Siempre al volante. Siempre intentando disfrutar de cada coche que he probado. Llevo muchos años trabajando en la prensa del motor y sigo disfrutando como el primer día, sin perder la ilusión. Escucha mi podcast y lo verás... o lo oirás.
El CX Trirotor y los increíbles WANKEL de CITROËN
April 23, 2026
20:17
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Hubo una época en la que Citroën no era solo un fabricante de coches, sino un laboratorio de ingeniería que decidió apostar todo su futuro a una sola carta: el motor rotativo Wankel. Esta es la historia de una ambición técnica que incluyó fábricas gigantescas, prototipos secretos y una orden final de "genocidio mecánico" para borrar su rastro de la historia.
La apuesta total por el motor sin pistones. A mediados de los años 60, Citroën dominaba en confort y aerodinámica, pero sus motores se quedaban atrás. El motor rotativo de Félix Wankel parecía la solución definitiva: sin vibraciones, de tamaño reducido y con una entrega de potencia lineal. Los ingenieros soñaban con la "alfombra mágica" perfecta, combinando este motor con la suspensión hidroneumática. La apuesta fue tan firme que en 1964 crearon junto a la alemana NSU la empresa Comotor, construyendo una planta masiva preparada para fabricar 500 motores rotativos diarios.
El experimento del M35 y los clientes "cobaya". Antes de la producción en serie, Citroën lanzó el M35, un coupé basado en el Ami 8 pero con motor rotativo de un solo rotor. En un movimiento inaudito, no se vendió en concesionarios normales, sino a clientes seleccionados que hacían muchos kilómetros al año con la condición de reportar cada fallo. Aquellos conductores descubrieron la increíble suavidad del Wankel, pero también sus debilidades: un consumo de aceite altísimo, dificultades para arrancar en caliente y un desgaste prematuro de los sellos del rotor.
El GS Birotor: El coche perfecto en el momento equivocado. En 1973 nació el GS Birotor (GZ). Era una berlina de lujo camuflada, con 107 CV y una velocidad punta de 175 km/h, cifras de deportivo para la época. Sin embargo, apenas semanas después de su lanzamiento, estalló la Crisis del Petróleo. Un coche que consumía entre 15 y 20 litros de gasolina se convirtió en un anacronismo instantáneo. Solo se vendieron 847 unidades.
El proyecto fantasma: El CX Tri-rotor. Mientras el GS intentaba sobrevivir, en los sótanos de la marca se gestaba el CX Tri-rotor. Equipado con el motor Comotor 624 de tres rotores y 160 CV, este coche prometía superar los 200 km/h con un refinamiento absoluto. Se fabricaron al menos dos prototipos funcionales, pero cuando Peugeot tomó el control de la marca en 1974 tras su bancarrota, canceló el proyecto de inmediato por ser económicamente inviable.
La traición: "Busca, recompra y destruye". Lo que siguió fue uno de los capítulos más oscuros de la automoción. Peugeot, decidida a no mantener una tecnología que consideraba un error, ordenó la recompra de todos los GS Birotor en manos de clientes. Les ofrecieron el valor del coche nuevo a cambio de devolverlo y comprar un CX convencional.
La mayoría aceptó, desconociendo que Citroën llevaba los coches a sus centros técnicos para cortarlos por la mitad con soplete y prensarlos ante notario. Querían eliminar cualquier obligación legal de suministrar recambios o garantías. Solo unas pocas unidades sobrevivieron gracias a empleados y coleccionistas que escondieron los coches, convirtiéndolos hoy en auténticos "unicornios" del automovilismo.
¿Por qué fracasó el motor rotativo de Citroën? Más allá de la crisis energética, el Wankel se enfrentó a una física cruel. El roce constante de los sellos de los vértices del rotor contra las paredes del estátor generaba un desgaste conocido como "marcas de ferrocarril". En aquella época, los materiales y lubricantes no eran capaces de soportar el calor y la fricción sin perder compresión rápidamente. Aunque Citroën intentó usar recubrimientos de Nikasil, el coste era prohibitivo.
La historia de los Citroën Wankel es el recordatorio de una era donde los ingenieros mandaban más que los contables, persiguiendo un sueño de perfección mecánica que casi acaba con la propia marca.