kaizen está hecho para curiosos compulsivos, un podcast sobre aprendizaje continuo en el que te acerco a ideas, técnicas y personas fascinantes que nos permiten entender el mundo cada día un poco mejor.
#274 Marcos morales: un mono cabreado, un capitán de barco y un psicólogo anti-empatía
📝 Notas y enlaces del capítulo aquí: https://www.jaimerodriguezdesantiago.com/kaizen/274-marcos-morales/
El 5 de julio de 1884, a unas mil seiscientas millas náuticas del Cabo de Buena Esperanza, navegaba rumbo a Sídney un pequeño barco inglés llamado Mignonette. Lo tripulaban cuatro hombres encargados de entregarlo a su nuevo dueño en Australia: el capitán Tom Dudley, hombre religioso y padre de familia; su segundo, Edwin Stephens; el marinero Edmund Brooks; y un grumete de diecisiete años en su primer viaje, llamado Richard Parker. Quédate con ese nombre.
Aquella tarde una ola enorme arrancó parte del casco y el barco se hundió en cinco minutos. Los cuatro saltaron a un bote salvavidas de apenas cuatro metros, con un par de latas de conservas y ni una gota de agua dulce. Sobrevivieron racionando las latas y una tortuga que cazaron, pero la comida se acabó pronto y lo peor era la sed.
Desesperado, Richard Parker empezó a beber agua del mar, deliró y, a los diecinueve días del naufragio, agonizaba en el fondo del bote. Dudley reunió a los otros: si esperaban, morirían los cuatro; si actuaban, sobrevivirían tres. Apeló a la "costumbre" no escrita del mar y propuso echar a suertes quién acababa con el chico. Brooks se negó; Stephens dudó. Al amanecer del día veinte, el capitán rezó, le pidió perdón al grumete y le clavó una navaja en la yugular. Sobrevivieron con su carne y su sangre cuatro días más, hasta ser rescatados por un barco alemán.
Volvieron a Inglaterra convencidos de que les recibirían como héroes. Dudley contó todo ante las autoridades sin esconder nada, seguro de que la costumbre del mar los amparaba. La prensa los recibió con compasión y se llenaron las colectas. Pero un fiscal decidió que aquello no era una costumbre, sino un asesinato, y los procesó. El juicio partió al país en dos: medio Reino Unido pedía la horca y el otro medio el indulto. Viejos lobos de mar decían que cualquiera habría hecho lo mismo; muchos sacerdotes los acusaban de ofender a Dios.
Y hay una casualidad escalofriante. Cuarenta y seis años antes, en 1838, Edgar Allan Poe había publicado su única novela larga, La narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket: un naufragio, cuatro hombres en un bote, hambre, sed, locura, y la decisión a suertes de comerse a uno de ellos… un grumete que también se llamaba Richard Parker.
Sobre la casualidad no diremos mucho, pero del caso del Mignonette sí. Porque lo interesante no es que se comieran al grumete, sino que un mismo hecho pudiera verse desde marcos morales tan incompatibles que medio país pidiera una cosa y el otro la contraria. Y de eso vamos a hablar hoy: de cómo nuestros marcos morales definen nuestra manera de analizar el mundo.
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