Materia Oscura es un programa especializado en Ciencia del periodista José Manuel Nieves. Universo, física, hallazgos, nuevas investigaciones... Todo pasa por el tamiz de Nieves.
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Coffee Break: Señal y Ruido
Coffee Break: Señal y Ruido es la tertulia semanal en la que, medio en broma medio en serio, repasamos las últimas noticias de la actualidad científica. Separando la paja del trigo o, como nos gusta decirlo, la señal del ruido, nos leemos los papers para que usted no tenga que hacerlo. Sírvete un café y acompáñanos en nuestra tertulia. Hosted on Acast. See acast.com/privacy for more information.
Data Viz Today
Helping you become a more effective information designer.
You want to create effective data visualizations. That’s hard work. There are so many decisions to make, like chart type, annotations, and color!
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Host and fellow data viz designer Alli Torban is in the trenches with you. She shares the latest tools and methods that she’s discovered while on the job and interviewing top designers.
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Radiolab
Radiolab is on a curiosity bender. We ask deep questions and use investigative journalism to get the answers. A given episode might whirl you through science, legal history, and into the home of someone halfway across the world. The show is known for innovative sound design, smashing information into music. It is hosted by Jad Abumrad, Lulu Miller, and Latif Nasser.
Por qué seguimos picoteando cuando ya no tenemos hambre
Un equipo de la Universidad de East Anglia, en colaboración con la Universidad de Plymouth, en el Reino Unido, ha publicado un estudio en el que el doctor Thomas Sambrook, investigador principal de este trabajo, asegura que la culpa no es de tu disciplina. Tu cerebro te está engañando, o, mejor dicho, está siguiendo ciegamente un guion automático que no podemos controlar de forma consciente. A través de un experimento con más de 70 voluntarios se pudo medir la respuesta del cerebro ante imágenes de comida altamente deseable. Pese a que los participantes no querían la comida porque estaban saciados, su cerebro decía justamente lo contrario en el instante exacto en que aparecía la imagen de la comida. El doctor Sambrook lo explica con una claridad meridiana: «Lo que vimos es que el cerebro, simplemente, se niega a rebajar lo gratificante que parece un alimento, sin importar lo lleno que estés». Es, literalmente, una receta neuronal para comer en exceso. Y explica de manera perfecta por qué, en ausencia de hambre real, seguimos picoteando. Nuestro cerebro está haciendo exactamente aquello para lo que fue magistralmente programado a lo largo de millones de años de evolución homínida. El estudio demuestra, mediante la lectura de esas ondas cerebrales, que estas reacciones operan de forma totalmente independiente a nuestras decisiones racionales. Así que, mientras tú crees que estás decidiendo comerte esa galleta porque «te apetece», en realidad, tu cerebro está ejecutando un programa cerrado.
La Luna está encogiendo... y al hacerlo tiembla
Un equipo de científicos del Centro de Estudios de la Tierra y los Planetas del prestigioso Instituto Smithsonian ha publicado recientemente un estudio en The Planetary Science Journal en el que han presentado el primer mapa global de unas estructuras geológicas llamadas "pequeñas crestas de los mares" (o SMRs, por sus siglas en inglés). Han descubierto 1.114 nuevas fallas y arrugas esparcidas por las extensas llanuras lunares. Este hallazgo eleva el número total de estas fracturas a más de 2.600. El interior de la Luna, que en su día estuvo fundido y enormemente caliente, lleva miles de millones de años enfriándose gradualmente y, como consecuencia, contrayéndose. A medida que su núcleo y su manto se enfrían y se contraen, la corteza sólida de la superficie se ve sometida a unas presiones de compresión brutales. Como es rígida y no puede simplemente encogerse, termina por romperse. Una parte del terreno es empujada hacia arriba y cabalga sobre el terreno adyacente. Este fenómeno es una "falla de empuje". Ahora, lo que el nuevo estudio ha logrado confirmar, cruzando los datos antiguos del Apolo con este nuevo mapa de fallas jóvenes, es que el origen de los violentos sismos superficiales que se producen en la Luna son precisamente estas fallas de empuje formadas por la contracción lunar. Este descubrimiento tiene su relevancia para la misión Artemis II de la NASA, que se lanzará el próximo 6 de marzo, y para posteriores misiones. La ampliación de la lista de estas zonas de fallas en los mares lunares, eleva el nivel de riesgo para los futuros exploradores humanos. Si se produce un sismo durante una de las misiones, podría provocar el colapso de laderas enteras, deslizamientos de tierras y daños irreparables en los equipos, los paneles solares de las misiones o las propias estructuras donde vivirán los astronautas. Por ello, conocer dónde están estas fallas jóvenes activas y comprender la dinámica termal y sísmica del interior lunar no es solo una curiosidad científica, es una cuestión de supervivencia para garantizar el éxito y la seguridad de las misiones Artemis.
El Webb bate su propio récord y halla la galaxia más lejana nunca vista
Hasta hace muy poco, hablábamos con asombro de galaxias situadas a 500 o 600 millones de años después del Big Bang. Alguna excepción, a 350 millones de años luz del origen del Universo, parecía ser el límite infranqueable. Sin embargo, un equipo internacional de astrónomos acaba de confirmar el hallazgo de la galaxia más lejana jamás observada. Su nombre técnico es MoM-z14. Se trata de una galaxia que ya estaba allí, brillante y perfectamente formada, apenas 280 millones de años después del Big Bang. Es decir, en un Universo tan joven que, según las teorías vigentes, no habría tenido tiempo aún para que se formara algo así. En otras palabras, MoM-z14 es demasiado brillante, demasiado grande y químicamente demasiado compleja para estar allí. Los investigadores han teorizado que en ese universo temprano, denso y violento, se formaron Estrellas Supermasivas. Bestias cósmicas, que podrían tener entre 1.000 y 10.000 veces la masa de nuestro Sol, que vivirían muy poco tiempo, quemando su combustible a una velocidad frenética, y que por tanto serían capaces de "cocinar" cantidades ingentes de nitrógeno en un tiempo récord. Lo curioso es que en nuestra propia Vía Láctea, tenemos los cúmulos globulares, que son grupos de estrellas muy antiguas. Algunas de esas estrellas tienen, curiosamente, niveles de nitrógeno muy altos que nunca hemos sabido explicar bien. El estudio sugiere que ahora estamos viendo el mismo proceso, pero en directo.
Agua marciana en la Tierra
Un nuevo estudio, publicado recientemente, ha permitido estudiar una de las muestras más antiguas y raras de Marte, la Belleza Negra, sin destruirla. Para ello, un equipo de investigadores ha utilizado una técnica revolucionaria, la tomografía computarizada de neutrones. Al bombardear la Belleza Negra con neutrones, estos ignoran las partes duras de la roca y chocan, interactúan y resaltan los átomos de hidrógeno. Con este método innovador, descubrieron que la Belleza Negra está compuesta por agua encerrada químicamente en minerales. El estudio ha revelado que este meteorito contiene clastos, es decir, trozos de roca incrustados dentro de otra roca mayor, ricos en un material llamado oxihidróxido de hierro. Además, estos oxihidróxidos de hierro encontrado en la Belleza Negra gracias a los neutrones, son similares a los que el rover Perseverance de la NASA ha detectado en el cráter Jezero de Marte. El hecho de que tenga la misma "huella dactilar" mineral de un meteorito que cayó en África y las muestras que está taladrando un robot a millones de kilómetros de distancia y más de 4.000 millones de años después revela que el agua no era una simple anécdota en el Marte primitivo.
¿Y si el tiempo no es más que una ilusión?
En 1983, Don Page y William Wootters propusieron algo tan radical que parecía ciencia ficción. Se conoce como el mecanismo Page-Wootters. Según esta propuesta, el universo sería un solo objeto cuántico gigantesco que contiene todo lo que ha pasado, pasa y pasará. Pero ese objeto está quieto, no tiene tiempo. Su energía es constante y nada cambia. Sugieren que el universo funciona gracias al entrelazamiento cuántico de dos partes: el “reloj” y el “resto del universo”. El tiempo, por tanto, no sería un río que fluye, sería la consecuencia de comparar una parte del universo con otra. Durante 40 años, esto fue solo una bonita teoría matemática imposible de probar. Pero la tecnología cuántica actual ha permitido resucitar esta idea. Paola Verrucchi, investigadora del Consejo Nacional de Investigación de Italia, ha logrado construir modelos matemáticos y simulaciones que demuestran que esto, realmente, funciona. Así, Verrucchi y su colega Alessandro Coppo han lanzado la hipótesis de que los agujeros negros podrían ser ese "reloj" del mecanismo Page-Wootters.
Olas monstruosas
En Noviembre de 2020, en el Pacífico Norte, frente a la costa de Ucluelet, en la Columbia Británica, Canadá. Una boya, propiedad de MarineLabs, que flotaba tranquilamente, de repente fue impulsada hacia el cielo por una masa de agua brutal. La boya registró una ola de 17,6 metros de altura. En oceanografía, para que una ola se considere 'vagabunda' o 'solitaria', tiene que ser, como mínimo, el doble de alta que las olas que la rodean. En el fenómeno de Canadá, se dio una anomalía estadística absoluta. Las olas circundantes medían unos 6 metros, y la ola de Ucluelet medía casi 18. Fue tres veces más alta que sus vecinas. Por eso, proporcionalmente, es la ola más extrema jamás medida por una máquina. Los expertos calculan que un evento así, con esa diferencia de tamaño tan brutal respecto al entorno, solo debería ocurrir una vez cada 1.300 años.
GS-10578, la galaxia que murió de hambre
Siempre habíamos pensado que cuando una galaxia moría de forma prematura en el universo temprano, era debido a un evento cataclísmico: una colisión brutal con otra galaxia o una explosión masiva de energía de un agujero negro que barría todo el gas disponible de un plumazo. Pero nunca habíamos imaginado que una galaxia pudiera morir como lo ha hecho GS-10578, apodada cariñosamente como "la galaxia de Pablo", en honor del astrónomo español Pablo G. Pérez-González. El telescopio James Webb detectó vientos masivos de gas neutro saliendo del centro de la galaxia a una velocidad de 400 kilómetros por segundo. Es decir, lo suficientemente rápido como para escapar de la atracción gravitatoria de la galaxia. Según los cálculos, Pablo pierde cada año unas 60 masas solares de gas. Se podría decir que su propio agujero negro la ha estrangulado, impidiéndole que respire o que se alimente. Es lo que los autores del estudio llaman "flujo neto cero": lo que sale es igual o mayor a lo que intenta entrar.
Plutón: el cumpleaños que nunca veremos
Desde su descubrimiento en 1930, Platón fue considerado un planeta, hasta la reunión de la Unión Astronómica Internacional (UAI) en Praga, en 2006. Ni siquiera había recorrido un cuarto de su órbita cuando la comunidad científica se dio cuenta de que era diferente. Era mucho más pequeño de lo que Lowell, su descubridor, había predicho. Tampoco era un gigante de gas, como se creía. Además, a partir de los años 90, la tecnología mejoró tanto que se empezaron a descubrir otros cuerpos en esa misma zona, lo que hoy se conoce como el Cinturón de Kuiper. Algunos de estos cuerpos tenían un tamaño similar a Plutón. De repente, el Sistema Solar podía pasar de 9 planetas a 15 o a 25.Ante ello, la UAI decidió que para ser un planeta, los cuerpos debían cumplir tres condiciones. Platón no encajaba en todas ellas. Por ejemplo, no era una roca muerta, está vivo geológicamente. Tiene glaciares de nitrógeno que fluyen como si fueran pasta de dientes. Tiene montañas de hielo de agua tan duras como la roca de granito aquí en la Tierra, que se elevan 3.000 metros hacia su cielo negro. Y tiene esa famosa «mancha» con forma de corazón, la Tombaugh Regio, que es una vasta planicie de hielos exóticos. Asimismo, Plutón tiene cinco lunas. La más grande, Caronte, es tan enorme en comparación con Plutón (tiene la mitad de su tamaño) que técnicamente no orbitan uno alrededor del otro, sino que se mueven como dos iguales.
¿Qué pasaría si atravesamos la Tierra de parte a parte?
Hubo un día, en medio de la Guerra Fría, en el que las superpotencias empezaron a mirar hacia abajo, buscando perforar lo más profundo posible en la corteza terrestre, e incluso llegar al manto del planeta. Los científicos estaban convencidos de que, además de los ricos recursos que encontrarían, la información que podrían proporcionar las rocas extraídas de esos pozos súper profundos eran tan importantes como cualquier muestra traída de la Luna. Desde 2023, las noticias de perforaciones nos llegan desde China. Y es que el gigante asiático comenzó entonces a perforar un agujero colosal de 11.000 metros de profundidad. Once kilómetros de herida en la corteza terrestre, en la región de Xinjiang, para intentar alcanzar rocas del sistema cretácico, de hace unos 145 millones de años. Sin embargo, esos once mil metros de los chinos, o incluso los 12.262 metros del famoso Pozo Superprofundo de Kola, en Rusia, son apenas un rasguño. Y es que el radio de nuestro planeta es de unos 6.370 kilómetros. Estamos hablando de que nos queda más del 99% del camino por recorrer para llegar al núcleo interno. Una bola sólida de hierro, tan caliente como la superficie del Sol, pero que se mantiene sólida por la presión inimaginable que soporta.
¿Quién perforó estos misteriosos micro túneles en la roca?
Los científicos llevan años investigando unas misteriosas perforaciones en las rocas del desierto arábico. En un nuevo estudio, recién publicado en Geomicrobiology Journal, los investigadores han sido tajantes: la geología, por sí sola, no es capaz de hacer algo así. De modo que, después de descartar cada proceso químico y físico conocido, solo quedó una explicación posible, por fantástica que parezca: se trata de una firma biológica. Algo vivo hizo esos agujeros.
WASP-121b, un planeta de Ciencia Ficción
Un equipo de astrónomos de la Universidad de Ginebra, utilizando el Telescopio Espacial James Webb, ha conseguido algo que nunca antes se había logrado: observar cómo la atmósfera de un exoplaneta escapa al espacio a lo largo de una órbita completa. WASP-121b es un mundo de extremos absolutos. Según los investigadores: «Un clima que no se parece a nada que hayamos visto antes». Es más, desafía lo que sabíamos sobre cómo se forman los planetas.
La mayor reserva de agua del Universo
Tras el Big Bang, solo había hidrógeno, helio y un poco de litio. El oxígeno, necesario para hacer agua (H2O), tuvo que "cocinarse" en el interior de las primeras estrellas y ser expulsado al espacio después, cuando éstas murieron. Esto convierte a este descubrimiento en la reserva más grande y, sobre todo, la más antigua de agua que se conoce hasta la fecha. El agua, por lo tanto, no es una rareza moderna; es una parte intrínseca de la historia antigua del cosmos. El agua que han detectado no es líquida, como la de nuestros mares, sino una niebla "espesa" y "caliente" (en términos cósmicos) que envuelve por completo al agujero negro. En el cuásar APM 08279+5255, el agua no puede congelarse. La energía del agujero negro la mantiene en estado gaseoso, excitada, emitiendo señales de radio que han viajado por el universo durante 12.000 millones de años hasta llegar al espectrómetro Z-Spec en el Observatorio Submilimétrico de Caltech, en Hawái, y al interferómetro de Plateau de Bure en los Alpes franceses. Es gracias a estos instrumentos que hemos podido "leer" la firma química del agua a través del abismo del tiempo.
Tectónica de placas: ¿Por qué solo nos pasa a nosotros?
Una nueva investigación publicada en Nature acaba de aclarar la naturaleza de las placas tectónicas. No consiste sólo en "tener placas" o "no tenerlas", sino que hay estados intermedios. De hecho, han identificado hasta seis estados tectónicos distintos. Y lo más increíble: sugieren que Venus, nuestro vecino infernal, podría estar ahora mismo pasando por el mismo tipo de adolescencia que la Tierra vivió hace 4.000 millones de años. Hasta ahora, pensábamos en esto de forma binaria: o tenías Tectónica de Placas, o tenías una Tapa Estancada , como Marte. Pero la realidad, como suele pasar en ciencia, es mucho más compleja y rica en matices. Los investigadores han utilizado superordenadores para simular la evolución térmica de los planetas rocosos, procesando miles de variables en modelos 2D. Y lo que han encontrado es que hay todo un abanico de posibilidades, una "zona gris" entre estar quieto y moverse frenéticamente, que incluye seis fases distintas de la corteza.
40.000 asteroides cercanos: Por qué hoy dormimos más tranquilos que los dinosaurios
Hace apenas tres años, en 2022, teníamos catalogados unos 30.000. En 2016, solo 15.000. Y a principios de siglo, apenas conocíamos un millar. Fijaos en la curva: es exponencial. Luca Conversi, que dirige el Centro de Coordinación de Objetos Cercanos a la Tierra de la Agencia Espacial Europea (ESA), lo ha dicho claramente: esto no va a parar. Al contrario, va a acelerar. De esos 40.000 objetos, los expertos de la Oficina de Defensa Planetaria de la ESA han calculado las órbitas hacia el futuro. Utilizan sistemas de software muy avanzados que proyectan el camino de la roca con años, décadas, e incluso siglos de antelación. Ninguno de los 40.000 asteroides conocidos supone una amenaza para la Tierra en el futuro previsible. Sin embargo, los asteroides de más de un kilómetro de diámetro si pueden suponer un peligro. Esos son los «asesinos de planetas», los que podrían acabar con la civilización tal como la conocemos, al estilo de lo que les pasó a los dinosaurios. De esos, hemos encontrado casi el 95% y ninguno viene hacia aquí.
Neandertales: ¿Y si no se extinguieron?
La palabra 'extinción' no describe lo que les pasó a nuestros primos. No hubo un genocidio, ni tampoco una aniquilación masiva. Lo que sí hubo fue amor. O, por lo menos, mucho sexo, un mestizaje constante y prolongado que, como una gota de tinta en un vaso de agua, acabó por diluir la identidad genética neandertal en nuestro propio genoma, hasta hacerla prácticamente indistinguible. Imaginemos el siguiente escenario. Por un lado, tenemos al neandertal, una población pequeña, dispersa y con movimientos migratorios limitados. Por el otro, tenemos a Homo sapiens saliendo de África, con una población muchísimo más numerosa, un reservorio genético inagotable. Así, y a medida que que oleadas constantes de Homo sapiens iban llegando a las 'islas' de territorio neandertal, tanto el contacto como el cruce se producían inevitablemente. La descendencia de esas uniones se integraba, en su mayoría, en la población más grande, la del Homo sapiens, que era la que ofrecía mayores probabilidades de supervivencia y reproducción continua.