Materia Oscura es un programa especializado en Ciencia del periodista José Manuel Nieves. Universo, física, hallazgos, nuevas investigaciones... Todo pasa por el tamiz de Nieves.
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The Infinite Monkey Cage
Brian Cox and Robin Ince host a witty, irreverent look at the world through scientists' eyes.
GS-10578, la galaxia que murió de hambre
Siempre habíamos pensado que cuando una galaxia moría de forma prematura en el universo temprano, era debido a un evento cataclísmico: una colisión brutal con otra galaxia o una explosión masiva de energía de un agujero negro que barría todo el gas disponible de un plumazo. Pero nunca habíamos imaginado que una galaxia pudiera morir como lo ha hecho GS-10578, apodada cariñosamente como "la galaxia de Pablo", en honor del astrónomo español Pablo G. Pérez-González. El telescopio James Webb detectó vientos masivos de gas neutro saliendo del centro de la galaxia a una velocidad de 400 kilómetros por segundo. Es decir, lo suficientemente rápido como para escapar de la atracción gravitatoria de la galaxia. Según los cálculos, Pablo pierde cada año unas 60 masas solares de gas. Se podría decir que su propio agujero negro la ha estrangulado, impidiéndole que respire o que se alimente. Es lo que los autores del estudio llaman "flujo neto cero": lo que sale es igual o mayor a lo que intenta entrar.
Plutón: el cumpleaños que nunca veremos
Desde su descubrimiento en 1930, Platón fue considerado un planeta, hasta la reunión de la Unión Astronómica Internacional (UAI) en Praga, en 2006. Ni siquiera había recorrido un cuarto de su órbita cuando la comunidad científica se dio cuenta de que era diferente. Era mucho más pequeño de lo que Lowell, su descubridor, había predicho. Tampoco era un gigante de gas, como se creía. Además, a partir de los años 90, la tecnología mejoró tanto que se empezaron a descubrir otros cuerpos en esa misma zona, lo que hoy se conoce como el Cinturón de Kuiper. Algunos de estos cuerpos tenían un tamaño similar a Plutón. De repente, el Sistema Solar podía pasar de 9 planetas a 15 o a 25.Ante ello, la UAI decidió que para ser un planeta, los cuerpos debían cumplir tres condiciones. Platón no encajaba en todas ellas. Por ejemplo, no era una roca muerta, está vivo geológicamente. Tiene glaciares de nitrógeno que fluyen como si fueran pasta de dientes. Tiene montañas de hielo de agua tan duras como la roca de granito aquí en la Tierra, que se elevan 3.000 metros hacia su cielo negro. Y tiene esa famosa «mancha» con forma de corazón, la Tombaugh Regio, que es una vasta planicie de hielos exóticos. Asimismo, Plutón tiene cinco lunas. La más grande, Caronte, es tan enorme en comparación con Plutón (tiene la mitad de su tamaño) que técnicamente no orbitan uno alrededor del otro, sino que se mueven como dos iguales.
¿Qué pasaría si atravesamos la Tierra de parte a parte?
Hubo un día, en medio de la Guerra Fría, en el que las superpotencias empezaron a mirar hacia abajo, buscando perforar lo más profundo posible en la corteza terrestre, e incluso llegar al manto del planeta. Los científicos estaban convencidos de que, además de los ricos recursos que encontrarían, la información que podrían proporcionar las rocas extraídas de esos pozos súper profundos eran tan importantes como cualquier muestra traída de la Luna. Desde 2023, las noticias de perforaciones nos llegan desde China. Y es que el gigante asiático comenzó entonces a perforar un agujero colosal de 11.000 metros de profundidad. Once kilómetros de herida en la corteza terrestre, en la región de Xinjiang, para intentar alcanzar rocas del sistema cretácico, de hace unos 145 millones de años. Sin embargo, esos once mil metros de los chinos, o incluso los 12.262 metros del famoso Pozo Superprofundo de Kola, en Rusia, son apenas un rasguño. Y es que el radio de nuestro planeta es de unos 6.370 kilómetros. Estamos hablando de que nos queda más del 99% del camino por recorrer para llegar al núcleo interno. Una bola sólida de hierro, tan caliente como la superficie del Sol, pero que se mantiene sólida por la presión inimaginable que soporta.
¿Quién perforó estos misteriosos micro túneles en la roca?
Los científicos llevan años investigando unas misteriosas perforaciones en las rocas del desierto arábico. En un nuevo estudio, recién publicado en Geomicrobiology Journal, los investigadores han sido tajantes: la geología, por sí sola, no es capaz de hacer algo así. De modo que, después de descartar cada proceso químico y físico conocido, solo quedó una explicación posible, por fantástica que parezca: se trata de una firma biológica. Algo vivo hizo esos agujeros.
WASP-121b, un planeta de Ciencia Ficción
Un equipo de astrónomos de la Universidad de Ginebra, utilizando el Telescopio Espacial James Webb, ha conseguido algo que nunca antes se había logrado: observar cómo la atmósfera de un exoplaneta escapa al espacio a lo largo de una órbita completa. WASP-121b es un mundo de extremos absolutos. Según los investigadores: «Un clima que no se parece a nada que hayamos visto antes». Es más, desafía lo que sabíamos sobre cómo se forman los planetas.
La mayor reserva de agua del Universo
Tras el Big Bang, solo había hidrógeno, helio y un poco de litio. El oxígeno, necesario para hacer agua (H2O), tuvo que "cocinarse" en el interior de las primeras estrellas y ser expulsado al espacio después, cuando éstas murieron. Esto convierte a este descubrimiento en la reserva más grande y, sobre todo, la más antigua de agua que se conoce hasta la fecha. El agua, por lo tanto, no es una rareza moderna; es una parte intrínseca de la historia antigua del cosmos. El agua que han detectado no es líquida, como la de nuestros mares, sino una niebla "espesa" y "caliente" (en términos cósmicos) que envuelve por completo al agujero negro. En el cuásar APM 08279+5255, el agua no puede congelarse. La energía del agujero negro la mantiene en estado gaseoso, excitada, emitiendo señales de radio que han viajado por el universo durante 12.000 millones de años hasta llegar al espectrómetro Z-Spec en el Observatorio Submilimétrico de Caltech, en Hawái, y al interferómetro de Plateau de Bure en los Alpes franceses. Es gracias a estos instrumentos que hemos podido "leer" la firma química del agua a través del abismo del tiempo.
Tectónica de placas: ¿Por qué solo nos pasa a nosotros?
Una nueva investigación publicada en Nature acaba de aclarar la naturaleza de las placas tectónicas. No consiste sólo en "tener placas" o "no tenerlas", sino que hay estados intermedios. De hecho, han identificado hasta seis estados tectónicos distintos. Y lo más increíble: sugieren que Venus, nuestro vecino infernal, podría estar ahora mismo pasando por el mismo tipo de adolescencia que la Tierra vivió hace 4.000 millones de años. Hasta ahora, pensábamos en esto de forma binaria: o tenías Tectónica de Placas, o tenías una Tapa Estancada , como Marte. Pero la realidad, como suele pasar en ciencia, es mucho más compleja y rica en matices. Los investigadores han utilizado superordenadores para simular la evolución térmica de los planetas rocosos, procesando miles de variables en modelos 2D. Y lo que han encontrado es que hay todo un abanico de posibilidades, una "zona gris" entre estar quieto y moverse frenéticamente, que incluye seis fases distintas de la corteza.
40.000 asteroides cercanos: Por qué hoy dormimos más tranquilos que los dinosaurios
Hace apenas tres años, en 2022, teníamos catalogados unos 30.000. En 2016, solo 15.000. Y a principios de siglo, apenas conocíamos un millar. Fijaos en la curva: es exponencial. Luca Conversi, que dirige el Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra de la Agencia Espacial Europea (ESA), lo ha dicho claramente: esto no va a parar. Al contrario, va a acelerar. De esos 40.000 objetos, los expertos de la Oficina de Defensa Planetaria de la ESA han calculado las órbitas hacia el futuro. Utilizan sistemas de software muy avanzados que proyectan el camino de la roca con años, décadas, e incluso siglos de antelación. Ninguno de los 40.000 asteroides conocidos supone una amenaza para la Tierra en el futuro previsible. Sin embargo, los asteroides de más de un kilómetro de diámetro si pueden suponer un peligro. Esos son los «asesinos de planetas», los que podrían acabar con la civilización tal como la conocemos, al estilo de lo que les pasó a los dinosaurios. De esos, hemos encontrado casi el 95% y ninguno viene hacia aquí.
Neandertales: ¿Y si no se extinguieron?
La palabra 'extinción' no describe lo que les pasó a nuestros primos. No hubo un genocidio, ni tampoco una aniquilación masiva. Lo que sí hubo fue amor. O, por lo menos, mucho sexo, un mestizaje constante y prolongado que, como una gota de tinta en un vaso de agua, acabó por diluir la identidad genética neandertal en nuestro propio genoma, hasta hacerla prácticamente indistinguible. Imaginemos el siguiente escenario. Por un lado, tenemos al neandertal, una población pequeña, dispersa y con movimientos migratorios limitados. Por el otro, tenemos a Homo sapiens saliendo de África, con una población muchísimo más numerosa, un reservorio genético inagotable. Así, y a medida que que oleadas constantes de Homo sapiens iban llegando a las 'islas' de territorio neandertal, tanto el contacto como el cruce se producían inevitablemente. La descendencia de esas uniones se integraba, en su mayoría, en la población más grande, la del Homo sapiens, que era la que ofrecía mayores probabilidades de supervivencia y reproducción continua.
GJ 251 c: ¿el mejor candidato para encontrar vida?
Este nuevo mundo es un exoplaneta que está a solo 20 años luz de la Tierra. Los datos obtenidos por los científicos de la Universidad de Penn State sugieren que GJ 251 c. es casi cuatro veces más masivo que la Tierra y que muy probablemente sea un planeta rocoso. También es sorprendente su ubicación, ya que se encuentra en lo que los astrónomos llaman la Zona Ricitos de Oro. Por eso, los autores del estudio recién publicado en The Astronomical Journal, creen que es su «mejor oportunidad de encontrar vida en otros lugares». El equipo partió de datos base recopilados a lo largo de más de 20 años y los combinaron con la nueva precisión del Habitable-Zone Planet Finder (HPF). Primero, mejoraron la medición de un planeta interior ya conocido, el GJ 251 b. Pero la combinación de datos reveló una segunda señal, mucho más fuerte, que se repite cada 54 días. Este fue el indicador inequívoco de la presencia del masivo GJ 251 c!
Resuelto un 'misterio magnético' de hace 500 millones de años
Las firmas magnéticas fosilizadas en las rocas del Periodo Ediacárico muestran unas fluctuaciones tan salvajes y caóticas que parecían indicar que sucedió algo increíblemente inusual. Un equipo internacional de investigadores, liderado por el geólogo David Evans de la Universidad de Yale, ha propuesto una explicación audaz que no solo resuelve la anomalía, sino que abre una nueva ventana a la historia profunda de la Tierra. Sus hallazgos han sido publicados en la revista Science Advances. La investigación concluyó que el problema no eran los continentes, sino el propio campo magnético terrestre. Además, desarrollaron un marco matemático innovador que a partir de ahora permitirá a los investigadores analizar los datos paleomagnéticos caóticos del Ediacárico y, en lugar de promediarlos simplemente, encontrar el orden que hay oculto dentro de ese desorden.
Los mosquitos derriban la 'penúltima frontera' del planeta
La noticia llegó hace apenas unos días desde el Instituto de Ciencias Naturales de Islandia: la presencia de mosquitos ha sido confirmada en territorio islandés por primera vez en la historia de esa nación nórdica. Fue de la siguiente forma. Un aficionado a los insectos, un tal Björn Hjaltason, estaba en una granja en Kjós, al norte de Reikiavik, observando sus trampas para mariposas, que consisten en una cinta impregnada en vino tinto para atraerlas. Y allí, en esa inusual trampa de vino, a la caída de la tarde del 16 de octubre, nuestro amigo vio algo raro. Una "mosca extraña", dijo él. La capturó de inmediato, sospechando la verdad. Aquel insecto, y los dos que atrapó después, resultaron ser, tras el análisis del instituto, tres ejemplares de la especie Culiseta annulata: dos hembras y un macho. El entomólogo Matthías Alfreðsson, del Instituto de Ciencias Naturales islandés, lo ha dejado claro: los ejemplares encontrados son de la especie Culiseta annulata, un mosquito grande, extendido por Europa y resistente al frío. De hecho, está adaptado a hibernar como adulto en lugares protegidos, como sótanos o graneros. Pueden sobrevivir a inviernos largos y crudos. Y esto nos lleva directamente a los culpables de este asalto biológico, que son dos: el cambio climático y el transporte internacional.
Que nadie se engañe: 3i/ATLAS es un cometa
Sin perder un solo minuto y desde el momento mismo en que fue detectado por el sistema ATLAS (de ahí su nombre) en julio de este mismo año, los amantes de la conspiración se pusieron en marcha: que si no es un cometa, que si es una sonda alienígena camuflada, que si su silencio esconde una tecnología hostil. Incluso el célebre astrofísico de Harvard Avi Loeb, siempre dispuesto a poner el cascabel al gato, se convirtió en una de las voces que apuntaba a un posible origen artificial del objeto. Lo cual ha avivado, sin duda, las llamas en un Internet siempre dispuesto a incendiarse a la más mínima insinuación.
La estrella más 'pura' del Universo
Para entender la importancia de este hallazgo, hace falta darle un repaso a un concepto fundamental en la astrofísica: la metalicidad. Y aquí es donde entra en escena nuestra protagonista: SDSS J0715-7334. Porque esta estrella ha pulverizado todos los récords conocidos de pureza. De hecho, es aproximadamente 20.000 veces más pobre en metales que nuestro Sol. Los datos preliminares de su espectro, presentados en el servidor arXiv a la espera de revisión por pares, sugieren que su metalicidad total es tan baja que supera incluso a las galaxias más distantes y supuestamente "vírgenes" que hemos podido observar con el telescopio espacial James Webb en el borde mismo del Universo observable. Para hacernos una idea, nuestra estrella protagonista es diez veces más pura que esas remotísimas galaxias. Es, en esencia, la estrella más cercana a lo que llamamos una estrella prístina, o libre de metales, que hemos encontrado hasta ahora.
El misterio de los diez días perdidos
Para entender por qué una parte del mundo se acostó un 4 de octubre de 1582 y se despertó un día 15, debemos remontarnos muchos siglos en el tiempo. De hecho, más de 1.600 años atrás. Estamos en el 45 AC y Julio César acaba de instaurar en gran parte de Europa un calendario que lleva su nombre, el calendario Juliano. Era un avance notable para su época, pues fijaba el año en 365 días y medio, y añadía un día extra cada cuatro años, el famoso año bisiesto.Pero, como bien sabe cualquiera que dependa de los ciclos de la Naturaleza, en los cálculos astronómicos la perfección no existe. Y el problema, en este caso, radicaba en un pequeño 'desfase' del calendario juliano.