Siempre al volante. Siempre intentando disfrutar de cada coche que he probado. Llevo muchos años trabajando en la prensa del motor y sigo disfrutando como el primer día, sin perder la ilusión. Escucha mi podcast y lo verás... o lo oirás.

Seguridad fallida, o cuando el remedio es peor que la enfermedad

July 16, 2026 15:42 2.85 MB ( 12.22 MB less) Downloads: 0
El camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones, y en la historia del automóvil, el camino hacia la seguridad también está lleno de diseños que sobre el papel parecían brillantes pero que en el mundo real resultaron ser un auténtico desastre. A veces, la ingeniería, tratando de salvarnos, se pasó de frenada. Hoy repasamos esos inventos que pretendían protegernos pero que terminaron siendo un peligro letal. El cinturón de seguridad automático: A finales de los setenta y durante los ochenta, ante la resistencia de los conductores estadounidenses a abrocharse el cinturón, las autoridades obligaron a instalar sistemas de retención pasivos. Marcas como Volkswagen, Toyota o General Motors introdujeron un cinturón que recorría un raíl por el marco de la puerta y te "abrazaba" automáticamente al cerrarla. Sin embargo, el gran fallo fue que solo se automatizó la banda diagonal. Al olvidarse la gente de abrochar manualmente la correa abdominal, el cuerpo se deslizaba por debajo en caso de impacto (el efecto submarino) y la tira del pecho se convertía en una soga que provocaba gravísimas lesiones en el cuello y la tráquea. La columna de dirección rígida: Hasta bien entrados los años sesenta, la columna de dirección era una barra de acero maciza que conectaba directamente el volante con la caja de dirección, situada muy cerca del paragolpes delantero. En un choque frontal, la caja era empujada hacia atrás y la barra de metal no tenía hacia dónde ir salvo hacia el habitáculo. El volante se transformaba literalmente en una lanza que empalaba el pecho del conductor antes de que este pudiera siquiera golpearse contra el salpicadero. Este peligro desapareció con las columnas colapsables que se deforman como un fuelle. El airbag de primera generación: Cuando comenzaron a generalizarse a principios de los noventa, los airbags eran sistemas muy poco refinados. Se diseñaron pensando en un hombre adulto de 80 kilos que no llevaba puesto el cinturón de seguridad. La carga explosiva era tan brutal y violenta que, en personas de baja estatura, niños o ancianos, el despliegue causaba fracturas de cráneo, ceguera y muertes por impacto directo. Hoy en día, los airbags son inteligentes y saltan con diferentes etapas de potencia según el peso y la posición. Cristal de parabrisas templado: Antiguamente, los parabrisas utilizaban vidrio templado, igual que las ventanillas laterales actuales. Al recibir el impacto de una piedra, el cristal estallaba en miles de trozos pequeños. Aunque se consideraba seguro porque no cortaba como cuchillos largos, provocaba una "lluvia de diamantes" de cristal que salía proyectada hacia los ojos de los ocupantes y volvía el parabrisas opaco al instante, dejando al conductor completamente ciego a gran velocidad. El problema se resolvió con el cristal laminado actual. El coche de acero indestructible: Durante décadas existió la falsa filosofía de diseño de que cuanto más duro fuera un coche, más seguro era. Modelos que presumían de ser tan rígidos que apenas sufrían daños en un accidente obviaban por completo las leyes de la física. Al no absorber el coche el impacto deformándose, toda la fuerza pasaba de golpe a los ocupantes, provocando muertes por rotura de aorta o lesiones cerebrales internas en vehículos que apenas tenían un rasguño en el paragolpes. Frenos de tambor: Estándar durante mucho tiempo incluso en vehículos pesados y potentes, sufrían enormemente con el calor. En bajadas prolongadas o tras frenadas consecutivas, el tambor se calentaba tanto que se expandía y se alejaba de las zapatas, dando lugar al peligroso fenómeno del "fading". El conductor pisaba el pedal a fondo y el coche simplemente no se detenía. Neumáticos con cámara: Un pinchazo en este tipo de neumáticos antiguos significaba que el aire se escapaba de golpe por el hueco de la válvula, provocando un reventón explosivo y una pérdida de control inmediata a altas velocidades, a diferencia de los neumáticos sin cámara actuales que pierden presión de forma gradual. En conclusión, aprender de estos fallos catastróficos ha sido vital para el desarrollo de la tecnología moderna. Hoy disfrutamos de vehículos seguros porque la ingeniería primero tuvo que comprender, a base de duros errores, por qué se ponían en riesgo las vidas en la carretera.