Siempre al volante. Siempre intentando disfrutar de cada coche que he probado. Llevo muchos años trabajando en la prensa del motor y sigo disfrutando como el primer día, sin perder la ilusión. Escucha mi podcast y lo verás... o lo oirás.
AC Cobra: ¿El PRIMER “HÍBRIDO” de la historia?
August 13, 2026
21:29
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Para tranquilidad de los más puristas, no vamos a hablar de silenciosos coches eléctricos ni de eficientes y pesadas baterías. Quizás el AC Cobra sea el mejor "híbrido" que jamás haya visto la industria del automóvil. Fue una de las ideas más magistrales, salvajes y revolucionarias de todos los tiempos.
Este mítico vehículo es el resultado de la brillante visión de Carroll Shelby, quien decidió cruzar la agilidad y ligereza extrema de un delicado chasis británico con la fuerza bruta y el empuje de un motor V8 norteamericano, reuniendo lo mejor de dos mundos diametralmente opuestos en un solo coche de ensueño.
El cerebro detrás de este imponente deportivo pertenecía a uno de los hombres más astutos, irreverentes y testarudos de la historia del automovilismo: Carroll Hall Shelby. Nacido en 1923 en Leesburg, una pequeña y polvorienta localidad del estado de Texas, Shelby estaba muy lejos del clásico estereotipo de ingeniero de guante blanco o de aristócrata europeo que competía apoyado en una gran fortuna.
Era un humilde criador de pollos que se arruinó de la noche a la mañana cuando una feroz epidemia de la enfermedad de Newcastle aniquiló todas sus aves. Esa asfixiante ruina económica, combinada con su enorme pasión por la velocidad, lo empujó a las carreras bastante tarde.
Su leyenda se forjó cuando, al llegar con retraso a su primera competición, tuvo que correr al volante con su sucio peto a rayas típico de granjero tejano. Ganó con una superioridad tan insultante que convirtió ese peculiar mono de trabajo en su seña de identidad inconfundible.
Su carrera como piloto alcanzó el máximo nivel de gloria en 1959. A los mandos de un Aston Martin DBR1 oficial y haciendo equipo con Roy Salvadori, Shelby logró la victoria absoluta en las durísimas 24 Horas de Le Mans.
Lo que casi nadie del público sabía era que corrió aquella prueba de resistencia francesa sufriendo una severa angina de pecho, obligándose a llevar fuertes pastillas de nitroglicerina bajo la lengua para evitar sufrir un infarto mortal a más de 250 kilómetros por hora.
Shelby era consciente de que los coches americanos poseían motores V8 fiables y con un par demoledor, pero estaban montados en chasis de acero pesadísimos con suspensiones blandas. Por su parte, los europeos fabricaban chasis de aluminio ágiles y soñados, pero con motores enormemente complejos y frágiles. Para lograr su "híbrido", contactó con AC Cars en Inglaterra, una pequeña fábrica artesanal que estaba al borde del colapso. Producían el AC Ace, un precioso y diminuto roadster inspirado en el Ferrari 166 MM Barchetta. Al quedarse sin los veteranos motores que les suministraba Bristol, aceptaron a la desesperada enviar sus chasis a Shelby para que él les acoplara una mecánica.
Tras recibir un duro portazo de General Motors, que no iba a dar motores a un rival de su Corvette, Shelby convenció a un joven Lee Iacocca en Ford. La marca ansiaba desesperadamente una imagen deportiva y le cedió a crédito su innovador y ligero motor V8 de 260 pulgadas cúbicas.
El milagro se obró en Los Ángeles en 1962: en un taller y en apenas ocho horas de trabajo ininterrumpido, acoplaron el enorme corazón de Ford en el frágil chasis británico, dando vida al primer prototipo, el CSX2000.
Estando completamente arruinado para iniciar la producción en masa, Shelby ideó una genial estafa de marketing: pintó ese único y solitario coche de distintos colores, como amarillo, rojo y azul, para prestárselo a la prensa de la época. Creó así la falsa ilusión de tener una enorme flota saliendo de su fábrica y las reservas llovieron, salvando la empresa.
El AC Cobra 260 pesaba apenas 1000 kilos y devoraba el 0 a 100 km/h en poco más de 4 segundos. Pronto llegó el bloque de 289 pulgadas cúbicas, creando el modelo más equilibrado de toda la saga. Sin embargo, su frontal casi plano como un ladrillo chocaba contra un muro de aire en la larguísima recta de Le Mans.
Negándose a perder, Shelby encargó al diseñador Peter Brock carrozar ese chasis. Nació así el extravagante y aerodinámico Shelby Daytona Coupe de cola truncada, con el que finalmente derrotaron a los intocables Ferrari 250 GTO en el Campeonato Mundial de GT.
Pero el tejano nunca tenía suficiente. En 1965 obligó a rediseñar todo el chasis, haciéndolo mucho más robusto con modernos amortiguadores, para introducir el gigantesco y pesado motor V8 de 7.0 litros derivado de la NASCAR. Había nacido el AC Cobra 427, un monstruo indomable de más de 425 caballos de fuerza.