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#259 Vivir en tiempos de IAs: cyborgs muy humanos

February 17, 2026 18:46 3.46 MB ( 15.08 MB less) Downloads: 0
📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/259-vivir-en-tiempos-de-ias-cyborgs-muy-humanos/

Año 1991, California. Un tipo llamado Steve Barkley sale de su casa y se acerca a su buzón, uno de esos típicos americanos con banderita roja que hay a la entrada del jardín. Dentro encuentra una carta del departamento de policía local.

Al abrirla, descubre una foto suya en blanco y negro. Está ligeramente desenfocada y tiene mucho grano, pero se le reconoce perfectamente: está conduciendo su coche y... está sonriendo. Junto a la foto, un pequeño papelito le informa de que le han puesto una multa de velocidad por valor de 45 dólares.

California fue uno de los primeros estados en poner en marcha sistemas automáticos de radar que fotografiaban y enviaban las multas a casa de los infractores. Y Steve Barkley fue uno de los primeros americanos en recibir una.

Hasta ese momento, él jamás había imaginado que pudiese estar siendo vigilado por máquinas. Cuando le preguntaron, años más tarde, contó que se sintió casi insultado porque no había ningún humano en el proceso. Sintió que las máquinas estaban haciéndose con el control del mundo y decidió ser un poco rebelde: si a él le habían enviado lo que era básicamente una fotocopia de su infracción, él enviaría de vuelta una fotocopia del dinero.

Y eso es literalmente lo que hizo: fotocopió dos billetes de 20 y uno de 5 y se lo envió a la policía. Y se quedó tan ancho.

Dos semanas después, salió de casa, abrió su buzón y encontró otra carta de la policía. En este caso, la sorpresa fue distinta: dentro había una fotocopia de unas esposas.

Barkley no pudo más que reírse. Se sintió aliviado al confirmar que, al otro lado de la correspondencia, todavía había un humano con sentido del humor. Y por eso, decidió pagar la multa.

Esta pequeña anécdota es una de mis historias favoritas sobre un fenómeno muy humano que, creo, va a tener más importancia cada vez. Porque, a medida que la tecnología se desarrolla y se integra en todo lo que hacemos, disfrutamos del valor y la eficiencia que nos aporta, pero también sentimos la necesidad de rebelarnos ante un mundo que se deshumaniza.

Cuando nos beneficiamos de ello, buscamos la precisión del algoritmo. Pero cuando nos afecta negativamente, necesitamos desesperadamente la empatía de quien nos envía la foto de las esposas. Queremos que el mundo funcione como un reloj suizo, pero que nos trate como lo haría un amigo.

Por eso, vamos a dedicar el capítulo de hoy a algunas reflexiones sobre la convivencia entre la inteligencia artificial y la humana. Un tema, así, facilito.

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