las fronteras. ¿De dónde viene el concepto de Limusina? Curiosamente, el nombre proviene de la región francesa de Limousin. Allí, los pastores usaban una capa con una capucha muy característica. En los inicios del motor, se llamó "Limousine" a los coches donde el chófer iba fuera, protegido por una extensión del techo (la "capucha"), mientras los pasajeros viajaban en un compartimento cerrado y opulento. Modelos como el Mercedes 600 "Grosser" o los Rolls-Royce Phantom definieron el segmento. Eran coches diseñados desde el tablero de dibujo para ser largos, con chasis reforzados de fábrica y suspensiones calculadas para su peso. Pero en los años 80, todo cambió. La "epidemia" del estiramiento Con la llegada de la era del "pelotazo" y la MTV, el mercado sufrió una mutación. Aparecieron los "Coachbuilders" o carroceros independientes que, en lugar de fabricar un coche desde cero, compraban sedanes de serie como el Lincoln Town Car y les metían la radial por la mitad. ¿Por qué estos modelos? Porque usaban chasis de largueros y travesaños, similares a los de un camión, lo que permitía cortarlos y alargarlos con relativa facilidad sin que el coche se partiera al instante. Sin embargo, esto no significaba que fueran seguros o eficientes. El catálogo del horror interior El término "cutre" cobra sentido al abrir la puerta de estas creaciones. Los interiores eran un festival de materiales cuestionables: -Espejos en el techo: Supuestamente para dar amplitud, pero que terminaban vibrando y generando ruidos insoportables. -Muebles de melamina: Imitaciones de madera que se astillaban al primer golpe. -La antena de "Boomerang": Un accesorio de plástico en el maletero que en la mayoría de los casos no estaba conectado a nada; era puro postureo visual. -El Jacuzzi: El colmo del absurdo. Llevar cientos de litros de agua en la parte trasera era un desastre dinámico. Ante cualquier frenazo, el agua se desplazaba por inercia, inundando la moqueta barata del vehículo. Una pesadilla para el chófer Conducir estas "salchichas" era una labor hercúlea. El radio de giro era comparable al de un transatlántico y la visibilidad trasera era nula. El mayor problema era el "efecto corte de esquina": si el conductor no abría la trayectoria al máximo, las ruedas traseras terminaban subiéndose a la acera. Además, al eliminar la rigidez estructural original, la carrocería flambeaba. En autopista, el tren delantero y el trasero parecían tener opiniones distintas sobre la dirección a seguir, obligando al conductor a corregir la trayectoria constantemente mientras los frenos de serie sufrían para detener semejante mole de hierro. El salto a Europa y el declive En Europa intentamos imitar la tendencia con resultados variopintos. Desde preparaciones sobre el Mercedes Clase S (W126) por parte de Duchatelet, hasta experimentos con Range Rover que perdían toda su capacidad todoterreno y comodidad. A finales de los 90, el gusto cambió. La limusina extra-larga empezó a verse como algo de "nuevo rico" sin clase o exclusiva de despedidas de soltero de bajo presupuesto. Muchos de estos gigantes terminaron abandonados en campas y naves industriales, oxidándose como monumentos a una época de excesos sin sentido. En definitiva, las cutre-limusinas fueron un experimento social sobre ruedas. Demostraron que se puede tener mucho presupuesto y, aun así, carecer de sentido común. Un capítulo divertido de la automoción, pero una advertencia clara: la buena ingeniería nunca puede ser sustituida por el tamaño.
COMPRESOR G, ¿Genialidad o Desastre?
Hoy en Garaje Hermético desgranamos una de esas proezas técnicas que solo una marca con la audacia de Volkswagen podía llevar a la producción en serie. Hablamos de una sigla que hoy resuena con reverencia entre los entusiastas, pero que en su momento fue sinónimo de quebraderos de cabeza, facturas desorbitadas y más de una lágrima: el Compresor G. ¿Fue una genialidad de la ingeniería alemana o, por el contrario, un desastre en términos de fiabilidad? El contexto: La era del Turbo y la búsqueda de la inmediatez. Para comprender la génesis del Compresor G, debemos remontarnos a principios de los años 80. La industria automotriz vivía un auténtico romance con el turbocompresor, impulsada por los éxitos de la Fórmula 1 y el impacto de iconos como el Porsche 911 Turbo. Sin embargo, esta tecnología adolecía de un "pecado capital": el notorio "turbo lag". Ese desesperante lapso entre que el conductor pisaba el acelerador y las turbinas tomaban velocidad para entregar la potencia. Los ingenieros de Volkswagen, bajo la dirección del Dr. Ernst Fiala, tenían una visión diferente. Anhelaban las prestaciones de un turbo, pero con la respuesta instantánea de un motor atmosférico de gran cilindrada. Querían que sus compactos deportivos, como el Polo o el Golf, ofrecieran par motor desde el ralentí, eliminando ese comportamiento "binario" de "ahora nada, ahora todo". El Rescate de un Diseño Centenario: Léon Creux y la Espiral Olvidada. La búsqueda llevó a Volkswagen a los archivos de patentes, donde redescubrieron un diseño de 1905 del ingeniero francés Léon Creux: un compresor de desplazamiento rotativo con forma de espiral. Sobre el papel, era la solución ideal: intrínsecamente más silencioso y térmicamente más eficiente que los compresores Roots utilizados por Mercedes o Lancia, prometía una entrega de potencia absolutamente lineal. La gran barrera para Monsieur Creux en 1905 fue la ausencia de la metalurgia necesaria para fabricar un componente con la precisión requerida. Ochenta años después, Volkswagen decidió que contaban con la tecnología para materializarlo. Un acto de audacia técnica, quizás incluso de soberbia, que sin duda dejaría una huella imborrable. Anatomía de una Joya: Cómo Funciona el Compresor G. El nombre "G" proviene de la forma en espiral de sus piezas internas. Olvidemos las turbinas que giran a 200.000 rpm impulsadas por los gases de escape. El Compresor G es un compresor volumétrico, movido por una correa conectada directamente al cigüeñal del motor. Consta de dos espirales de aluminio fundido que encajan con una precisión de micras. Una es fija (la carcasa) y la otra es móvil (el desplazador). Al moverse orbitalmente, las espirales crean cámaras de aire que se desplazan hacia el centro. A medida que estas cámaras avanzan, su volumen se reduce, comprimiendo el aire antes de enviarlo al colector de admisión. La eficiencia térmica era notable: al no estar en contacto directo con los gases de escape, el aire de admisión se calentaba menos, permitiendo relaciones de compresión más altas y un excelente rendimiento termodinámico. La Paradoja de los Caballos Invisibles: Una Experiencia de Conducción Única. Conducir un Golf G60 de 160 CV en su época era una experiencia desconcertante. El cronómetro lo confirmaba: era más rápido que un Golf GTI 16v de 139 CV. Pero la sensación al volante era otra. ¿Por qué parecía que "faltaban caballos"? La clave residía en su curva de par. Estamos acostumbrados a una señal física de potencia en un deportivo: el tirón a altas vueltas de un motor multiválvulas o la "patada" del turbo. El G60, en cambio, ofrecía una aceleración constante, plana, sin picos ni dramatismo. Además, el compresor es un "parásito". Para generar presión, "roba" energía al motor a través de la correa. A altas revoluciones, esta pérdida podía alcanzar los 20 CV, restándole esa "alegría" en la zona alta del cuentavueltas que sí ofrecían los motores atmosféricos puros. -Volkswagen apostó fuerte por el compresor G, extendiendo su aplicación a varios modelos: -Polo G40 (1987-1994): Con espirales de 40 mm y un motor 1.3, fue el experimento inicial. -Golf G60 y Corrado G60 (1988-1993): Aquí las espirales aumentaron a 60 mm, asociadas al motor 1.8 de ocho válvulas. -Golf Rallye: Un intento de Volkswagen de dominar los rallyes, con tracción total Syncro y estética agresiva. -Passat G60 Syncro: Un verdadero "unicornio", una berlina discreta con tracción total y 160 CV. El Talón de Aquiles: ¿Por Qué Estallaban las Espirales? Si el sistema era tan refinado, ¿por qué Volkswagen lo abandonó tan abruptamente a mediados de los 90? La respuesta radicaba en el mantenimiento. Volkswagen comercializó estos coches como si fueran Golf normales, lo cual era un error. El Compresor G era una pieza de "alta cirugía" que exigía un cuidado exquisito.
El cementerio de BATERÍAS: La bomba de 2035
Nos venden el futuro eléctrico como un cielo azul, un mundo sin humos y con pajaritos cantando. La narrativa oficial de la Unión Europea nos empuja hacia el 2035 como la fecha de nuestra salvación climática, pero en ingeniería sabemos que la energía (y la contaminación) no desaparece por arte de magia; simplemente cambia de sitio. Hoy no vamos a hablar de autonomías ni de si el cargador de tu barrio funciona o no. Hoy vamos a viajar a ese futuro idílico para plantear la pregunta que los anuncios de coches esquivan: ¿Dónde vamos a meter los millones de toneladas de baterías muertas que están por venir? Para el año 2030, se calcula que tendremos 11 millones de toneladas de baterías llegando al final de su vida útil. Estamos ante un tsunami de residuos para el que, sencillamente, no estamos preparados. El mito de la economía circular y la trampa del LFP. El dinero mueve el mundo, y en el reciclaje no es diferente. Hasta hace poco, las baterías de litio utilizaban mezclas de Níquel, Manganeso y Cobalto (NMC). Como el cobalto y el níquel son carísimos, reciclarlas era rentable: sacabas "oro" de su interior. Sin embargo, la industria está virando masivamente hacia las baterías de Litio Ferrofosfato (LFP) porque son más baratas y seguras. El gran problema oculto es que, al no contener esos metales valiosos, el coste de reciclarlas es superior al valor de los materiales que recuperas. Es como intentar reciclar un vaso de plástico gastando más energía y dinero de lo que cuesta fabricar uno nuevo. La "Masa Negra" y el colonialismo tóxico Cuando una batería llega a la planta de tratamiento, se tritura para obtener la llamada "Black Mass" o Masa Negra. Es un polvo oscuro, una mezcla de litio, cobalto y grafito altamente tóxica. Para separar estos componentes existen dos vías: la pirometalurgia (quemarlas a 1.500 grados, lo cual emite gases que hay que filtrar y pierde el litio) y la hidrometalurgia (bañarlas en ácidos potentes como el sulfúrico). Aquí es donde entra la hipocresía europea. Como el proceso es sucio y genera residuos químicos ingentes, Europa apenas tiene capacidad para refinar esta masa. ¿La solución actual? Meterla en barcos y mandarla a Asia. El desafío extremo para los desguaces. Los Centros Autorizados de Tratamiento (CAT) están preocupados. Un coche de gasolina siniestrado es un trozo de hierro inerte una vez que le quitas los líquidos. Un coche eléctrico es una bomba latente. Si las celdas están dañadas, pueden entrar en "fuga térmica" (Thermal Runaway) días o semanas después del accidente. Un fuego de batería de litio es casi imposible de apagar; no basta con agua, a veces hay que sumergir el coche entero en una piscina durante 48 horas. Esto ha provocado que muchos desguaces se nieguen a aceptarlos o cobren tarifas prohibitivas porque sus seguros contra incendios se han disparado. El pasaporte de baterías de 2027. La Unión Europea implementará en 2027 el "Pasaporte Digital de Baterías". Cada unidad tendrá un código QR con su historial y su estado de salud (SOH). Aunque la intención es buena (evitar el cobalto de minas ilegales), esto herirá de muerte al mercado de segunda mano. Si quieres vender tu coche tras ocho años y el QR marca que la salud de la batería está por debajo del 70%, tu coche pasará a valer cero euros de forma instantánea. El timo de la "Segunda Vida" y la minería urbana A menudo oímos que las baterías de los coches servirán para almacenar energía solar en las casas. Es una idea preciosa para las memorias de sostenibilidad, pero un reto logístico y de seguridad titánico. Mezclar paquetes de baterías de diferentes fabricantes, estados de salud y químicas para crear acumuladores fiables es, a día de hoy, un proyecto que solo sobrevive gracias a las subvenciones. Por otro lado, se habla de la "minería urbana" como la solución para no abrir más agujeros en la tierra. Pero la demanda de baterías crece un 30% anual y el retorno de baterías viejas es mínimo porque el parque eléctrico aún es joven. Esto significa que seguiremos dependiendo de minas a cielo abierto en China, Australia o África durante las próximas dos décadas. Conclusión El coche eléctrico tiene ventajas locales innegables: silencio, par motor y ausencia de humos en nuestras calles. Pero no seamos ingenuos. El problema de los residuos es la gran bomba de relojería de la próxima década. Si no estandarizamos la fabricación para que el reciclaje sea sencillo y rentable, y si no dejamos de exportar nuestra basura al tercer mundo, el sueño verde se convertirá en una pesadilla negra. Como siempre, la factura final la pagaremos nosotros, los usuarios de a pie.
El CATACLISMO SENSORIAL al volante. ¿Realidad o invento de la DGT?
Como os he comentado, en este video no hay texto descriptivo, sino una “Bibliografía Técnica” y las fuentes de referencia. 1. Volumen de los contratos: Datos BOE y Plataforma de Contratación. El INTRAS no recibe una subvención a fondo perdido, sino que factura a través de contratos menores y procedimientos negociados sin publicidad (adjudicaciones directas por razones de exclusividad técnica). Convenios Marco: Solo en la última década, el Ministerio del Interior (vía DGT) ha firmado convenios con la Universidad de Valencia para el INTRAS por valores que suman varios millones de euros. Por ejemplo, es habitual encontrar partidas anuales de entre 400.000 € y 600.000 € destinadas exclusivamente a "asesoramiento técnico" y "análisis del comportamiento del conductor". Contratos Específicos: En el histórico de adjudicaciones, aparecen contratos para el diseño de cursos de recuperación de puntos o estudios sobre distracciones con importes que oscilan entre los 60.000 € y los 120.000 € por proyecto. 2. La "exclusividad" y el “blindaje” económico Muchas de estas adjudicaciones se realizan bajo la premisa de que "solo el INTRAS tiene la capacidad técnica" para realizarlos. Esto blinda al instituto frente a la competencia de otras universidades o consultoras privadas. 3. FESVIAL: La pieza clave del puzle Luis Montoro preside además FESVIAL (Fundación Española para la Seguridad Vial). Esta es una entidad privada que actúa como puente. FESVIAL recibe patrocinios y contratos de la DGT y de empresas privadas que viven de la seguridad vial (fabricantes de radares, señalización, etc.). 4. Bases de la Teoría del "Cataclismo Sensorial". Montoro, L., et al. (Luis Montoro y equipo) (2011). "Velocidad y Seguridad Vial: Un análisis de los factores de riesgo". Cátedra de Seguridad Vial de la Universidad de Valencia / FESVIAL. (Este es el documento donde se populariza el término y las gráficas del efecto túnel que usa la DGT). INTRAS (1998). "La influencia de la velocidad en los accidentes de tráfico". Instituto Universitario de Tráfico y Seguridad Vial. (Estudio base que sirve de cimiento a las normativas actuales). 4. Neurobiología de la Percepción y Atención Mackworth, N. H. (1948). "The breakdown of vigilance during prolonged visual search". Quarterly Journal of Experimental Psychology. (El estudio fundamental sobre cómo la monotonía desconecta el cerebro; clave para tu argumento de los 110 km/h). Gibson, J. J. (1950). "The Perception of the Visual World". Houghton Mifflin. (Padre del concepto de "Flujo Óptico", que explica cómo percibimos el movimiento sin necesidad de nitidez periférica). Lee, D. N. (1976). "A theory of visual control of braking based on information about time-to-collision". Perception. (El estudio original sobre el Factor Tau que se menciona en el guion). 5. Seguridad Vial Comparada y Estadísticas BASt (Federal Highway Research Institute of Germany). "Traffic and Accident Data: Comparative analysis of Autobahns with and without speed limits". Informes anuales (2020-2024). (Fuente oficial para demostrar que la velocidad no es el factor determinante de mortalidad en Alemania). Pau, M., & Angius, S. (2001). "Do speed bumps really decrease traffic speed? An Italian experience". Accident Analysis & Prevention. (Análisis sobre cómo los límites artificiales afectan a la atención del conductor). 6. Factores Humanos y Aviación (Carga de Trabajo) Yerkes, R. M., & Dodson, J. D. (1908). "The relation of strength of stimulus to rapidity of habit-formation". Journal of Comparative Neurology and Psychology. (La Ley de Yerkes-Dodson, que explica el "estrés óptimo" necesario para que el cerebro rinda al máximo). Wickens, C. D. (2002). "Multiple resources and performance prediction". Theoretical Issues in Ergonomics Science. (Sobre la carga cognitiva y cómo las pantallas táctiles son más peligrosas que la velocidad pura).
Los 10 COCHES más INALCANZABLES de la historia
Solemos asociar las listas de espera con objetos de lujo extremo o superdeportivos de edición limitada. Sin embargo, la historia del automóvil nos revela una realidad muy distinta: en muchas ocasiones, el coche más deseado no ha sido el que más corre, sino aquel que simplemente no se podía fabricar al ritmo que la sociedad lo necesitaba. Desde la necesidad más básica de movilidad hasta el consumo impulsivo, hoy recorremos las historias de aquellos vehículos que agotaron la paciencia de generaciones enteras. La estafa del sueño alemán: El KdF-Wagen (1938) Antes de que el mundo lo conociera como el Volkswagen Escarabajo, nació como el KdF-Wagen. El gobierno nazi ideó un sistema de ahorro mediante el cual los obreros pegaban sellos de 5 marcos en una cartilla semanal. La promesa era sencilla: al completar el pago de 990 marcos, recibirían su vehículo. Utilidad social frente al dinero: Citroën 2CV (1948) Tras la Segunda Guerra Mundial, Francia necesitaba moverse. El Citroën 2CV, despreciado inicialmente por la prensa, se convirtió en un éxito absoluto entre la población rural. La lista de espera alcanzó los seis años, pero lo fascinante fue el criterio de entrega. Pierre-Jules Boulanger, director de Citroën, instauró una selección ética: se dio prioridad absoluta a parteras, veterinarios, médicos rurales y agricultores. El Rastrojero: Orgullo e ingenio argentino (1952) En Argentina, la falta de divisas para importar vehículos llevó a la creación del Rastrojero. Fabricado por la estatal IAME utilizando motores de tractores sobrantes de Estados Unidos, este vehículo se convirtió en el símbolo del trabajo en la Pampa. Su dureza y fiabilidad generaron una demanda tan masiva que las listas de espera se contaban por años. El SEAT 600 y la picaresca española (1957) El 600 fue el motor de la libertad para España, pero la fábrica de la Zona Franca en Barcelona no podía seguir el ritmo del país. Para entrar en la lista de espera, que superaba los dos años, había que adelantar una fianza de 20.000 pesetas. Esto dio lugar a un fenómeno muy particular: el mercado secundario de "turnos". Quienes recibían la notificación de entrega y no podían o no querían el coche, vendían su derecho a compra a precios desorbitados. El Ford Mustang y la histeria americana (1964) En Estados Unidos, el lanzamiento del Mustang no generó una lista de espera convencional, sino una auténtica fiebre colectiva. Ford esperaba vender 100.000 unidades en un año; vendieron 22.000 el primer día. Los concesionarios vivieron escenas de caos absoluto, con clientes durmiendo dentro de los coches de exposición para evitar que otros se los llevaran. El Trabant 601: Una vida entera esperando (1964) En la República Democrática Alemana, la economía planificada llevó el concepto de espera al extremo del absurdo. El Trabant, con su carrocería de duroplast y motor de dos tiempos, tenía una lista de espera de entre 12 y 17 años. Esto creó una economía invertida: un Trabant usado costaba el doble que uno nuevo, simplemente porque el usado estaba disponible de inmediato. Crisis del petróleo y el Honda Civic (1973) Cuando la crisis del petróleo de 1973 golpeó a Occidente, los enormes motores V8 americanos se volvieron insostenibles. Honda apareció con el Civic, un coche que "gastaba como un mechero". La demanda fue tal que los concesionarios en EE.UU. introdujeron los "Market Adjustments": sobreprecios de hasta el 40% que los clientes pagaban sin rechistar con tal de no seguir arruinándose en las gasolineras. Mercedes-Benz W123: El taxi que no se devaluaba (1976) El antecesor del Clase E fue víctima de su propia excelencia. Su reputación de indestructible hizo que la lista de espera oficial en Alemania llegara a los tres años. Al igual que ocurrió con el Trabant, pero en un mercado libre, los ejemplares con un año de uso se vendían más caros que los nuevos en el concesionario. La lotería nacional del Nissan Figaro (1991) En el Japón de la burbuja económica, Nissan lanzó el Figaro, un pequeño descapotable de diseño retro. La previsión era de 8.000 unidades, pero recibieron 300.000 solicitudes. Ante la imposibilidad de gestionar una lista de espera de décadas, la marca optó por una solución salomónica: sortear el derecho a compra. Toyota Land Cruiser 300: El reto del siglo XXI (2021) Incluso hoy, con toda nuestra capacidad industrial, el deseo sigue superando a la oferta. El lanzamiento del Land Cruiser 300, sumado a la crisis de microchips, provocó esperas de cuatro años.
TOYOTA no es INFALIBLE
Seguramente pensarás que nos hemos vuelto locos. Toyota es la marca más fiable del mundo según la OCU, Consumer Reports y la mayoría de los aficionados. Y es cierto, es un imperio construido sobre la obsesión por la calidad, el "Kaizen" y el "Just in Time". Han enseñado a medio mundo a fabricar coches. Pero la perfección no es de este mundo. Precisamente porque los tenemos en un pedestal, sus caídas son mucho más estruendosas. Cuando Toyota o Lexus se equivocan, no lo hacen con una bombilla fundida: lo hacen con escándalos mediáticos globales y fallos de ingeniería que cuestan millones. En este vídeo hacemos un viaje arqueológico por los "Grandes Pecados" de Toyota que demuestran que hasta los dioses del Olimpo japonés tienen cadáveres en el armario: 1. La Junta de la Discordia (Supra Mk3): El error de "ingeniería de andar por casa" que condenó a los motores 7M-GTE. Un cambio de material en la junta sin actualizar el par de apriete en el manual provocó que miles de Supras quemaran la junta de culata antes de los 100.000 km. 2. Los Chasis de "Papel" (Tacoma y Tundra): Un ahorro de costes en el tratamiento anticorrosión por parte de un subcontratista provocó que las pick-ups más duras del mercado se partieran literalmente por la mitad en zonas de nieve y sal. Toyota tuvo que recomprar los vehículos por el 150% de su valor. 3. La Pesadilla del Lodo Negro (Oil Sludge): A finales de los 90, millones de motores V6 y 4 cilindros (Camry, Lexus RX) acababan gripados por una gelatina negra en el aceite. Un diseño de culata con "puntos calientes" cocinaba el lubricante, destruyendo la imagen de motor indestructible. 4. Lexus y el "Efecto Derretido": Ni la marca de lujo se libra. Paneles y salpicaderos que se volvían pegajosos y brillantes con el sol, derritiéndose al tacto debido a una mala formulación de polímeros. 5. La Caja de los Horrores (MMT): El intento fallido de automatizar el cambio manual en coches pequeños. Tirones, cabeceos y actuadores rotos que dejaban el coche en punto muerto en plena carretera. 6. El "Pedalgate" (2009-2011): El momento más oscuro. Casos de aceleración no intencionada que causaron pánico mundial y la llamada a revisión de 9 millones de coches. Alfombrillas, pedales pegajosos y una crisis reputacional sin precedentes. 7. El bZ4X y las ruedas voladoras (2022): Un fallo de primero de ingeniería en su primer eléctrico global: los pernos de las ruedas se aflojaban en marcha. Tuvieron que detener las ventas nada más lanzarlo. 8. El fallo moral (Daihatsu y GR86): Desde la manipulación de pruebas de seguridad en Daihatsu (filial de Toyota) hasta los problemas actuales con la silicona en el cárter del GR86 que tapona la bomba de aceite en uso deportivo. La conclusión es clara: Toyota sigue teniendo estándares de calidad brutales y, en general, es la mejor opción para ir al fin del mundo. Pero no compréis un coche solo por el logo de la parrilla. Informaos bien, comprad con cabeza y recordad que la infalibilidad no existe.
ORDEN de ENCENDIDO: La partitura invisible
Cuando hablamos de coches, solemos centrarnos en cifras que lucen bien en una ficha técnica: caballos de potencia, par motor, número de cilindros o milisegundos en el cambio de marchas. Sin embargo, existe un factor crítico que la mayoría de los aficionados e incluso muchos expertos pasan por alto, y es el responsable directo de que un motor sea refinado o rudo, de que suene como un trueno o como un violín: el orden de encendido. Un motor de combustión interna es, en esencia, una sucesión de explosiones violentas controladas. Para que un motor de cuatro tiempos complete su ciclo (admisión, compresión, explosión y escape), el cigüeñal debe dar dos vueltas completas, es decir, 720 grados de giro. El reto de los ingenieros es repartir las explosiones de todos los cilindros de la forma más equitativa posible dentro de esos 720 grados. Si las explosiones ocurrieran de forma desordenada o todas a la vez, las fuerzas resultantes serían tan destructivas que el motor se desintegraría o vibraría hasta aflojar cada tornillo del chasis. Por ello, el orden de encendido actúa como un director de orquesta. 4 Cilindros: El equilibrio del 1-3-4-2 En el motor más común del mundo, el de cuatro cilindros en línea, el estándar de oro es la secuencia 1-3-4-2. Podríamos pensar que lo lógico sería un orden secuencial (1-2-3-4), pero esto crearía un efecto de "caballito" longitudinal. Al explotar los cilindros uno tras otro desde un extremo del motor al otro, la vibración sería insoportable. Al utilizar el orden 1-3-4-2, los ingenieros logran saltar de un extremo al centro-derecha, luego al otro extremo y finalmente al centro-izquierda, cancelando las fuerzas de inercia y protegiendo el cigüeñal de la fatiga. El misticismo de los 5 cilindros El motor de 5 cilindros, famoso en marcas como Audi y Volvo, posee un orden de encendido (1-2-4-5-3) que es pura magia para los oídos. Al dividir los 720 grados entre cinco, hay una explosión cada 144 grados. Dado que el tiempo de expansión de un cilindro dura casi 180 grados, se produce un solapamiento: antes de que un cilindro deje de empujar, el siguiente ya ha encendido. V6: La búsqueda del ritmo perdido El motor V6 ha sido históricamente uno de los más complicados de diseñar. Para que sea perfecto, la "V" debería ser de 60 grados para permitir explosiones cada 120 grados exactos. Sin embargo, la historia nos ha dejado ejemplos de motores "cojos". Al mantener el ángulo de 90 grados del V8 original pero con solo seis pistones, el orden de encendido quedó descompensado, provocando explosiones en intervalos irregulares (90º... 150º...). El resultado fue un motor que vibraba y sonaba "roto". La batalla de los V8: Cross-plane vs. Flat-plane Aquí es donde el orden de encendido explica la diferencia entre un Muscle Car americano y un superdeportivo italiano. Cigüeñal en Cruz (Cross-plane): Es el diseño del V8 americano clásico (Corvette, Mustang) y de los grandes sedanes alemanes. Su orden de encendido (1-8-7-2-6-5-4-3) hace que, en ciertos momentos, dos cilindros del mismo banco exploten consecutivamente. Esto crea una interferencia de gases en el colector de escape; los pulsos chocan entre sí creando el famoso borboteo sincopado y grave. Es el sonido de la potencia bruta y la turbulencia. Cigüeñal Plano (Flat-plane): Es el diseño de Ferrari y de los motores de competición. Es, esencialmente, dos motores de 4 cilindros unidos. Su orden (1-8-3-6-4-5-2-7) siempre alterna entre el banco izquierdo y el derecho. Nunca se repite lado, por lo que los gases de escape fluyen sin interferencias. Esto genera una nota de escape limpia, aguda y permite que el motor suba de vueltas de forma frenética, alcanzando regímenes imposibles para un V8 convencional. V10 y V12: La aristocracia mecánica El V10 es un motor inherentemente inestable que requiere una gestión del orden de encendido muy precisa para controlar su enorme par motor. Aunque se asocia a veces con motores pesados, diseños como el del Viper (perfeccionado por Lamborghini) demostraron que su secuencia de encendido puede ofrecer un carácter salvaje. Finalmente, el V12 representa la perfección absoluta. Se puede ver como dos motores de 6 cilindros en línea unidos. Dado que el 6 en línea ya está equilibrado por naturaleza, el V12 es la suavidad total. En su secuencia de encendido, siempre hay tres cilindros empujando simultáneamente en diferentes fases. No hay golpes de potencia, sino un flujo continuo y eterno, similar al de una turbina de avión.
Coches de 3 RUEDAS: ¿GENIOS locos o ESTAFADORES?
Este es uno de esos temas que nos encantan en Garaje Hermético: los verdaderos "bichos raros". Coches que nacieron de la oportunidad, del ingenio, o que estuvieron envueltos en estafas y crímenes. Históricamente, el coche de tres ruedas no nace por superioridad dinámica, sino por dos razones muy humanas: la pobreza (no había dinero para la cuarta rueda) o la picaresca (engañar al gobierno para pagar impuestos de moto). Pero la física es cruel. Existen dos formas de diseñarlos: Configuración "Renacuajo" (2 delante, 1 detrás): La buena. Estable al frenar. Configuración "Delta" (1 delante, 2 detrás): La ruleta rusa. Al frenar en curva, el peso va al vacío y el coche tiende a "hacer la croqueta". En este vídeo analizamos los 10 coches de tres ruedas más importantes, extraños y polémicos de la historia: 1. El Aristócrata: Morgan 3-Wheeler (1909) El ingenio británico para evitar impuestos creó un deportivo ligero con motores V-Twin de moto. Tan rápido que ganaba a coches con el doble de potencia. Es el único de la lista que se compra por puro placer: conducir uno es como volar en un biplano a ras de suelo. 2. El Héroe: Mazda-Go (1931) Antes del MX-5, Mazda hizo esto. Un vehículo tosco que tiene el honor de ser el carguero que levantó Japón. Tras la bomba de Hiroshima, estos triciclos fueron clave para retirar escombros y reconstruir la ciudad. 3. La Estafa: Davis Divan (1947) Gary Davis prometió un coche futurista imposible de volcar. La realidad: suspensión de tabla, deudas impagadas y una condena por fraude. Solo se hicieron 13 unidades antes de que llegara el FBI. 4. El Aeronáutico: Messerschmitt KR200 (1955) Cuando prohibieron a Messerschmitt hacer aviones, hicieron esto. Pasajeros en tándem, cúpula de plexiglás y una curiosidad: no tenía marcha atrás. Para recular, debías apagar el motor y arrancarlo girando en sentido contrario. ¡Tenía 4 marchas hacia atrás! 5. El Récord: Peel P50 (1962) Desde la Isla de Man, el coche más pequeño de la historia. Una trampa de fibra de vidrio sin marcha atrás; para aparcar tenías que bajarte y tirar de un asa como si fuera una maleta. 6. El Naranja: Bond Bug (1970) El intento de Reliant de atraer a los jóvenes. Naranja "Tangerine", forma de cuña y sin puertas: se levantaba todo el techo. Un icono del diseño pop capaz de alcanzar los 126 km/h a ras de suelo. 7. La Mentira: Reliant Robin (1973) El famoso "Plastic Pig". Jeremy Clarkson lo hizo famoso volcando en cada curva, pero aquello estaba trucado (diferencial soldado y pesos de plomo). Es inestable, sí, pero fue el coche de la clase obrera británica que permitía conducir con carnet de moto. 8. El Crimen: The Dale (1974) La historia más bizarra. Liz Carmichael (una estafadora fugitivo del FBI) prometió un coche revolucionario de 3 ruedas y consumo ridículo. Recaudó millones, pero el coche no existía: el prototipo no tenía motor y lo movían empujando con los pies tipo "Los Picapiedra". 9. El Fracaso: Sinclair C5 (1985) Sir Clive Sinclair, genio de la informática, intentó revolucionar el transporte urbano con este triciclo eléctrico. Fue un desastre humillante por su baja altura y nula protección contra la lluvia, aunque hoy día se ve como un visionario de la micromovilidad. 10. La Tecnología: Carver One (2002) El intento holandés de arreglar la estabilidad con tecnología hidráulica (DVC). La cabina se inclinaba 45 grados como una moto mientras las ruedas traseras seguían planas. Una maravilla técnica que fracasó por su precio desorbitado. Los coches de tres ruedas son los "bastardos" de la ingeniería, pero en un mundo de coches autónomos y asistentes electrónicos, su imperfección mecánica y su exigencia al volante resultan extrañamente atractivas.
Coches TDI: Ascenso, gloria y caída de los “GTi DIÉSEL”
Durante más de dos décadas, tres letras dominaron las carreteras europeas y pusieron en jaque el concepto tradicional de deportividad: TDI. Lo que comenzó como una búsqueda de eficiencia para vehículos de trabajo terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural que cambió para siempre nuestra percepción del gasóleo. Es la historia de cómo el Grupo Volkswagen llevó el motor diésel de la monotonía de los taxis a la gloria de las 24 Horas de Le Mans, para terminar enfrentándose a su capítulo más oscuro con el Dieselgate. Para entender la revolución que supuso el TDI, debemos recordar qué significaba conducir un coche diésel antes de los años 90. En aquella época, comprar un diésel era una decisión puramente racional y económica. Eran motores atmosféricos, lentos, extremadamente ruidosos y con unas vibraciones que hacían que el habitáculo pareciera una hormigonera. Eran coches para taxistas, viajantes de comercio y conductores con una paciencia infinita. Volkswagen ya había dado un primer aviso en 1982 con el Golf GTD (MK1). Utilizando el chasis de un GTI y un motor 1.6 turbodiésel de 70 CV, demostraron que se podía ir "alegre" gastando poco. Sin embargo, todavía faltaba ese ingrediente secreto que transformara la eficiencia en emoción. El "Big Bang" tecnológico ocurrió en 1989. Aunque otros fabricantes como Fiat habían experimentado con la inyección directa, fue Audi quien perfeccionó la fórmula con el Audi 100 TDI (Turbo Direct Injection). A mediados de los 90, la tecnología evolucionó hacia lo que muchos entusiastas consideran la cumbre del carácter diésel: el sistema de Inyector-Bomba. En lugar de una bomba común, cada cilindro contaba con su propia unidad de presión accionada por el árbol de levas, alcanzando presiones de hasta 2.050 bares. Esta arquitectura técnica generaba una combustión violentísima. No era una entrega de potencia lineal como la de un motor de gasolina; era una "patada" de par motor a bajas revoluciones que lanzaba el coche hacia adelante con una fuerza inusitada. Esa entrega de potencia bruta, especialmente en modelos como el Golf MK4, enamoró a una generación que descubrió que podía tener prestaciones de deportivo con consumos de utilitario. El éxito de estos motores creó un lenguaje visual propio en los portones traseros de los vehículos. Las siglas TDI y el color de sus letras se convirtieron en un indicador de estatus prestacional: -TDI (Plata): El motor estándar de 90 o 100 CV. -TDI (I en rojo): El motor de 110 CV o el primer 115 CV. -TDI (DI en rojo): El equilibrio perfecto. -TDI (Todo en rojo): El "Santo Grial". El éxito de Volkswagen obligó al resto de la industria a reaccionar, dando lugar a una de las épocas más interesantes de la ingeniería automotriz, donde el diésel se aplicó a conceptos impensables: -Seat León FR y Cupra TDI. -Mercedes-Benz C30 CDI AMG. -Skoda Fabia RS. -BMW 123d. -Renault Mégane RS dCi. En un alarde de poderío técnico, el Grupo Volkswagen llevó el TDI a extremos casi absurdos. El Volkswagen Touareg V10 TDI y el Audi Q7 V12 TDI de 500 CV y 1.000 Nm de par, fueron las cumbres de esta era de exceso. Pero donde realmente el diésel dictó las reglas fue en los circuitos. Audi dominó las 24 Horas de Le Mans ganando 8 ediciones entre 2006 y 2014 con sus prototipos TDI. La clave no era solo la velocidad punta, sino un par motor descomunal para salir de las curvas y una eficiencia que les permitía pasar mucho menos tiempo en boxes que sus rivales de gasolina. El principio del fin llegó por dos frentes. Primero, el límite físico de la tecnología Inyector-Bomba. Aunque era brillante para generar potencia, su dureza de funcionamiento y el ruido impedían cumplir con las normativas Euro 5 y Euro 6. En 2008, el grupo tuvo que migrar al sistema Common Rail, más suave y refinado, pero que perdió esa "patada" característica que definía a los TDI clásicos. El golpe de gracia fue el escándalo del Dieselgate en 2015. El descubrimiento de un software diseñado para engañar en las pruebas de emisiones destruyó la imagen de "tecnología limpia" que el diésel había ostentado. De ser la solución ecológica por sus bajas emisiones de CO2, pasó a ser el villano por sus altas emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx). Pese a este final “infeliz”, aquellos TDI de "letras rojas" permanecen en la memoria como los últimos representantes de una era de ingeniería auda.
Deportivos Sudamericanos: Espectaculares… y desconocidos
A menudo pensamos que la pasión por el automóvil deportivo es patrimonio exclusivo de Europa, Japón o Estados Unidos. Pero al otro lado del Atlántico, aislados por fronteras cerradas y leyes proteccionistas, ingenieros locos y soñadores crearon máquinas fascinantes. Para entender estos coches, hay que entender el contexto: entre los años 60 y 80, tanto Brasil como Argentina vivieron la era de la "sustitución de importaciones". No podías comprar un Ferrari o un Porsche. Si querías un deportivo, tenías que fabricarlo con lo que había: motores de utilitarios, chasis generalistas y mucha fibra de vidrio. Lejos de ser un impedimento, esto desató una creatividad asombrosa. En este vídeo rendimos homenaje a 10 de estos "héroes" del motor sudamericano: 1. Andino GT (Argentina): Una auténtica rareza artesanal creada por Luis Varela. Un deportivo de motor central-trasero (Renault) ultraligero que demostró el triunfo del "hazlo tú mismo". 2. Bianco S (Brasil): Un coche que, si lo ves hoy, parece un prototipo de Le Mans de los 70. Diseñado por Toni Bianco sobre la plataforma del VW Brasilia, priorizaba el espectáculo visual y la posición de conducción de monoplaza sobre la potencia bruta. 3. Hofstetter Turbo (Brasil): El superdeportivo brasileño de los 80. Una cuña radical inspirada en el Countach, con puertas de ala de gaviota y un motor VW AP con turbo que rozaba los 200 km/h. 4. IKA Torino (Argentina): Palabras mayores. El orgullo nacional argentino. Un coche basado en un Rambler americano, rediseñado por Pininfarina y con un motor Tornado afinado por Oreste Berta. Su hazaña en las 84 Horas de Nürburgring de 1969 es historia del automovilismo mundial. 5. Justicialista Gran Sport (Argentina): Historia política sobre ruedas. Iniciativa del gobierno de Perón, fue uno de los primeros coches del mundo en usar carrocería de fibra de vidrio y montaba un motor Porsche. 6. Miura Sport (Brasil): La definición de "lujo tecnológico". Un coche con faros escamoteables y diseño afilado que se hizo famoso en los 80 por tener un sintetizador de voz que te hablaba para avisarte de fallos o puertas abiertas. 7. Puma GT (Brasil): El rey indiscutible de Brasil y un éxito de exportación. Nacido de la mano de Rino Malzoni, usaba mecánica Volkswagen refrigerada por aire. Bonito, fiable y ligero, se convirtió en un objeto de deseo internacional. 8. Santa Matilde (Brasil): El Gran Turismo de lujo. Fabricado por una empresa de trenes, usaba el potente motor de 6 cilindros del Chevrolet Opala. Era caro, refinado y confortable, con un aislamiento acústico superior. 9. Volkswagen SP2 (Brasil): Diseñado y producido exclusivamente por VW do Brasil. Uno de los coches más bellos de la marca, con una línea "shooting brake" magistral, aunque su motor de 1700cc le valió el apodo de "Sem Potência". 10. Willys Interlagos (Brasil): La versión brasileña del Alpine A108. Fue el primer deportivo fabricado en serie en el país y la escuela donde se curtieron leyendas como Emerson Fittipaldi o Carlos Pace. Estos diez coches demuestran que la escasez agudiza el ingenio y que la pasión por el motor no entiende de fronteras.
Checker, el “genuino” taxi americano
Siempre nos ha llamado la atención el icónico taxi amarillo de Nueva York, el coprotagonista de tantas películas. Pero esta imagen oculta una historia fascinante de violencia, sastres rusos, mafia y experimentos mecánicos locos. Con este vídeo inauguramos en Garaje Hermético la serie “Marcas desconocidas con historias sorprendentes”. Y empezamos fuerte con Checker Motors Corporation. De la aguja a las bombas de Chicago El origen de la marca no está en los despachos de Detroit, sino en la Rusia zarista. Morris Markin, un sastre que llegó a Chicago con menos de dos dólares en el bolsillo, acabó fortuitamente como dueño de una fábrica de carrocerías. Pero el Chicago de los años 20 era territorio de Al Capone, y el negocio del taxi era un campo de batalla. Checker nació en una guerra abierta contra su rival, Yellow Cab (propiedad de John Hertz). La competencia no era por precios, era a golpes: hubo tiroteos entre chóferes, se incendiaron flotas enteras y el punto culminante llegó en 1923, cuando la propia casa de Morris Markin fue bombardeada con dinamita. Checker tuvo que huir a Kalamazoo, Michigan, para sobrevivir y blindar su leyenda. Ingeniería de la supervivencia Ya a salvo, Markin impuso una filosofía contraria a la "obsolescencia programada" de los grandes fabricantes americanos. El Checker debía ser una herramienta eterna. Crearon coches con características sagradas: suelo plano, techos altos (para que un caballero entrara con sombrero de copa) y un chasis de escalera con refuerzos en X masivo, pesado pero indestructible. El diseño definitivo, con su famosa parrilla, llegó en 1956 y apenas cambiaría durante los siguientes 26 años. Los Monstruos de Kalamazoo y el corazón ajeno En su búsqueda de nichos de mercado, Checker perdió la cabeza maravillosamente en los años 60. Crearon el Checker Aerobus, una aberración mecánica de casi 7 metros de largo y hasta 9 puertas para llevar gente a los aeropuertos, que necesitaba motores V8 industriales y ruedas de camión. Hay que destacar que Checker nunca fabricó sus propios propulsores; fueron maestros del "trasplante". Usaron motores Continental, coquetearon con Chrysler y finalmente firmaron un acuerdo con General Motors, montando los legendarios motores Chevrolet, lo que hoy es una bendición para los coleccionistas por la facilidad de recambios. El fantasma de VW y el final Los años 70 fueron críticos. La empresa intentó modernizarse con prototipos italianos de Ghia que no pudieron pagar, pero la historia más increíble fue el "Plan Volkswagen". En 1977, Ed Cole (expresidente de GM) compró parte de Checker con un plan revolucionario: comprar Volkswagen Rabbits (Golf mk1), cortarlos, ensancharlos y montarlos sobre chasis Checker. Tenían los prototipos listos, pero Cole murió en un accidente de avioneta y el proyecto se estrelló con él. Finalmente, la crisis del petróleo, los desastrosos motores diésel de GM que intentaron usar y las nuevas normas de seguridad (que paradójicamente hacían peligroso su chasis demasiado rígido) acabaron con el coche. El último Checker salió de la línea de montaje el 12 de julio de 1982. La empresa, curiosamente, sobrevivió hasta 2009 fabricando piezas para sus antiguos rivales de Detroit. Checker fue una anomalía maravillosa. Una apuesta por la honestidad mecánica por encima de la moda que patrulló las calles de América durante décadas.
Máximo ¡Director de la DGT!
Escucha esta noticia: “Máximo Sant ha sido nombrado nuevo Director General de Tráfico con plenos poderes”. Evidentemente, es ficción. Ni tengo el perfil, ni los amigos políticos, ni el interés. Pero este vídeo no es una simple broma; es una declaración de intenciones. Siempre he sido crítico con la gestión actual, que parece ver al conductor y al automóvil como enemigos a batir. Un modelo basado en el "No": no entres a la ciudad, no uses el coche, no pongas el triángulo porque "allá tú". Mi propuesta es radicalmente opuesta: considerar al conductor como un adulto responsable y un aliado. Por eso, en rigurosa exclusiva, os presento mis ideas para una DGT que eduque en lugar de solo castigar: A1. El Carnet "de verdad", el “Modelo Nórdico”: El carnet actual certifica obediencia burocrática, no pericia. Para aprobar debería ser obligatorio pasar por pista deslizante y controlar el subviraje, el sobreviraje y la frenada de emergencia con esquiva. Hay que sentir la física antes de salir a la carretera. 2. Formación continua incentivada: Nadie conduce igual a los 18 que a los 60. ¿Qué os parece un "Plan Nacional de Reciclaje" voluntario? Si haces cursos de conducción segura en escuelas certificadas (RACE, RACC, etc.), obtienes descuentos obligatorios en el seguro y bonificaciones en el Impuesto de Circulación. 3. Límite a 140 km/h (Variable): El límite de 120 km/h es de 1974. Hoy, en autopistas de peaje con buen clima y poco tráfico, ir a 140 mejora la fluidez y reduce el aburrimiento (y el uso del móvil). Eso sí, con paneles variables: si llueve, el límite baja drásticamente. 4. Radares: De la recaudación a la prevención: Adiós a los radares camuflados en rectas. Los cinemómetros deben estar solo en Puntos Negros y señalizados con luces gigantes. El objetivo es que frenes y no te mates, no que pagues una multa dos semanas después. 5. Dinero "Finalista": Se acabó la "caja única". El 100x100 de lo recaudado en multas debe ir, por ley, al mantenimiento de carreteras y a sustituir los guardarraíles "guillotina" por sistemas SPM para motoristas. Si pagas, que sea para arreglar el bache de tu calle. 6. Auditoría de Señalización ("Señalitis"): Sufrimos exceso de información. Hay que eliminar el 30 por ciento de las señales verticales (olvidadas de obras, límites absurdos) para que cuando veas una señal de peligro, sepas que es verdad y la respetes. 7. ITV Lógica o el “Modelo Alemán”: Basta de tratar como delincuente al que mejora su coche. Si montas frenos más grandes, suspensiones de calidad o latiguillos metálicos, la administración debería aplaudirte y facilitarte el trámite, no poner trabas burocráticas. 8. Educación Vial en las Aulas: No una charla al año, sino una asignatura troncal basada en la ciencia. Enseñar Física del Automóvil (energía cinética, inercia, distancias de frenado) en Secundaria para que los jóvenes respeten las leyes de la física, que no se pueden recurrir. 9. Tolerancia 0 con Distracción y Alcohol: El palo para quien se lo merece. Manipular el móvil en marcha es jugar a la ruleta rusa. Endurecimiento drástico de sanciones y retirada directa para reincidentes en móvil, alcohol y drogas. 10. Los Débiles: Empatía Técnica: Enseñar al conductor de coche que el motorista, el ciclista y el usuario de patinete son vulnerables físicamente. Entender que una línea blanca mojada es hielo para una moto o que el rebufo de un SUV desestabiliza a una bici. 11. Bonus Track: Protección del Patrimonio (Licencia H): El coche clásico es cultura, no contaminación. Facilitar la conservación del patrimonio industrial histórico como hacen en Alemania o Francia, en lugar de perseguirlo con etiquetas medioambientales. Estoy convencido de que la represión tiene un límite, pero la educación no. Necesitamos recuperar el orgullo de conducir bien.
Los Lada rotativos de la KGB: La historia del Proyecto "Arkan"
¿Te imaginas un Lada, ese coche anticuado, cuadradote y humilde que todos asociamos con la austeridad soviética, adelantando a un BMW o un Mercedes a casi 200 kilómetros por hora en las calles de Moscú? No es el inicio de una novela de ciencia ficción, ni una exageración. Existió de verdad. Hoy vamos a viajar en el tiempo y en el espacio. Cruzamos el llamado “Telón de Acero” para aterrizar en esa época terrible, pero fascinante, de la Guerra Fría, donde nada era lo que parecía. Vamos a destapar uno de los secretos mejor guardados de la antigua URSS: los "Ladas rotativos" de la KGB. Auténticos lobos con piel de cordero diseñados con un único propósito: cazar espías. El contexto: Un vacío en el parque móvil soviético Cuando pensamos en los coches de la Unión Soviética, la imagen se divide en dos extremos. Por un lado, las inmensas limusinas blindadas de los líderes del Partido, los ZIL y los Chaika, dinosaurios de acero reservados para la élite política. Por otro lado, los coches del pueblo: el Zhiguli (nuestro querido Lada), el Moskvitch o el Trabant; vehículos duros, sencillos y fáciles de reparar, pero desesperadamente lentos. Pero existía un problema operativo grave. ¿Qué coche podía usar el KGB para perseguir a un diplomático estadounidense que huía en un potente coche occidental? ¿Cómo podía la Militsiya interceptar a criminales en vehículos de contrabando mucho más rápidos? No podían usar limusinas oficiales porque llamaban la atención, ni los Lada estándar porque no les alcanzaban. La respuesta a este dilema fue clasificada como secreto de estado y tenía nombre de ingeniería alemana: el motor rotativo Wankel. El nacimiento del Proyecto "Arkan" y el SKB RPD Corría el año 1974. Mientras en Occidente marcas como NSU o Citroën abandonaban el motor rotativo por sus problemas de fiabilidad y alto consumo, en la ciudad de Tolyatti, a orillas del Volga, la URSS decidió ir a contracorriente. Se creó una división ultra secreta dentro de la fábrica de AvtoVAZ llamada SKB RPD ("Oficina Especial de Diseño de Motores de Pistón Rotativo"). Al frente pusieron a Boris Pospelov con una misión clara: crear un motor que cupiera en el vano de un Lada estándar, pero que triplicara su potencia. No buscaban eficiencia, suavidad ni ecología. Buscaban potencia bruta para crear lo que en inteligencia se llama un "Q Car" o "Sleeper": un coche invisible por fuera, pero una bestia por dentro. Sin licencias oficiales, recurrieron a la "ingeniería inversa", desmontando motores Mazda y NSU para copiar y adaptar la tecnología. La evolución de los Lada de la KGB. La historia de estos vehículos pasó por varias fases de ensayo y error hasta convertirse en leyenda: VAZ-21018 (1978): El falso comienzo. El primer intento se basó en el legendario "Kopeyka" (el Fiat 124 ruso). Instalaron un motor de un solo rotor (VAZ-311) de 70 CV. Se fabricaron 50 unidades y fue un desastre absoluto. Los sellos de los vértices (apex seals) se desgastaban en días. De esas 50 unidades, 49 rompieron el motor en menos de un mes y tuvieron que ser reequipadas con motores convencionales. VAZ-21019 "Arkan" (1982): El coche de los espías. Aprendiendo del fracaso, dieron el salto al doble rotor con el motor VAZ-411. Este es el verdadero mito. Por fuera era idéntico a cualquier Lada beige o azul pálido, con sus llantas de acero y parachoques cromados. Pero bajo el capó escondía entre 120 y 130 CV. Estamos hablando de la potencia de un Porsche 924 o un Golf GTI de la época, pero en un chasis de los años 60 con frenos de tambor y dirección de piedra. Alcanzaba los 180 km/h y hacía el 0-100 en 9 segundos. Para mantener el secreto, los ingenieros incluso diseñaron escapes restrictivos que "ahogaban" el sonido de turbina típico del rotativo para que, al ralentí, sonara como un viejo motor de pistones. VAZ-21059 y 21079: La era cuadrada. Con la llegada de los Lada "Riva" o "Nova" a mediados de los 80, el KGB actualizó la flota. El motor evolucionó al VAZ-413, rozando los 140 CV. Estos coches, usados también por la policía de tráfico (GAI), tenían una peculiaridad: llevaban dos depósitos de combustible. El consumo era tan disparatado (20-25 litros a los 100 km en persecución) que necesitaban esa reserva extra. Además, eran motores "Kleenex": su vida útil era de apenas 40.000 km. No se reparaban; se tiraban y se ponía uno nuevo. VAZ-2108-91 Samara: El misil final. Ya a finales de la era soviética y con la ayuda de Porsche en el diseño del chasis, nació el Samara rotativo. Con el motor VAZ-415 (más refinado y ligero), este tracción delantera aceleraba de 0 a 100 en 8 segundos y superaba los 200 km/h, humillando a la mayoría de deportivos europeos de su clase. Curiosidades técnicas de una ingeniería extrema: -Arranque ártico. -Lubricación suicida. -Experimentos locos.
Cuando unirse en vez de sumar… ¡resta! Historias de las marcas de coches
Dicen que dos cabezas piensan mejor que una, pero en la industria del automóvil, a veces dos cabezas solo sirven para darse cabezazos. Existen frases muy manidas como “la unión hace la fuerza”, pero la historia nos demuestra que, en ocasiones, ocurre justo lo contrario: la unión no suma, resta. Hoy analizamos 10 ejemplos de colaboraciones fallidas, "Frankensteins" mecánicos y millones de euros tirados a la basura en proyectos que nunca debieron existir. 1. Cisitalia-Porsche Type 360 (1947): La genialidad maldita Esta historia comienza en una cárcel francesa, donde Ferdinand Porsche y Anton Piëch estaban presos tras la guerra. Piero Dusio, fundador de Cisitalia, pagó una fortuna por un diseño de Porsche para financiar su fianza. El resultado fue el Type 360, una locura técnica adelantada 20 años a su tiempo: motor central de 12 cilindros, doble compresor y tracción total conectable. 2. Maserati Quattroporte II (1974): La limusina lenta Bajo el paraguas de Citroën, Maserati intentó crear una berlina de lujo. El error fue partir del chasis del Citroën SM y usar su motor V6 de tracción delantera. El resultado fue una herejía: un Maserati de tracción delantera con menos de 200 CV para mover dos toneladas. Era lento y complicadísimo de reparar. Tras la quiebra de Citroën, Peugeot mandó destruir casi todas las unidades. Solo sobrevivieron 13. 3. Saab-Lancia 600 (1980): El vikingo friolero Saab necesitaba un coche nuevo y Lancia tenía el Delta. Decidieron vender el Delta en Suecia con el logo de Saab, prometiendo "temperamento latino y calidad sueca". Fue un desastre. El acero italiano de la época se oxidaba con la sal de las carreteras suecas y la calefacción no estaba pensada para el clima ártico. Además, la electrónica italiana enloquecía con la humedad escandinava. Casi arruina la reputación de Saab. 4. Alfa Romeo Arna (1983): El mundo al revés La lógica dictaba unir la fiabilidad japonesa con el diseño italiano. Pero hicieron lo contrario: usaron la carrocería del soso Nissan Cherry y le metieron la mecánica y electrónica caprichosa del Alfasud. Para colmo, las carrocerías se fabricaban en Japón y se enviaban a Nápoles para ser ensambladas por mano de obra sin experiencia. El coche era feo y se rompía constantemente. 5. Cadillac Allanté (1987): El puente aéreo más caro GM quería un rival para el Mercedes SL y contrató a Pininfarina. El problema fue logístico: Pininfarina fabricaba las carrocerías en Turín y las enviaban a Detroit en aviones Boeing 747 modificados (56 carrocerías por vuelo). Esta locura, conocida como el "Puente Aéreo Allanté", encareció el coche hasta los 54.000 dólares. Aunque no era mal coche, el Mercedes llegaba en barco, era mejor y más barato. 6. Chrysler TC by Maserati (1989): Un pacto de amigos Lee Iacocca y Alejandro de Tomaso decidieron colaborar. Usaron la plataforma del humilde Dodge Daytona, enviaron las piezas a Milán y Maserati las ensambló con cuero caro. El resultado costaba 33.000 dólares pero parecía un Chrysler LeBaron de 12.000. Fue un fracaso económico monumental que costó a Chrysler más de 600 millones de dólares. 7. Honda Crossroad (1993): Cuando Honda pierde aceite En plena fiebre SUV, Honda no tenía un todoterreno. Su solución fue traer el Land Rover Discovery, ponerle la "H" de Honda y llamarlo Crossroad. No cambiaron nada más. El choque cultural fue brutal: los clientes japoneses, acostumbrados a la fiabilidad absoluta, se encontraron con un coche inglés que dejaba manchas de aceite y tenía fallos eléctricos. Honda tuvo que recomprarlos y pedir perdón. 8. Cadillac Catera (1997): El pato que hacía Zig Cadillac intentó rejuvenecer su imagen importando el Opel Omega alemán a EE. UU. El coche no estaba mal, pero el marketing fue atroz. Usaron el eslogan "The Caddy that Zigs" y una mascota: un pato de dibujos animados. Nadie entendió qué hacía un Opel con un pato en un concesionario de lujo. Además, sufría problemas de fiabilidad y sobrepeso. 9. Aston Martin Cygnet (2011): La trampa legal Para cumplir con las normativas de emisiones europeas, Aston Martin cogió el pequeño Toyota iQ, le puso una parrilla propia, forró el interior de cuero y lo vendió por casi 40.000 euros (el triple que el Toyota). Mecánicamente era idéntico (98 CV). Fue una maniobra cínica para bajar la media de emisiones de la marca, aunque hoy son piezas de colección por su rareza. 10. Mercedes-Benz Clase X (2017): La estrella estrellada Mercedes quiso entrar en el mercado de las Pick-up usando la base de la Nissan Navara. Le cambiaron el frontal y el interior, pero la gente se dio cuenta de que era una Nissan con sobreprecio. Nadie quiso pagar el "impuesto de la estrella" por una herramienta de trabajo japonesa disfrazada. La producción se canceló apenas dos años después de su lanzamiento.
Persecución al conductor: ¿Culpable o víctima?
Hoy voy a meterme en un charco, y de los grandes. Llevo mucho tiempo dándole vueltas a una idea que me inquieta: la narrativa oficial que se ha instalado en nuestra sociedad, donde la palabra "conductor" parece ir asociada irremediablemente a "imprudente", "loco" o "asesino". Se ha creado un relato en el que, quien se pone al volante, es sospechoso por defecto. En este podcast analizamos si la ley nos mide a todos con la misma vara y ponemos sobre la mesa verdades incómodas sobre la DGT, el Código Penal y la realidad de nuestras carreteras. La Paradoja del Alcohol Analizamos una situación que merece reflexionar sobre ella. Según el Código Penal, en un delito de violencia física (como una pelea), el alcohol puede actuar como atenuante, rebajando la pena al considerar que el sujeto no era dueño de sus actos. Sin embargo, en el ámbito de la seguridad vial, el alcohol jamás atenúa; siempre condena y agrava. ¿Existe una doble moral legal donde estar borracho en una pelea da "pena" y en un coche te convierte automáticamente en criminal, incluso sin intención de dañar? Ojo: tolerancia cero con el alcohol al volante, pero la reflexión creo que es necesaria. Cárcel y "Violencia Vial". España es uno de los países más duros de Europa en términos penales de tráfico. Se ha puesto de moda el término "Violencia Vial", equiparando errores de conducción con agresiones directas. Los datos son escalofriantes: los delitos contra la seguridad vial representan ya el 22,6% de todas las condenas en España. Hay miles de conductores en prisión, muchos sin antecedentes previos, por delitos donde no ha habido víctimas, solo infracciones de normas. ¿Rehabilita la cárcel a un conductor que iba rápido en una autopista vacía? El Mapa de la Velocidad: España vs. El Mundo Hacemos un repaso internacional para demostrar que vivimos en una burbuja de represión automovilística: -Alemania: Donde la velocidad en tramos de Autobahn es legal y se apela a la responsabilidad individual. -Finlandia: Donde las multas van ligadas a la renta (castigo administrativo, no penal). -Montana (EE. UU.): El experimento histórico donde se eliminaron los límites numéricos y los accidentes no aumentaron. Cronología del Miedo Repasamos cómo hemos llegado hasta aquí. Desde el primer Código de 1934 hasta la actualidad, pasando por el año clave: 1974. Los límites de velocidad genéricos que tenemos hoy (120 km/h) se establecieron hace más de 50 años por la crisis del petróleo, para coches como el SEAT 124. Hoy conducimos máquinas cargadas de seguridad activa y pasiva, pero con los mismos límites anacrónicos. ¿Seguridad o negocio? También hablamos de la tecnología de persecución: desde el carné por puntos hasta los helicópteros Pegasus, drones y radares invisibles que han convertido la conducción en una carrera de obstáculos legal. Conclusión No defiendo la anarquía. Las normas son vitales y el que bebe o hace el salvaje en zona escolar merece castigo. Pero creo firmemente que los conductores no deben ser tratados como delincuentes violentos mediante leyes desproporcionadas, mientras la administración descuida el mantenimiento de las carreteras y utiliza los radares como herramientas de recaudación masiva. Es hora de exigir menos persecución, más formación vial seria y un mantenimiento digno de las vías.