La economía es casi tan antigua como el ser humano. Entre el nacimiento del trueque y la explosión del comercio online han pasado miles de años. Y por el camino se han producido infinidad de historias que queremos contar en elEconomista porque nos ayudan a comprender cómo hemos llegado hasta aquí.
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Leonardo del Vecchio, el niño criado en un orfanato que se hizo millonario gracias a las gafas
El italiano Leonardo del Vecchio ha sido el ejemplo perfecto de lo que es una persona hecha a sí misma. Nació en Milán, en 1935, y lejos de heredar una fortuna, fue criado en un orfanato. Fue un visionario que, tras trabajar en varias fábricas, se dio cuenta de que las gafas no eran solo una herramienta para ver mejor, sino que también tenían un componente de moda y diseño. Con esa idea en la cabeza lanzó Luxottica, que acabó siendo el mayor fabricante de gafas del mundo, lo que le convirtió en una de las personas más ricas. Del Vecchio ha fallecido este mes a los 87 años. De familia muy humilde, Leonardo del Vecchio ni siquiera llega a conocer a su padre, un vendedor de verduras en las calles de Milán que fallece cinco meses antes de su nacimiento. Su madre, que tiene tres hijos más, lo deja en un orfanato cuando Leonardo tiene 7 años. Una reciente biografía autorizada cuenta que su paso por el orfanato le formó un carácter de acero, y fue donde aprendió el gusto por esa precisión que luego como empresario le dio tantos éxitos. En plena adolescencia, con tan solo 14 años, Leonardo se pone a trabajar en una fábrica. Una decisión que, sin saberlo, acabaría marcando su futuro. La planta en la que trabaja como aprendiz, dedicada al diseño de piezas metálicas de todo tipo, incluyendo monturas para gafas, le abrió, nunca mejor dicho, los ojos sobre lo que quería hacer con su futuro. Por ello, decide compaginar su empleo con un curso por las tardes de diseño industrial, en el que aprende a tallar y grabar metal. Con 22 años y con los estudios completados, se traslada a Trentino, donde se incorpora como obrero, ya no aprendiz, en una empresa de grabados. Ahí es donde descubre su pasión por el mundo de las gafas, y donde tiene su gran visión: no son solo una herramienta para ver mejor, o para protegerse de sol, sino que son un producto de moda, con estilo, en el que el diseño juega un papel fundamental. Más tarde, decide trasladarse a Agorno, el epicentro de la industria de las gafas en Italia, que además ofrecía facilidades para las personas que quisieran fundar allí su empresa. Y allí nace Luxottica, una compañía que inicialmente se enfoca en fabricar piezas metálicas para gafas y herramientas vinculadas con este arte. El negocio es un éxito, pero Del Vecchio no se conforma. Tres años después, deja de fabricar piezas y comienza a desarrollar monturas completas. Cuenta ya con 14 empleados. Y En 1967, mientras continúa produciendo productos semi-acabados para terceros, comienza a desarrollar la idea que le acaba catapultando al éxito: fabricar gafas completas para terceros. Leonardo acude a una feria del sector en Milán, y sus productos triunfan entre los asistentes por su originalidad, su diseño y su excelente manofactura. Tiene tanto éxito entre el público, y recibe tantos pedidos, que decide que tiene que empezar a vender sus propias gafas, bajo su marca. Pese al éxito, Del Vecchio sigue sin estar convencido. Cree que le falta mayor contacto con el cliente final, lo que le impide conocer mejor el sector y las necesidades del público. En 1974, soluciona este déficit con la compra de Scarrone, una distribuidora que estaba más que asentada en el mercado italiano, y que le permitía controlar la venta de sus propios productos. Ahora sí, el sueño estaba cumplido: controlaba todo el proceso, desde el diseño de las gafas, su producción y su distribución. Entramos en la década de los 80, en la que Luxottica da el salto definitivo. Comienza su expansión internacional, con una filial en Alemania, un país que también contaba con una amplia tradición en el campo de las gafas. Y es entonces también cuando entra en Estados Unidos, repitiendo la fórmula que ya había hecho y que repetiría después muchas veces: comprar una marca ya asentada. La elegida es Avantgarde, una compañía de gafas norteamericana, para lo que pide un importante préstamo. Abre cuatro nuevas fábricas, y contrata a más de 4.000 personas. En solo un año ya había devuelto el dinero. Del Vecchio mantenía a la empresa en constante crecimiento. Y, además, no dejaba de invertir en innovación, desarrollo y diseño. El objetivo seguía siendo fabricar las mejores gafas posibles. Perseguía la excelencia. Mientras tanto el proceso de expansión continuaba. Seguía adquiriendo empresas en Estados Unidos, al tiempo que abría sus propias filiales en Reino Unido, Francia y Canadá. Y cuando la década tocaba a su fin, otro movimiento revolucionario para la industria llevado a cabo por Leonardo del Vecchio. Ya tiene claro que las gafas son un accesorio de moda, una expresión de estilo. Y decide firmar un acuerdo con el diseñador Giorgio Armani, uno de los símbolos de Italia, para producir su línea de gafas. Esta colaboración, que se extendió durante 15 años inicialmente -la retomaron de nuevo en 2013-, fue el comienzo de una cartera de licencias con las principales marcas de moda de todo el mundo. Las gafas de cualquier firma de lujo que podamos imaginar están fabricadas por Luxottica: Versace, Tiffany, Prada, Ralph Lauren, Michael Kors… todas. En la década de los 90, se convierte en una empresa cotizada, saliendo a bolsa en Nueva York. El dinero ingresado con esta maniobra le da margen para seguir adquiriendo compañías del sector. Y es en ese marco en el que se producen los dos últimos grandes movimientos de Loxittica, que le consolidan como la marca de gafas más importante del mundo: la compra en 1999 de Ray-Ban, y en 2007 de Oakley. La marca estadounidense Ray-Ban, con más de 60 años de historia, tenía algunos de los diseños más icónicos del mundo. Era conocida sobre todo por el modelo Aviador, vinculado con los pilotos del ejército americano. Y sus diseños los llevaban famosos y artistas de todas partes. Estaba en crisis, y Luxottica aprovechó la oportunidad para hacerse con ella por unos 650 millones de dólares. Pero no solo se hizo con su pasado, sino que siguió invirtiendo en nuevos modelos que también se hicieron muy conocidos y consolidaron su imagen de estilo y libertad. En el caso de Oakley, la empresa de gafas deportivas más importante, también estaba pasando un mal momento en 2007. Viendo su debilidad, Luxottica lanza una OPA hostil sobre ella, comprándola por más de 2.000 millones. También fueron socios de Google para lanzar las famosas, innovadoras y olvidadas Google Glass. Para entonces, Del Vecchio ya había dado un paso al lado en la compañía. En 2004 deja al mando a Andrea Guerra. Sin embargo, dicen las malas lenguas que el fundador seguía teniendo la última palabra en todas las decisiones que se tomaban. Finalmente, en 2014, Del Vecchio se cansa y decide recuperar el control de la compañía. En 2018, cuando Del Vecchio tenía más de 80 años, toma la última gran decisión: fusionarse con la francesa Essilor, la otra gran compañía del sector, formando un gigante europeo valorado en más de 50.000 millones de euros. Hoy por hoy, es la empresa de gafas más grande del mundo, con más de 7.000 tiendas y casi 80.000 empleados. Además de en Luxottica, Del Vecchio también invirtió en importantes empresas inmobiliarias; en la aseguradora Generali, la más importante de Italia; y era el principal accionista de Mediobanca. Sus problemas con los principales directivos de estas empresas, con los que tuvo fuertes enfrentamientos e incluso intentó derrocar, fueron legendarios. Una carrera profesional tan larga y exitosa también tuvo momentos de crisis. Las autoridades antimonipolio tanto de Estados Unidos como de Europa siempre han tenido sus ojos puestos en Luxottica, aunque nunca han logrado acusarle. Los expertos consideran que ejerce un oligopolio que le permite subir precios a su antojo, con productos cada vez más caros, a pesar de su escasa evolución. Además, en 2009 tuvo que pagar una multa de más de 300 millones por evasión de impuestos. Del Vecchio, criado en un orfanato de Milán, llegó a ser la segunda persona más rica de Italia, solo superado por la familia Ferrero, la de los chocolates; y ocupó el puesto 52 de los más ricos del mundo, con una fortuna de casi 22.000 millones de euros. Su última esposa y sus seis hijos se repartirán el imperio heredado.
Leyendas y accidentes detrás del origen de Kellogg's
La centenaria compañía agroalimentaria Kellogg ha anunciado su escisión en tres empresas cotizadas, que operarán de manera independiente. Una incluirá las marcas relacionadas con los cereales y aperitivos en los mercados internacionales; otra acoge las enseñas más implantadas en Estados Unidos y Canadá; y la tercera agrupa los productos vegetarianos.Este es el último movimiento estratégico de una empresa que ha logrado convertirse en líder mundial, solo igualada por el gigante Nestlé. Una empresa que lleva desde su nacimiento, a principios del pasado siglo, tomando decisiones arriesgadas que le han llevado hasta su posición actual.Para entender el origen de la compañía hay que irse aún más atrás en el tiempo, a los años 80 del siglo XIX. Al seno de la familia Kellogg. John Harvey, el mayor de los hermanos, destacó desde muy pequeño por su inteligencia, estudió medicina, y ocupó un cargo destacado en el sanatorio The San, en Battle Creek, Michigan. Allí aprovechó su posición para contratar a su hermano Will, para el ala comercial de la institución, tras fracasar este en el negocio de escobas familiar. Su relación siempre fue complicada, marcada por una fuerte rivalidad, y por las constantes humillaciones del hermano mayor.En el sanatorio la relación no era mejor. John seguía menospreciando a su hermano menor constantemente, tratándolo como un lacayo. Pero fue gracias a una de estas tareas de poco valor que John le encalomaba a su hermano de las que surgieron los famosos cereales de desayuno.Era una época en la que empezaba a darse importancia a la nutrición y al cuidado de la alimentación. Una de las principales labores de John, y la que le dieron gran prestigio, era el desarrollo de dietas más saludables y fáciles de digerir. Tan talentoso era en su campo, que al complejo no solo acudían pacientes, sino también personalidades de la época, como Thomas Edison o Henry Ford, que trataban de mejorar su salud.Con una alimentación basada en alimentos de origen animal y muy grasos, en The San apostaban por algo más ligero. John, con la ayuda de su hermano, dedicaba mucho tiempo a investigar e innovar en alimentos más saludables, y que además tuvieran un sabor atractivo para los pacientes. Y los cereales jugaban un papel fundamental, ya que eran fáciles de digerir.Y aquí es donde se mezclan la realidad y las leyendas. La primera cuenta que na mañana en la que ambos hermanos estaban trabajando con trigo hervido, fueron requeridos para una urgencia. Desatendieron la cocina, lo que provocó que las láminas con las que estaban trabajando se secaran y se pusiesen durísimas. Intentan pasarlas por el rodillo para tratar de ablandarlas, y se parten en pequeños trozos. Quedaba poco tiempo para el desayuno y tenían que improvisar algo para que los pacientes pudiesen alimentarse.Solo tenían miles de trozos de copos aplastados, y muy duros. ¿Qué podían hacer? A la desesperada, deciden hornear estas pequeñas piezas, que quedaron muy crujientes, y servirlas con un vaso de leche que permitiera ablandarlas.Hay una segunda leyenda, más morbosa pero también más difícil de creer. John, perteneciente a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, era profundamente religioso. Una de sus principales cruzadas era contra el sexo en general, y contra la masturbación en concreto. Creía que esta práctica era responsable de hasta 39 enfermedades, y que provocaba daño físico, psíquico y moral.En su lucha contra los deseos sexuales -los ajenos y los propios, pues cuentan que ni siquiera llegó a consumar su matrimonio en los 40 años que duró-, la alimentación jugaba un papel clave. Creó una lista de comidas que podríamos llamar antiafrodisiacas. Para el doctor, cuanto menos sabor tuviera la comida y menor elaboración, más hacía por reducir el apetito sexual, y por lo tanto, más saludable se podía considerar.Y ahí entran en juego los cereales. Un alimento sencillo, simple y poco explotado hasta entonces. Experimentando con este producto, descubrieron los famosos copos tostados, de avena y maíz, que les daban a los pacientes con un poco de leche para que se ablandaran.Sea como fuere, los Kellogg tenían entre manos un alimento de éxito. A los pacientes les había encantado. Tanto, que muchos, cuando se iban del centro, encargaban numerosos paquetes para poder seguir desayunando este producto en su casa. Después, en una especie de comercio a distancia pionero, encargaban por carta cajas para que se las enviasen a domicilio. Lo dicho, un éxito.Ante la elevada demanda, John decide automatizar la producción y distribución de los cereales, de lo que se ocupa William.
Así eran las prisiones para morosos en la Edad Media
Aunque pueda parecer lo contrario, la morosidad no es un fenómeno reciente. Es más antigua incluso que el propio dinero, ya que hasta en la época del trueque y el intercambio de bienes, cuyo pago en ocasiones se aplazaba, ya se producían situaciones de impagos de deudas. Lo que ha evolucionado en este tiempo es la forma de tratar a dichos morosos. En aquellos tiempos pretéritos, las normas más primitivas, o incluso la inexistencia de las mismas, provocaban que estos conflictos acabasen resolviéndose por medio de la violencia, llegando en muchas ocasiones a provocar la muerte del moroso si no podía afrontar sus deudas. Con el paso del tiempo, las condenas por delitos de morosidad fueron evolucionando y humanizándose. En la Antigua Roma, podías acabar esclavizado para saldar una deuda pendiente. Más adelante, a los morosos se les humillaba en público para señalarlos y avergonzarles. El punto álgido de la persecución a los morosos quizá se alcanzase entre la Edad Media y la segunda mitad del siglo XIX, cuando se extendieron por Europa las llamadas prisiones para deudores. En ellas eran encerrados los morosos condenado y, en ocasiones, se fijaba un tiempo de estancia, aunque lo más normal era que los reos solo lograsen la libertad tras cancelar su deuda. El objetivo de estas condenas no era tanto hacer cumplir al sancionado con la obligación de pagar, sino presionarle para que acabase revelando bienes que tuviera ocultos o escondidos. En Europa fueron conocidas las prisiones para deudores de Alemania, que usaban este castigo como método para obligar a que pagasen y, en otras ocasiones, para que no pudiesen huir, y asegurar así su asistencia al juicio contra ellos. Llegar a este punto era muy deshonroso para el deudor. También en Países Bajos cobraron gran importancia estas edificaciones. Allí podían acabar los morosos que se negaban a comparecer en juicio, o los que no pagaban sus multas o deudas. Además, el paso por estas prisiones de deudores no cancelaba la cantidad debida ni sus correspondientes intereses. Malta o Grecia son otros países que también contaban con este tipo de cárceles. Pero las más famosas e importantes de Europa fueron las británicas. Entre los siglos XVIII y XIX, más de 10.000 personas eran detenidas cada año por culpa de la morosidad. Y como en tantos y tantos aspectos de la vida, dentro y fuera de la cárcel, los humildes lo tenían más complicado que los miembros de familias más pudientes. A los pobres, aunque estuvieran condenados por deudas míseras, les era imposible saldarlas y muchos acababan muriendo en prisión. Además, al ser una carga para los guardianes, que no tenían forma de aprovecharse de ellos, eran tratados con brutalidad. La única opción para ellos era la caridad. Para ello, se habilitaba en estas prisiones de deudores una habitación, con una reja que daba a la calle, a través de la cual podían pedir limosna a los transeúntes. Las condiciones eran algo mejores para los encarcelados bien posicionados a nivel económico, ya que muchos sobornaban a los guardias que, debido a sus bajos salarios, estaban abiertos a este tipo de acuerdos. Además, a estos acaudalados se les permitía recibir visitas e incluso hacer negocios, lo que aumentaba las opciones para saldar la deuda y conseguir la ansiada libertad. Las mujeres lograban mantener activos burdeles si sobornaban a los guardias. En algunas prisiones, como la famosa Fleet Prison de Londres, hasta les permitían vivir fuera de la cárcel, en las calles cercanas. Sin embargo, hasta para los más afortunados, la vida en estas prisiones estaba lejos de ser ideal. Lo contaba en una carta enviada a un amigo Samuel Byron, hijo del famoso escritor, allá por 1826. "¡Qué barbaridad puede ser mayor que los carceleros (sin que medie provocación) carguen de grilletes a los prisioneros, los encierren en mazmorras, los esposen, les nieguen las visitas de sus amigos y les fuercen a pagar cantidades excesivas por su alojamiento, vituallas y bebidas; que abran sus cartas y se apropien de las limosnas que les envían! (…) la prisión por deudas inflige una mayor pérdida al país, en forma de desperdicio de potencia y energía, que los monasterios y conventos en el extranjero y entre los pueblos católicos (…) Holanda, el país más incivil del mundo, trata a los deudores con benevolencia y a los malhechores con rigor; Inglaterra, en cambio, se muestra indulgente con los asesinos y ladrones, pero a los pobres deudores se les exigen imposibles". Algunas de las cárceles más famosas de Reino Unido, además de la citada Fleet Prison, fueron, por un lado, la cárcel de Marshalsea, en la que estuvo detenido el padre de Charles Dickens, por una deuda con una panadero, y que el escritor retrató con toda su crueldad en algunas de sus novelas; o, por otro, la King's Bench Prison. No obstante, la más conocida, sin duda, fue The Clink, quizá la prisión más antigua de Reino Unido. Perteneciente al obispo de Winchester, recibió su nombre por el sonido metálico que se producía cuando se cerraban las puertas de la cárcel. El nombre se utiliza aún hoy en día como sinónimo de estar en prisión. El general británico James Oglethorpe, miembro del Parlamento, conoció las condiciones de las prisiones de deudores a través de un amigo suyo, condenado por moroso. En 1728 presidió una Comisión de Investigación que descubrió que, como ya imaginaban, se debían mejorar las situaciones de estas cárceles y dar salida a los morosos detenidos, ya que dicha reclusión impedía poder recuperar el dinero que debían. Esta Comisión logró una modificación de las leyes, que hizo que muchos morosos fueran puestos en libertad, tal y como se había pedido. ¿Cuál era el problema? Que nadie contrataba a los deudores. Sin salida, muchos acababan delinquiendo para volver de nuevo a prisión. Otra vez Oglethorpe se puso a buscar una solución y la encontró al otro lado del Atlántico, en el llamado Nuevo Mundo. Junto a un grupo filantrópico creó el Patronato para el establecimiento de la colonia de Georgia. Así, solicitaron al rey, Jorge II, la carta real y la concesión de tierras para dicho establecimiento. De esta manera, la metrópoli ahorraba los gastos de manutención en la cárcel, se libraba de potenciales delincuentes, reforzaba sus posiciones en América y, por si fuera poco, con el nombre de la colonia, Georgia, se lanzaba un guiño al rey. En abril de 1732 aprobaron la propuesta. En noviembre de ese año, Oglethorpe partía rumbo a América con una tripulación formada por 100 colonos, en su mayoría morosos, pero también había reclusos perseguidos por cuestiones religiosas. Cuatro meses después de partir llegan a Savannah, que acabaría siendo la primera capital del Estado. Este era, por cierto, un territorio que reclamaban los españoles, que fueron los primeros en asentarse allí en una misión encabezada por Lucas Vázquez de Ayllón. Sin embargo, aunque tardaron poco en abandonarlo por el mal tiempo y las enfermedades. Fue Pedro Menéndez de Avilés, el 'adelantado', el que, a mediados del siglo XVI, consumó la conquista definitiva tras vencer a los franceses. No obstante, España, que no le veía gran valor a la región, ni siquiera protegió militarmente la zona, en manos de órdenes religiosas. El conflicto entre británicos y españoles acabó resolviéndose en la Guerra del Asiento, en la que vencieron los hombres de Oglethorpe. Además, el comandante inglés fue capaz de resolver de forma amistosa los problemas con los nativos. También estableció normas muy avanzadas para la época en la región, incluyendo la igualdad agraria, para apoyar y perpetuar la agricultura familiar, y, sobre todo, la ilegalización de la esclavitud. Durante 10 años, la colonia sobrevivió siguiendo la normativa desarrollada por Oglethorpe. Pero en cuanto este regresó a Londres, todo se vino abajo en aquel territorio de ideas utópicas. Sin esclavos, la mano de obra se reducía a la de los propios colonos. Una condición que, decían, limitaba su productividad respecto a la del resto de colonias. Sus vecinos de Carolina del Norte y del Sur prosperaban gracias al cultivo de maíz y arroz, explotando mano de obra esclava. Mientras que en Georgia no lograban producir lo suficiente como para exportar, y el alto precio de los productos importados les llevaba a recurrir al contrabando de productos españoles a través de Florida. Así, olvidando su pasado en prisión y las penurias que habían vivido, decidieron levantar la prohibición y recuperar a los esclavos. Aprendieron que esta era la fórmula más rápida para aumentar sus beneficios.
Del Big 5 al Big 4: la caída de Arthur Andersen
El sector de la auditoría y la consultoría vivió en 2021 un año excepcional. Fue uno de esos negocios que no solo no se vio afectado por la pandemia, sino que incluso se benefició por la crisis provocada por el coronavirus: muchas empresas se vieron obligadas a pivotar, a transformar sus modelos de negocio, para lo que necesitaron a asesores profesionales que les ayudasen en esta remodelación.El auge de este sector se ve muy claro si observamos los resultados de las conocidas como 'Big Four', las cuatro grandes firmas de este campo a nivel global. Hablamos de Deloitte, PwC, EY y KPMG. Estos cuatro gigantes facturaron unos 150.000 millones de euros a nivel global en 2021, el mejor dato desde 2002.Y no es una fecha cualquiera para este negocio, porque ese año, el 2002, es el año en el que el 'Big Five' se convirtió en el actual 'Big Four'. Ese fue el momento en el que cayó Arthur Andersen, la otra gran auditora global, arrastrada por su papel en el escándalo de Enron, el mayor fraude de la historia, y cuyas cuentas controlaba.Arthur Andersen nació en mayo de 1885 en Illinois, hijo de un noruego y una danesa que habían emigrado a Estados Unidos. Quedó huérfano a la edad de 16 años, por lo que tuvo que empezar a trabajar como cartero mientras acudía a la escuela nocturna. Con gran esfuerzo, logró licenciarse en administración y negocios, y con tan solo 23 años se convirtió en el contable más joven de Illinois.En 1913 se alía con su socio Clarence DeLany, y fundan en Chicago la consultora Andersen, DeLany & Co. Su primer cliente fue la cervecera Schlitz, que llegó a ser la más grande de Estados Unidos. Poco después abre en Milwaukee su segunda sede, y cambia el nombre a Arthur Andersen & Co, tras la renuncia de su socio.Andersen, que dirigió la firma hasta su muerte en 1947, trató de aplicar sus férreos principios a la firma. Creía en la educación como la base sobre la que debería desarrollarse la contabilidad moderna. Creó el primer programa de formación de la profesión, y apostaba porque los trabajadores siguieran formándose en horario laboral.También fue un gran defensor de la aplicación de altos estándares de honestidad y ética en el negocio. Y trataba de transmitirle esos valores a sus trabajadores. Cuenta la leyenda que una empresa ferroviaria, importante cliente de la firma, fue a Andersen para que firmase sus cuentas, bastante defectuosas. Andersen se negó asegurando que "no había suficiente dinero en la ciudad de Chicago para obligarle a hacerlo". La empresa de ferrocarriles despidió a Andersen para acabar quebrando poco después.El fundador fallece en 1947, y la firma queda al borde del colapso. Ahí emerge la figura de Leonard Spacek, que le sustituye en el cargo, a pesar de tener tan solo 39 años, aunque llevaba 20 en la compañía. Antiguo estudiante de la Universidad de Chicago, y totalmente alineado con los valores de su predecesor, apostaba por la transparencia y por mantener distancia con las empresas que auditaban.Spacek siempre defendió que Arthur Andersen debía ofrecer servicios de alta calidad, siguiendo el lema corporativo: "Piensa con claridad, habla con claridad". Estuvo en el cargo hasta 1973, y su mandato estuvo marcado por la apuesta por la internacionalización de la compañía. Abrió oficinas en 25 países, la plantilla aumentó hasta los 12.000 empleados, y la facturación pasó de 6,5 millones a 51 millones.Ya consolidada como una de las grandes firmas, en los 70 empieza a involucrarse cada vez más en la pata de la consultoría, cuyos beneficios eran muy superiores. Tanto, que en la década de los 80 se convierte en la compañía más grande del sector, con la rama de la consultoría aportando el 40% de los beneficios. Todo ello, mientras que los servicios de auditoría sumaban numerosos escándalos por denuncias de accionistas que les acusaban de no haber prestado la suficiente atención a las cuentas de empresas que acabaron quebrando.Esta situación comenzó a crear tiranteces en el seno de la empresa, ya que los socios especializados en la consultoría creían que no estaban recibiendo los beneficios que merecían. El conflicto acabó provocando en 1989 la escisión en dos compañías independientes, Arthur Andersen y Andersen Consulting.Sin embargo, la década de los 90 estuvo marcada por las tensiones entre ambas empresas, ya que los consultores, con un volumen de negocio muy superior, no estaban de acuerdo con las cantidades que tenían que seguir pagando a Arthur Andersen como parte del pacto de escisión.En esa época es también cuando los conocidos como 'Big Eight', que es como se conoció al grupo de grandes empresas de servicios a lo largo del siglo XX, se convirtió en las 'Big Five' tras un importante proceso de competencia, fusiones y adquisiciones. Y en estas estaban cuando estalló la madre de todos los escándalos en el sector. El caso Enron.Enron era una empresa estadounidense de energía, con sede en Houston. El 2 de diciembre de 2001 se declaró en quiebra. Facturaba, supuestamente, 100.000 millones de dólares al año, y contaba con activos por valor de 63.000 millones. El problema es que todo era mentira, que los datos estaban maquillados. Los pasivos se convirtieron en activos, los créditos se presentaban como ingresos y los beneficios estaban inflados.La compañía se hundió en bolsa. El valor de las acciones pasó de 99 dólares a tan solo uno. Y poco a poco fueron saliendo a la luz todos los fraudes contables de la compañía, que se vio obligada a declararse en bancarrota, la mayor de la historia en Estados Unidos.Arthur Andersen, que en aquel momento era un gigante con más de 80.000 empleados en todo el mundo, y que facturaba más de 9.000 millones, era la auditora de Enron. Y fue condenada por su participación en el escándalo, acusada de delitos de obstrucción a la justicia y destrucción de documentos relacionados con la quiebra de Enron y sus irregularidades.Las críticas se centraron en el conflicto de intereses entre una empresa auditora y los ingresos que recibe por consultoría de la empresa que debe auditar. ¿Puede ofrecer una opinión independiente si ingresa cientos de millones de esa compañía? Hay que recordar que Arthur Andersen ingresaba un millón a la semana de Enron por sus servicios, y el auditor principal, David Duncan, tenía importantes bonus por las ventas que registraba.Por si fuera poco, Duncan fue acusado de permitir que empleados de Enron acosaran a los auditores, como al que encerraron en una habitación hasta que no presentara una carta de respaldo para un crédito de 270 millones.Se descubrió además que en octubre de 2001, cuando ya sabían que Enron iba a anunciar malísimos resultados, el abogado de Andersen en la oficina de Houston aplicó la política de retención de documentos, que recomendaba destruir todos los documentos comprometedores. Además, Duncan exigió que el ritmo de destrucción fuera superior incluso al marcado por la normativa interna. En tres días destruyeron una cantidad de material sin precedentes, incluyendo la eliminación de correos electrónicos y archivos de ordenadores de la oficina de Houston y de otras sedes regionales.Andersen recibió una multa de medio millón de dólares, una cuantía menor, y además le prohibieron prestar servicios para empresas de la bolsa estadounidense durante cinco años. En cuanto fue condenada, la consultora estaba muerta. "Una empresa de servicios profesionales se basa en la confianza, y si esta se pierde, no hay nada que hacer", contaba Ángel Durández, presidente de la filial española de la compañía. Casi un siglo después de su nacimiento, el nombre de Arthur Andersen estaba acabado.El fallo acabó provocando el cese de todas sus actividades. A partir de ese momento, las sociedades de Arthur Andersen en los diferentes países fueron disolviéndose, y los equipos profesionales fusionándose o siendo absorbidos por otras compañías, al igual que los clientes.Curiosamente, en 2005 el Tribunal Supremo anuló la sentencia de obstrucción a la justicia, pero ya era tarde, no quedaba nada de la compañía.
El peso de la inflación en la caída del imperio romano
El problema con la inflación no solo es actual, es tan antiguo como el dinero. Es posible que en los primeros siglos no fueran conscientes de las dificultades que traían aparejadas las monedas. Y también es posible que los primeros en darse cuenta de que tenían que hacer algo con las subidas de precios fueran los romanos. De hecho, la alta inflación fue causante directa de la caída de su imperio.La economía romana era compleja, y llevaba sufriendo desde inicios de nuestra era. Es conocida, por ejemplo, la crisis del año 33, que se resolvió con el primer rescate de la historia. El imperio supera este revés, y sigue creciendo, hasta alcanzar su apogeo en el siglo II, con Trajano al frente. Expande las fronteras al máximo, llegando a alcanzar el océano Índico, lo que ni siquiera Julio César o Marco Antonio habían logrado.Pero tan pronto como alcanzó su auge, comenzó su decadencia. Roma necesitaba un ejército enorme, cada vez más grande, para poder proteger sus fronteras de los numerosos ataques e intentos de invasión que se sucedían, sobre todo en la frontera germánica. Y el coste era enorme.Esta decadencia comienza con la llegada al poder de Caracalla. Su padre, el emperador Septimio Severo, le dio un consejo a él y a su hermano en el lecho de muerte: "Vivid en armonía, enriqueced al ejército, ignorad lo demás". Caracalla se comprometió a cumplirlos, pero a su manera. Para empezar, se saltó lo de vivir en armonía y mató a su propio hermano, para poder gobernar en solitario.A lo que le hizo más caso fue a lo de enriquecer al ejército, subiendo un 50% el salario de los soldados. Tenemos por lo tanto un gasto disparado, a lo que tampoco ayudaban los faraónicos caprichos del emperador, como las gigantes termas que llevan su nombre.Para poder afrontar esas inversiones, el imperio necesitaba aumentar sus ingresos. Y tenía solo dos herramientas: aumentar los impuestos y devaluar la moneda. Y Caracalla apuesta por las dos opciones: duplica las tasas a las herencias, y devalúa la moneda.¿Cómo se llevaba a cabo este proceso? La moneda del imperio era el denario, que en tiempos se fabricaba con un 95% de plata y un 5% de otros metales de menor valor. Si reducías el nivel de plata en cada pieza, podías acuñar una mayor cantidad de monedas. Cuando Caracalla llega al poder, el porcentaje de plata era ya del 75%, por las devaluaciones de los anteriores emperadores. Pero él va aún más lejos: en tan solo un año reduce los niveles de plata hasta tan solo el 50%.Los gobernadores no eran muy conscientes de las consecuencias de estas decisiones. La mayor circulación de monedas, pero de menor valor, se tradujo en una importante subida de los precios por parte de los comerciantes, y el correspondiente aumento de la inflación, reduciendo el poder adquisitivo de los ciudadanos.La inflación llegó a superar el 1.000%, siendo mucho mayor en algunos lugares concretos del imperio. Por poner un ejemplo, entre el año 255 y el 294, el precio de los cereales se multiplicó por 20. La crisis era real.También se sumaba la gran inestabilidad política. Caracalla acabó siendo asesinado por su propia guardia. En 50 años se suceden 25 emperadores, casi todos alzados y depuestos por las armas -solo Hostiliano, que gobernó 6 meses, falleció por causas naturales-. Además, casi todos eran de origen militar, más preocupados por el estado de los ejércitos que por la gestión.En estas circunstancias llega al poder Diocleciano. Él y su gobierno no ven relación entre la crisis económica y la inflación y las continuas devaluaciones. Y tampoco con el gigantismo del estado. De hecho, en sus primeros 15 años como emperador aumenta el tamaño del ejército de 685.000 a 955.000 soldados. Y el número de funcionarios del estado se duplica, pasando de 15.000 a 30.000 trabajadores.Para ellos, la culpa es única y exclusivamente de los comerciantes y su especulación con el precio de los productos que venden, preocupados solo por sus beneficios. Era una historia que además contaba con la aprobación de los ciudadanos, porque preferían esta teoría a que les subieran los impuestos.Diocleciano no tenía apenas margen para más devaluaciones, porque las monedas apenas llevaban ya plata; ni para aumentar los impuestos, porque los contribuyentes ya estaban ahogados. Apuesta entonces por una reforma monetaria, que trata de estabilizar la moneda, y que tiene un efecto totalmente contrario, disparando de nuevo la inflación.Entonces decide apuntar de nuevo a los comerciantes, a los que compara con los bárbaros que amenazaban las fronteras, y les acusa de ser una amenaza para el imperio. En el año 301 lleva a cabo su gran obra en este sentido, al promulgar el Edicto sobre Precios Máximos, una norma que fijaba el precio máximo sobre más de 1.300 productos, además de establecer el coste de la mano de obra para producirlos.Fija una condena de muerte para los mercaderes que se salten esta medida. Y además les prohíbe llevar sus productos a otros mercados a los que pudieran venderlos a mayor precio. Y el coste de transporte tampoco puede usarse como excusa para incrementar los precios finales.¿Logró su objetivo? ¿Detuvo la escalada inflacionista? Para nada. Los precios que fijaba el edicto eran demasiado bajos, así que muchos comerciantes decidieron dejar de vender algunas mercancías, hacerlo en el mercado negro, o volver al trueque. Hay ciudades en las que el comercio desapareció completamente.Y como el edicto también fijaba los salarios, muchos profesionales, incluidos los tan poderosos soldados, vieron cómo con su sueldo su poder adquisitivo era cada vez menor.En estas circunstancias, fueron muchos los ciudadanos que decidieron abandonar las ciudades e irse a vivir al campo. Sin confianza en el comercio, apostaron por autoproducir todo lo que necesitaban, creando economías locales autárquicas. Muchos trabajadores, sin posibilidades de empleo en las grandes urbes, siguieron a estos nuevos terratenientes, provocando que muchas ciudades quedaran prácticamente abandonadas.Poco a poco la economía del imperio logró cierta recuperación, aunque lejos del esplendor vivido. Las ciudades nunca llegaron a recuperar la vitalidad, y el aislamiento facilitó el desmembramiento posterior del imperio romano. La tormenta perfecta provocada por el excesivo coste del ejército, los ataques bárbaros y la crisis económica provocada por la inflación acabaron definitivamente con el imperio romano. Su grandeza se desvaneció para siempre con su caída en el año 476. Se iniciaba una nueva era.
El ocaso de Tabacalera S.A: del monopolio público español al control británico
En 1875, pocos meses antes de su muerte, George Bizet estrenó la ópera Carmen, que incluye en uno de sus actos esta pieza que escuchan... Se trata del famoso aria Habanera, interpretado por Carmen, una gitana española que trabaja como cigarrera en la Fábrica de Tabacos de Sevilla, lugar en el que está ambientada la obra. El compositor francés decidió dramatizar así la historia contada en la novela homónima del escritor Prosper Mérimée. La ópera Carmen es una de las primeras representaciones artísticas que se hicieron sobre las cigarreras, todo un movimiento obrero que marcó el devenir de la industria a lo largo del siglo XIX.Pero todo comenzó mucho tiempo atrás. Durante la conquista de América, Rodrigo de Jerez y Luis Torres, dos marinos españoles que viajaban a bordo de la Santa María junto a Cristóbal Colón, descubrieron el tabaco en San Salvador. Los nativos se presentaron con hojas secas que desprendían una fragancia peculiar que no habían visto nunca. Poco después, la pareja de navegantes vio por primera vez a personas fumando en Cuba. Los aborígenes hacían un rollo con hojas secas de palma y maíz con tabaco en su interior que, al ser prendido, soltaba un humo que estos inhalaban.A su regreso, Rodrigo de Jerez quiso introducir este hábito en España a través de Ayamonte, su pueblo natal en la provincia de Huelva. Sin embargo, acabó siendo encarcelado durante siete años por la Santa Inquisición, ya que, por aquel entonces, se creía que sólo el diablo podría dar a un hombre el poder de expulsar humo por la boca. Unos años más tarde, en torno al 1510, gracias a la vuelta de muchos colonos, el tabaco empezó a llegar en grandes cantidades a España, comenzando su camino por Europa en una costumbre que se difundió poco a poco entre todos los estratos de la sociedad. Algunos científicos de la época intentaban hallar en el tabaco propiedades medicinales mientras que otros se atrevían a advertir ya de sus efectos nocivos para la salud.La abrumadora expansión del tabaco a lo largo del siglo XVI hizo que los gobiernos vieran las posibilidades de un gran negocio y la corona española, siempre necesitada de recursos, vio en el tabaco una posible fuente de ingresos. Finalmente, en 1636 se acabó decretando el estanco del tabaco, convirtiendo su venta en un monopolio para el estado. Hasta ese momento, en España había dos estancos mayores, y varios estancos menores, entre ellos, el del aguardiente, la pólvora, los juegos de naipes o el papel sellado.Sevilla tuvo la primera fábrica de tabaco de EspañaEl aumento del consumo de tabaco provocó una mayor fabricación y venta y la producción artesanal comenzó a ser sustituida por la industrial. Fue entonces, a principios del siglo XVII, cuando empezó a funcionar en Sevilla la primera fábrica de tabacos española en la Plaza de San Pedro. Esta tuvo varias ampliaciones a lo largo del siglo hasta su cierre en 1760. Prácticamente para entonces ya estaba construido el edificio que acogería la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. A Sevilla le sigue, por orden cronológico la Fábrica de Cádiz, puerta de regreso de España ante el Nuevo Mundo, y la de Alicante.La de Madrid llegaría más tarde. Las tres fábricas de tabaco existentes en España eran insuficientes para el abastecimiento de todo el país y a la capital llegaba muy poca producción. Por ello, en 1809, José Bonaparte ordena albergar la Real Fábrica de Tabacos de Madrid en un edificio construido veinte años antes en los terrenos que pertenecían a las huertas del céntrico convento de San Cayetano. Originalmente, este inmueble era sede de la Real Fábrica de Aguardientes y Naipes, junto a otros productos estancados, pero la elaboración del aguardiente le acabó siendo concedida a la condesa de Chinchón, que dio nombre al anís, y la de barajas de juego le fue otorgada al famoso Heraclio Fournier.Bonaparte recuperó la funcionalidad industrial del recinto y dio trabajo a más de 800 cigarreras madrileñas, cifra que creció exponencialmente con el paso de los años y el aumento de la población en la ciudad. El rey introducía en la capital mano de obra femenina, siguiendo la estela de aquel colectivo de cigarreras de Sevilla que Bizet retrató en su famosa ópera.Aunque en un principio este sector estaba reservado para los hombres, el aumento de la demanda, y una mayor exigencia por parte de los clientes respecto a la calidad del producto, hizo que la industria tirara de mano de obra femenina. En aquel entonces, las mujeres suponían una mano de obra más barata y, en principio, no solían presentar problemas de cara al trabajo. No obstante, acabaron protagonizando importantes movilizaciones y huelgas que las convirtieron en grandes iconos de la lucha obrera. En 1890, había ya más de 6.300 mujeres trabajando en la Real Fábrica de Tabacos de Madrid.1945: Franco crea Tabacalera S.A.En 1887, el estado decidió crear la Compañía Arrendataria de Tabacos, empresa pública que gestionó durante varias décadas el monopolio del tabaco en España. Todo ello, hasta 1945, momento en el que Franco decide sustituirla por Tabacalera S.A, una sociedad mercantil creada por el régimen para controlar la actividad del tabaco y timbre. Tabacalera era un entramado empresarial de diferentes sociedades, públicas, concesionarias y privadas, que abarcaban la producción, transformación, distribución y venta en expendedurías del tabaco y el timbre.Marcas tan emblemáticas como Ducados, Fortuna y Nobel pertenecían a este entramado. Ducados fue introducida en Tabacalera en 1963 y se caracterizaba por su sabor fuerte e intenso y porque sus consumidores eran en su mayoría hombres. En aquel entonces el mercado estaba dominado por Jean, por lo que Tabacalera aprovechó su influencia para retener dicho tabaco en las aduanas y facilitar la penetración de su propia marca. Con el aumento de mujeres en el mercado laboral, durante los años 60, los cigarrillos negros perdieron popularidad, ya que ellas detestaban el mal olor que dejaban en sus bocas.Por su parte, Fortuna nació a mediados de los setenta con la ambición de ser un producto refrescante, valiente y novedoso. Gracias al márketing y la publicidad, Fortuna fue durante muchos años la cajetilla más vendida en España. Según Merca2, llegó a vender 845 millones de cajas al año, una cifra que nunca llegó a igualar. La marca consiguió un gran impacto entre los jóvenes y las mujeres españolas y sus ventas llegaron a copar el 34% de la cuota de mercado a las puertas del siglo XXI.Altadis e Imperial: el ocaso de TabacaleraA finales de los 90, todo empezó a cambiar. Para el año 1996, Tabacalera era una compañía cotizada con un valor en bolsa de 1200 millones de euros y una ebidta de 130 millones, dependiente casi en exclusiva del mercado doméstico. Por su parte, las ventas en el extranjero no suponían ni el 10% en su cifra de negocio y pronto se iniciaron los trámites para su internacionalización. Así pues, en 1998 Aznar privatiza Tabacalera y ésta, tras fusionarse con la francesa Seita, acabó en 1999 convirtiéndose en Altadis.A partir de ahí, pasaron otros nueve años hasta que el grupo británico Imperial Tobacco decidió entrar en juego. En el año 2008, la compañía inglesa sacó la chequera y compró Altadis tras lanzar una oferta de 50 euros por acción. Así, Altadis pasó a ser una filial de una multinacional venida a menos por culpa de la entrada en el mercado de marcas baratas que desataron una guerra de precios.Así, la posición de Altadis se debilitó: pasó de facturar 4.058 millones en 2007 a 547 millones al cierre de 2015, según cuentas del Registro Mercantil. Una situación que se ha mantenido durante los últimos años: durante la última década, afectada por un descenso del consumo y varias leyes antitabaco promovidas por los gobiernos, la filial de Imperial acometió varios ERE, prejubiló a buena parte del personal y cerró, salvo una, todas las fábricas que le quedaban en España. En definitiva, el ocaso de lo que un día fue la gran joya de la corona.
Los Oscar, una maquinaria millonaria
Cuando las luces del cine se apagan, empieza la magia… y miles historias que se quedan para siempre en nuestra memoria. El cine, el llamado séptimo arte, es sin duda una de las industrias más reconocidas del mundo. Se trata de un sector cuyo máximo reconocimiento ha traído a la cultura popular una de las frases más icónicas de la farándula internacional: "And the Óscar goes to...".Hoy en día, la gala de los Óscar es uno de los eventos más esperados cada año en todo el planeta, una cita que acapara la atención mediática a los dos lados del charco. Aunque, como decían en Prometheus, "las cosas grandes tienen principios pequeños". Y la gala de los Óscar no es una excepción.Muchos se estarán preguntando: ¿Qué hacemos hablando de los Óscar dos meses después de que se celebrase la última edición de estos galardones? Pues bien, muy pocos saben que este mes se cumplen 93 años de la primera gala de los Óscar de la historia. Un 16 de mayo de 1929, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas decidió premiar a las mejores películas de 1927 y 1928. Todo ello, en un evento muy diferente al que hoy conocemos.Así fue la primera gala de los Óscar Los primeros Oscars, repartidos entonces en solo 12 categorías, se entregaron en una cena privada celebrada en el Hollywood Roosevelt Hotel de Los Ángeles a la que simplemente asistieron 270 personas. La ceremonia, como tal, duró tan solo 15 minutos y, por primera y última vez, no fue cubierta por ninguna radio, ni televisión, por lo que, salvo algunas fotografías, apenas hay documentación audiovisual de aquel histórico acontecimiento. La cinta que se llevó el primer Óscar a la Mejor Película fue Alas, una obra de cine mudo dirigida por William A. Wellman contaba una historia de amor que se vio truncada por la Primera Guerra Mundial.Pero el gran salto de los Óscar llegó en 1953, año en el que fueron retransmitidos por primera vez por televisión a través de la emblemática NBC. Aquella vez, la ceremonia tuvo lugar de forma simultánea en dos sedes diferentes ubicadas en Los Ángeles y Nueva York y fue el punto de inflexión en lo que a la atención mediática que estos galardones reciben por parte de la prensa y del público. Ese día, la actriz canadiense Mary Pickford hacía entrega del Óscar a la Mejor Película al director de 'El mayor espectáculo del mundo', cinta de trama circense que, pese a su reconocimiento, ha sido considerada una de las peores películas entre las que, a lo largo de la historia, se han llevado la más ansiada de las estatuillas.La NBC, como decíamos, fue la encargada de dar los premios hasta el año 1960, cuando pasó a manos de la ABC. Y aunque durante 1970 y 1976 la ceremonia volvió a su emisora original, la NBC, finalmente, a partir de 1977 el evento regresó a la ABC, cadena que hasta nuestros días ha retransmitido año a año una gala que mueve en los últimos tiempos una maquinaria millonaria. ¿Cuánto dinero supone organizar una gala de los Óscar?Una gala de los Óscar cuesta en torno a 42.8 millonesPues aunque cada año el coste total de los premios varía, la revista Forbes recoge que, por ejemplo, la gala celebrada en 2017 supuso un gasto de 42.8 millones de dólares. Ese año, se requirieron 250 personas trabajando en la oficina de producción, 270 técnicos durante la transmisión y, al menos, 100 vehículos que ayudaran a los equipos de producción, prensa y restauración.En los Óscar se cuida hasta el último de los detalles y la mayor prueba de ello es que su emblemática alfombra roja, la cual recibe el nombre de The Academy y mide 275 metros, se renueva cada año y supone un desembolso de 30.000 dólares. Hay algunos estudios que apuntan a que la cuantía total puede ascender hasta los 100 millones si se tienen en cuenta todos los eventos previos a los Oscars que se celebran durante la pretemporada. Dinero, dinero y más dinero.Y así, "como por arte de magia", como decía Michael Douglas en la aclamada Wall Street, el dinero invertido es rápidamente recuperado, con importantes beneficios, gracias a los ingresos publicitarios que genera la emisión de la gala por televisión. Se calcula que el coste medio para la transmisión de un anuncio de 30 segundos es de 2,1 millones de dólares, una cifra que, como curiosidad, dista mucho de los 4 millones que cuesta ese mismo spot durante la Super Bowl. Así, gracias a la publicidad, la cadena ABC logra ingresos que llegan a superar los 120 millones de dólares.¿Cobran dinero los ganadores de los Óscar? Pues no, no todo el mundo sale beneficiado en la celebración de la gala de los Óscar, al menos no de forma directa. Y es que muchos no saben que los ganadores de los Óscar, los actores y actrices incluso, las grandes estrellas de la noche, no reciben una compensación monetaria en el caso de ser galardonados.No hay premio económico para los afortunados. Sin embargo, un estudio elaborado por IBISWorld desvela que el premio Óscar puede hacer que el caché de sus ganadores crezca hasta un 20% a partir de la siguiente película que graben. No obstante, y esta es una de las grandes asignaturas pendientes de la industria, el caché no crece igual para ellos... que para ellas. En el caso de los actores, se calcula que pueden llegar a cobrar hasta 3,6 millones de dólares más en su siguiente proyecto, una cantidad que se aleja demasiado de los 500.000 dólares que, como máximo, asciende el salario de las actrices. Una lucha que muchas intérpretes, entre ellas la gran Meryl Streep, no dejan de reivindicar.Este foco mediático que supone los Óscar también afecta a las propias películas. Para empezar, se estima que cinco nominaciones para un largometraje supone un incremento de 60 millones de euros en los ingresos generados en taquilla. En el caso de alzarse con la preciada estatuilla, este aumento asciende a un incremento del 20% justo después de la ceremonia.Avatar, la película premiada más cara de la historiaY de entre todas las películas de la historia del cine hay una que llegó para romper todos los esquemas: Avatar, el largometraje de ciencia ficción dirigido por James Cameron, es a día de hoy la cinta más cara que ha sido premiada en los Óscar. El presupuesto oficial de la película es de 237 millones, aunque algunas estimaciones la sitúan entre los 280 y los 310 millones de dólares.Una inversión que, en este caso, fue revertida con creces, ya que Avatar se convirtió en muy poco tiempo en la película más taquillera de la historia con una recaudación que supera los 2.800 millones de dólares. Aunque hace unos años, la entrega Endgame de Los Vengadores le robó el récord, en 2021, el regreso de Avatar a algunas salas de cine de China la volvió a poner en cabeza.La estatuilla del Óscar solo cuesta 1 dólarDinero, dinero y más dinero. Sin embargo, hay una curiosidad que muchos ignoran. Y es que el objeto más deseado de los Óscar, la estatuilla dorada del guerrero, no tiene ningún valor económico. ¿Cómo es posible? El trofeo más importante de Hollywood pesa 3,85 kilos y mide 34 centímetros. Y aunque es de bronce bañado en un oro mineral de 24 quilates, y su coste de fabricación es de unos 500 dólares, su precio legal es de un solo dólar.Para explicarlo, hay que remontarse al año 1950, año en el que la Academia estableció por ley que los ganadores del Óscar, y sus herederos, tienen prohibido venderlo sin antes ofrecérselo a la propia organización por valor de un dólar. Si el ganador se niega a firmar esta cláusula, la Academia se quedará con el premio.A pesar de todo esto, hay estatuillas anteriores a la norma que no están protegidas por ley y que han sido vendidas en grandes subastas. Llama la atención el caso de Michael Jackson, que llegó a pagar casi 1,5 millones de dólares por el Óscar a la Mejor Película que en 1940 se llevó Lo que el viento se llevó.El dinero que deja los Óscar en Los ÁngelesFinalmente, toda esta maquinaria que supone un evento de la magnitud de los Óscar proporciona grandes ingresos para la propia ciudad que lo acoge. Se calcula que Los Ángeles, la ciudad de las estrellas, ingresa 118 millones de dólares durante la celebración de la gala de los Óscar por todo lo que se mueve alrededor de la cita. Sin embargo, esa cifra es mucho más alta si se tiene en cuenta la cantidad de visitantes que recibe la región californiana a lo largo de todo el año con el atractivo de Hollywood y su paseo de la fama por bandera.¿Pero pueden estos visitantes, puede el público de a pie comprar entradas para asistir a la ceremonia de entrega de los Óscar? Aunque últimamente hay quien se pega dentro de la propia gala [Will Smith y Chris Rock], hay quien mataría por una butaca en el Dolby Theatre que acoge el evento. Lamentablemente, esto es prácticamente imposible, ya que las entradas que se pueden conseguir son muy pocas y están destinadas a invitados de los nominados. En una entrevista reciente, Antonio Banderas desveló que llegó a pagar 750 dólares por cada pase extra que adquirió para dos familiares, ya que la Academia solo permite un acompañante por invitado.Y es que nadie se quiere perder la fiesta más importante del cine, aunque son muy pocos los privilegiados que pueden colarse en ella. Todo el mundo querría ser testigo de una de las citas más glamurosas del año y que, sin duda, más dinero mueve, dentro y fuera de Estados Unidos.
Auge y caída del Teletexto, un servicio pionero para inversores
Hay un lugar donde encontrar las noticias del día, los resultados deportivos, los números de la lotería o las previsiones del tiempo. Y no es Google, sino el Teletexto, una herramienta presente en los televisores de todos los españoles... al menos de momento.Se trata de un invento británico, implantado en primer lugar por la prestigiosa BBC en los años 70. A España tardó un poco más en llegar. No fue hasta mayo de 1988, hace ahora34 años, cuando se pudo empezar a consultar el Teletexto en las 'teles' más modernas.El Teletexto era un sistema muy rudimentario, muy básico, al que se accedía con el mando de la televisión. Era, y sigue siendo, completamente gratis, pero requería un descodificador, que costaba unas 15.000 pesetas, o contar con un aparato que ya lo trajese incorporado, que costaban entre 120.000 y 180.000 pesetas, siendo los primeros de Sony o de ITT.España era por entonces un país con tan solo dos canales, la 1 y la 2, y ellos fueron los que lanzaron aquella primera versión. A pesar de los años que han pasado, el diseño era muy similar al actual, marcado por las limitaciones que imponía una interfaz con pocos colores, escasa tipografía y reducido espacio.La cadena pública invirtió 500 millones de pesetas, unos 3 millones de euros, en el proyecto. Una cantidad que recuperó rápidamente, según contaba entonces un directivo del canal, gracias al incremento de audiencia, ya que para poder consultar el Teletexto era necesario acceder al canal.Poco después llegaron las televisiones autonómicas y privadas, y con más o menos brío, también fueron lanzando sus propios servicios de Teletexto. Que eran, en forma y fondo, bastante similares. Lo dicho, estaba marcado por las limitaciones.Como si de una web prehistórica se tratase, se organizaba en páginas, a las que se accedía desde el mando con códigos de 3 cifras, que iban del 100 al 888. Y el paso de una a otra tenía el problema de que era bastante lento.Para facilitar la "navegación", todas esas páginas estaban divididas por categorías. ¿Qué se podía encontrar en el Teletexto? Principalmente, noticias. La información era la prioridad con la que nació. Información nacional, internacional, económica, deportes... Era como tener un periódico interactivo en la televisión.Por ejemplo, en una época en la que era muy difícil conocer los resultados de fútbol en tiempo real, en la que la jornada de liga no se emitía por televisión... el Teletexto permitía ver fácilmente el marcador de cada partido en directo.En el caso de las noticias económicas su labor fue fundamental, sobre todo en lo relativo en la inversión en bolsa. Hoy puede sonar raro, porque con internet podemos consultar la cotización de cualquier valor del mundo, en cualquier buscador, o en medios, como elEconomista. Pero en aquella época solo se podía consultar la información bursátil comprando el periódico, en papel, al día siguiente. También había algún programa de radio o televisión que informaba de la evolución de la bolsa, pero coincidiendo con su programación. Pero el sueño de los inversores de conocer las cotizaciones en tiempo real, actualizadas al momento, solo podía hacerse por teléfono, llamando a su broker, o acudiendo en persona al edificio de la bolsa.Y el Teletexto fue una revolución en este sentido. Permitía consultar la cotización de los principales índices bursátiles y sus títulos casi en tiempo real, con un decalaje de unos 15 minutos. Igual que ahora se puede hacer con Bloomberg, aunque es una aplicación que vale miles de euros al año. Incluía además información muy útil sobre los volúmenes negociados, y sobre todo tenía una sección sobre las acciones que mejor y peor se había comportado. Este dato es clave para calcular la beta de una acción. Permite medir el grado de correlación de una acción respecto a su propio índice, por lo que es muy útil para los analistas e inversores. Es una forma de calcular el riesgo sistemático o de mercado. Cuanto más volátil sea una acción respecto al índice del mercado, mayor será su riesgo de mercado.El Teletexto también ofrecía información de servicio, como las previsiones del tiempo en toda España, el estado del tráfico, la programación de televisión, la agenda cultural, los resultados de loterías, ayudas públicas... Pero también había espacio para contenidos más ligeros, como podía ser el horóscopo diario, crucigramas o un primitivo servicio de mensajería, con el que la gente podía hacer algo parecido a chatear con desconocidos. Y datos aún más 'frikis', de relativo éxito, como el estado de los embalses o los precios agrarios.Sin embargo, hay que destacar el papel clave que jugó el Teletexto para facilitar la accesibilidad de las personas sordas, ya que les permitía subtitular programas y series, incluso en directo en algunos casos.Por supuesto, y de cara a maximizar los ingresos del Teletexto, que requería contar con un equipo de personas que lo mantuviese vivo y actualizado, esta herramienta contaba también con publicidad, que en su momento álgido permitieron a las cadenas ingresar hasta 6 millones de euros al año.. De hecho, en los de las privadas aún se pueden ver anuncios, siendo los más destacados ahora mismo los de una conocida empresas de alarmas.Pero como en la prensa de la época, la principal fuente de ingresos estaba relacionado con los anuncios breves. El tarot es lo más habitual. Son constantes los teléfonos, la mayoría de tarificación especial, que se suceden de echadores de cartas, adivinadores, futurólogos... Es lo que más aparece a lo largo de las casi 800 páginas de este servicio. En su momento álgido también había anuncios de empleo, de contactos...Aunque los audímetros que sirven para medir las audiencias de televisión no permitían conocer el uso del Teletexto, sí que se realizaron numerosas encuestas a lo largo del tiempo para medir su popularidad. En su momento álgido, más de 10 millones de personas decían utilizar este servicio. El último estudio disponible, de 2019, aseguraba que más de 2 millones de personas seguían accediendo diariamente.Como tantos y tantos negocios y servicios, la llegada de internet y los smartphones se lo llevó por delante. En Inglaterra, por ejemplo, la BBC ya anunció el fin de este servicio. En España, aunque está de capa caída, aún nadie ha dado el paso, y mantienen el Teletexto, aunque con plantillas muy reducidas y servicios recortados.Las infinitas posibilidades que ofrece la web dejaron al Teletexto como algo obsoleto, limitado y muy lento. Si alguien quiere saber qué estrena hoy Netflix, saber el resultado de cualquier partido de fútbol del mundo, o ver si mañana lloverá, saca su teléfono del bolsillo y lo consulta.Para los nostálgicos, hay aplicaciones móviles y páginas web que permiten consultar el teletexto de cualquier canal del mundo, que suman cientos de miles de descargas en las principales tiendas de apps.Pero con cada vez menos gente sin acceso a internet, y con la aparición de nuevas aplicaciones que facilitan la accesibilidad para las personas sordas, el futuro del Teletexto es cada vez más oscuro.
William '520%' Miller, el estafador que inspiró a Ponzi
El esquema Ponzi es una estafa con más de un siglo de historia, pero que sigue plenamente vigente. No solo eso, sino que con internet, las redes sociales y las criptomonedas parecen estar viviendo un nuevo auge. Es fácil encontrarnos en Facebook o en Instagram a gente contando las ventajas y virtudes de algún tipo de inversión. ¿Por presumir? No, para tratar de captar a nuevos usuarios.Porque hace cien años, y ahora, la base de este fraude es la misma: atraer a nuevos inversores, prometiendo rentabilidades altísimas, que paguen las ganancias de los más antiguos. Este tipo de estafas pueden llegar a mantener la ilusión durante mucho tiempo, haciendo creer que son negocios sostenibles, con beneficios fruto de movimientos exitosos, siempre que la mayoría de inversores no exijan el pago total.Este tipo de fraudes, cuando no son detectados y frenados por las autoridades, pueden finalizar de varias formas: porque el operador desaparece, llevándose todo el dinero; cuando el número de nuevos inversores disminuye y ya no se pueden cumplir con los beneficios prometidos; o cuando la economía se hunde y provoca el colapso del esquema, como pasó con Bernie Madoff en 2008.Una parte del funcionamiento de los esquemas Ponzi se comparte con las estafas piramidales, muy similares en general, pero con algunos matices que las diferencian. Así, mientras con Ponzi el objetivo es lograr nuevas inversiones de los estafados ya captados, en el caso de las pirámides la clave es lograr un sistema de red que atraíga a nuevos usuarios dispuestos a invertir.A lo largo de los años ha habido estafas con el sistema Ponzi de gran notoriedad. Uno de los más recientes es el de OneCoin, cuyo creador aseguraba que su valor iba a superar el del BitCoin. Han muerto recientemente Bernie Madoff, responsable del mayor fraude de este tipo; y Lou Pearlman, antiguo manager de bandas como Back Street Boys o Nsync, que también desarrolló un fraude de este tipo. La estafa de los quesitos afectó a víctimas en Perú y Chile. En Argentina fue famosa la estafa de 'El Telar de la Abundancia', que afectó incluso a actrices famosas.Estas son versiones modernizadas y adaptadas a sus tiempos de un fraude que, en realidad, se llevaba a cabo desde mucho antes, basados en la fórmula conocida como 'Robar a Pedro para pagar a Pablo', o 'Tomar prestado a Pedro para pagar a Pablo', que se acabó llamando 'la maniobra de los apóstoles', y que ya se conocen desde el siglo XVIII.En aquella época destacaron los casos de la actriz Adele Spizeder o de Sarah Howe... Y en España el de Baldomera Larra, hija del escritor Mariano José de Larra, y la primera estafa de este tipo conocida en nuestro país.Pero en la historia de esta estafa hay dos personajes fundamentales históricamente. El primero es Carlo Ponzi, a la postre el que acabaría dándole nombre al fenómeno. El fue además el que lo internacionalizó y le dio fama mundial. En los años 20 del pasado siglo, en Boston, este inmigrante italiano fue capaz de captar entre 15 y 20 millones de dólares de la época. Para ello, prometía rentabilidades del 50% en tan solo 45 días.Aseguraba que podía lograr estos beneficios gracias a sus inversiones en cupones de respuesta internacional. Este era el sistema que utilizaban los emigrantes para que sus parientes europeos, empobrecidos, pudieran responder a su correspondencia.Durante los primeros meses, el negocio funcionó con éxito, un aspecto clave para que este fraude funcione. Colas de gente se acumulaban a las puertas de su oficina para invertir. Pero tras una investigación periodística y otras de las autoridades, descubrieron que detrás de la empresa no había nada. Que ni siquiera había invertido en dichos cupones de respuesta internacional.Preocupados, los inversores trataron de recuperar su dinero... y ya fue imposible. Ponzi acabó en la cárcel, exiliado de vuelta a Italia, y falleció a los 66 años, en Brasil, viviendo casi en la pobreza.La otra figura clave en la evolución de esta estafa es William F. Miller, que fue el inspirador del propio Ponzi, y el primero en modernizar el fraude. Este contable de Brooklyn, a principios del Siglo XX, fue arrestado por desarrollar un esquema Ponzi... antes incluso de que se llamase así.Regentaba un negocio, Franklin Syndicate, que prometía rendimientos semanales del 10%. Una loquísima rentabilidad que le valió el apodo de 'Mister 520%'. Aseguraba que había descubierto los secretos de Wall Street, que contaba con información privilegiada.Los primeros inversores a los que convenció fueron compañeros suyos en un club de estudio de la Biblia en el que participaba. Estos recibieron sus reembolsos rápidamente, patrón que ya hemos visto en casos anteriores. La voz se fue corriendo, fue ganando fama, y llegaron a ser miles de personas las que decidieron meter sus ahorros en el negocio de Miller.El dinero llegaba a espuertas. En su mejor mes llegó a recibir 430.000 dólares, y en total el monto captado rondó el millón, lo que equivale a unos 25 millones actuales. Pero como el ritmo de reembolsos era imposible de mantener, pronto se vio en problemas. Consciente de que no tenía escapatoria, diseñó su plan de huida. Para ello, contrató a un abogado, Robert Amonn. Le entregó 240.000 dólares, supuestamente los últimos que le quedaban. Y le encargó una labor: que le hiciese pagos regulares. Con la orden dada, huyó a Canadá. El abogado, otro buen estafador, no llegó a hacer ni un envío.En febrero de 1900, Miller acabó siendo detenido, y condenado a 10 años de cárcel. Pero en prisión cambió, decidió convertirse en una persona más honesta, y alejarse del camino del crimen. Logró ser liberado en solo 5 años, y al salir puso una tienda de alimentación en Long Island.Con su experiencia a cuestas, fue uno de los primeros en advertir sobre la estafa de Ponzi. Cuando fue preguntado por un periodista del New York Evening World, cuestionó cómo Ponzi era capaz de ganar tanto dinero en tan poco tiempo, semanas antes de que su tinglado se desmoronara.
La loca burbuja económica de los peluches
Conocemos las burbujas económicas desde hace siglos. Las hemos visto de todo tipo. De repercusión local, como la burbuja Poseidón, en Australia; continentales, como la asiática a finales de los 90, o mundiales, como la crisis subprime. De activos tangibles, como las muchas vinculadas a la vivienda o al tren; o intangibles, como la puntocom. La de los cómics, la de los tulipanes... Pero igual ninguna burbuja fue tan aparentemente inexplicable como la de los peluches Beanie Babies.Para entender esta burbuja hay que comenzar por el principio, muy por el principio. Ty Warner nació en 1944, en Chicago. Hijo de un vendedor de juguetes y una pianista, tuvo una infancia complicada. En los años 60 trató de convertirse en actor, para lo que se trasladó a Los Ángeles.La experiencia no le sale bien. Sobrevive con trabajos menores, como aparcacoches, o vendiendo cámaras o enciclopedias a puerta fría. Tras cinco años, decide abandonar la ciudad de las estrellas y volver a Chicago. Allí empieza a trabajar en Dakin, una juguetería, en la que precisamente había trabajado su padre.Se convierte en un gran vendedor. En el mejor de la compañía. Gracias a las comisiones, su salario llegó a superar las seis cifras algunos años. Sus compañeros destacan que tenía una gran intuición para detectar cuáles eran los juguetes que más éxito iban a tener. Pero su aventura acaba mal, porque descubren que está vendiendo productos ajenos a la compañía. Lo despiden de inmediato.Estamos en el año 1980, y con los ahorros acumulados decide irse a Italia a ver a unos amigos. Le gusta tanto que acaba quedándose allí 3 años, viviendo la vida. Y allí descubre un gato de peluche que no había visto nunca antes.Con esa idea en la cabeza, vuelve a Chicago. Y en 1986, con sus ahorros, la herencia que le deja su padre y una hipoteca sobre su casa, monta su propia empresa de juguetes, Ty Inc. Y su primer producto, no podía ser de otra forma, es un gato de peluche, que se fabricaba en Corea. Pero para el relleno, en lugar de utilizar la tradicional espuma o algodón, apuesta por bolitas de PVC. Además, les ponía menos relleno del habitual, que podía dar imagen pobre. Hay quien decía que parecía que les había atropellado. Pero en realidad esa fórmula facilitaba que los peluches se quedasen apoyados, lo que aumentaba su realismo.El resultado fue un éxito. Y en la feria del juguete de Atlanta alquila una mesa, y en tan solo una hora generó ventas por valor de 30.000 dólares. Sabía que tenía un buen producto entre manos.La empresa va bien. Y en 1993 lanza un nuevo producto, los Beanie Babies, que son versiones del tamaño de la palma de una mano de sus peluches originales. Los vende por 5 dólares, un precio que por entonces se consideraba que solo podía ser para juguetes de mala calidad, basura, por lo que el impacto es aún mayor.Los presenta en la Feria Mundial del Juguete, en Nueva York. En un primer momento las ventas no arrancan, y hasta hay cadenas que se niegan a venderlos. Pero gracias al boca a boca, su popularidad va creciendo. En Chicago se convierten en todo un fenómeno, que supera incluso a productos de moda como los relacionados con las Tortugas Ninja.Otro aspecto que ayuda a consolidar su éxito son las etiquetas. Estos pequeños peluches contaban con dos etiquetas, una en forma de corazón, y otra de tela en la parte inferior. La etiqueta colgante tenía un espacio con un "para" y un "de", lo que las hacían perfectas para regalos. A partir de 1996, esas etiquetas incluso incluyen pequeños poemas.Cuando el éxito se consolida, y ya no solo es local, sino que alcanza a todo Estados Unidos y a parte del extranjero, Warner cambia de estrategia. Porque su objetivo no era conquistar a los niños, sino ganar dinero, hacerse rico. Así, comienza a limitar deliberadamente la producción de estos peluches. Y no solo eso, sino que además no le ofrecía la colección completa de muñecos a ninguna tienda: a unas cadenas les ofrecía unos personajes, y a otras, el resto.Con esta estrategia, Ty Inc logra su objetivo: convertir un popular juguete para niños en un artículo raro, en un producto para coleccionistas. Y para especuladores. La sensación para los compradores interesados era que el producto estaba siempre agotado, o que era complicadísimo completar la colección.La escasez se convierte en el elemento clave del modelo de negocio de la compañía. En el momento álgido, llegaron a retirar previamente peluches por valor de 100 millones de dólares, que guardaban en un enorme almacén. Warner era un genio jugando con la oferta y la demanda.Y así, esos ositos, y otros pequeños animales, que se vendían por 5 dólares en tienda, se revendían fácilmente por 15 dólares. Y después, por cientos. Y en plena ola especulativa, en el mercado secundario se podían vender hasta por miles de dólares.Las colas en las tiendas cuando se anunciaba la llegada de un nuevo peluche eran enormes. Se veían a adultos pegarse, literalmente, por conseguir los Beanie Bears. La gente de verdad creía que con la revalorización de estos muñecos iba a poder comprarse una casa, o pagar la universidad de sus hijos.El relato, tan famoso hoy, fue clave también en el éxito de los ositos. Contaba un antiguo directivo de la compañía que la principal virtud de Warner era que "era un maestro en vender mierda inútil a la gente y hacer que pareciera realmente importante".Tan loco era todo que un coleccionista llegó a comparar a los Beanie Babies con los cuadros de Picasso, para explicar lo que estaba pasando con los precios. "Si el fenómeno continúa creciendo, como creemos que va a pasar, dentro de diez años, los precios impactantes de hoy pueden parecer bajos. También la gente se sorprendió cuando los cuadros de Picasso se vendieron por un millón de dólares, y ahora lo hacen por 25 millones". Una teoría sin fisuras.La fiebre de los Beanie Babies se vio favorecida por una tecnología recién surgida en aquella época, que fue clave en los precios que alcanzaron estos peluches: Ebay. La plataforma acababa de nacer, y sus éxitos fueron paralelos. En 1997, subasta ositos por valor de 500 millones de dólares. Un año después, el 10% de las ventas totales cerradas en Ebay son los famosos ositos de peluche.La llegada de la plataforma, y los muchos novatos que accedieron al mundo de las subastas, también colaboró al artificial incremento de los precios de los peluches. Desconocían el mercado, desconocían el sistema, y acababan pagando miles de dólares.Otro momento cumbre se vivió en 1997, cuando Ty Inc se alió con McDonald's para lanzar una edición especial llamada Tennie Beanis, para celebrar el aniversario del nacimiento del Happy Meal. Vendieron 100 millones en diez días. Cuenta la leyenda que los mendigos dejaron de pasar hambre por la cantidad de hamburguesas que les donaba la gente. No querían la comida, solo el peluche.El éxito y el dinero que estaban moviendo, por supuesto, también se tradujo en un incremento de delitos relacionados con estos peluches. Contaba un reportaje del New York Times de 1998 que en aquellos meses se habían disparado la presencia de falsificaciones; las estafas, que también se valían del inicial auge de internet; el contrabando, los robos... Contaba un vendedor de una tienda de Los Ángeles, atracado a punta de pistola, que el ladrón ni miró la caja registradora, que lo único que se llevó fueron... 40 ositos de peluche. Lo más grave es que incluso hay documentado un caso de asesinato. Se produjo en Virginia Occidental, después de que un hombre disparase a un excompañero de trabajo, presuntamente por una deuda relacionada con los Beanie Babies.Aquel 1998 los analistas ya eran conscientes de que había una burbuja con estos peluches, que los precios no tenían sentido ni estaban justificados. Ty Inc registró ventas aquel año por valor de 1.000 millones de dólares. Aún así, y a pesar de las advertencias, en 1999 las ventas siguieron creciendo.Como en toda burbuja, hay personas que llegaron a ganar millones de dólares especulando. Y como toda burbuja, estalló. ¿Qué pasó? Todo estalló una noche de 1999. Ty Inc anunció que iba a dejar de producir algunos de peluches. Y no pasó nada. El mercado secundario no se movió, las subastas en Ebay no cambiaron... el valor no subió.Recuerda Zac Bissonenette, experto en este fenómeno, en su libro 'The Great Beanie Baby Bubble', que las burbujas se basan en una subida de precios constante, y que una vez que desacelera, colapsa. En 1999, todas las personas que querían ser coleccionistas de Beanie babbies ya lo eran. La demanda no iba a seguir creciendo. Y los precios no iban a subir más.Los coleccionistas entraron en pánico, y corrieron a Ebay a poner a la venta todos sus peluches antes de que empezasen a bajar de precio. Pero era tarde. Inundaron la plataforma de ositos, creando un superávit masivo. Su valor se hundió.
30 años de la Expo 92: el legado económico que dejó en Sevilla
Ocurrió hace 30 años. Una hora y un día para la historia. Hace 30 años, el rey Juan Carlos de Borbón daba el pistoletazo de salida a la Expo de Sevilla de 1992, un evento que, sumado a la cita olímpica de Barcelona de ese mismo año, haría que la historia de nuestro país cambiaría para siempre.España dijo al fin 'hola' al mundo, con importantes transformaciones para Barcelona y Sevilla a todos los niveles. En el caso de la capital andaluza, la que nos atañe en esta ocasión, su designio como sede de este evento internacional comenzó unos diez años antes, cuando el que el Ayuntamiento de Sevilla aprobó la petición de apoyo para acoger este acontecimiento.En ese momento, arrancó el camino hacia la Expo del 92 con todas las instituciones gubernamentales del país volcadas para conseguir que, a nivel urbanístico y de infraestructuras, la ciudad lograse luz verde por parte de la Oficina Internacional de Exposiciones. Y aunque en un principio la Expo iba a ser compartida con Chicago, en junio de 1985 la ciudad americana comunica problemas organizativos que, en diciembre de ese mismo año, dejan a Sevilla como única sede de la exposición.La Expo del 92 tenía su propio himno y una mascota con nombre propio: Curro fue la mascota oficial de la Expo de Sevilla, un carismático pájaro con patas de elefante, y una gran cresta y pico de colores, que fue creado por Heinz Edelmann. Curro hacía referencia al diminutivo del nombre de Francisco en Andalucía y, a la vez, suponía un homenaje del creador hacia su perro, un chihuahua llamado Francis. La mascota consiguió ganarse el cariño de los españoles, convirtiéndose en el mejor embajador de Sevilla por todo el mundo. Su figura, enseguida, se encumbró como un icono que, todavía hoy, forma parte de la memoria colectiva del país.Así se transformó Sevilla para 1992Y de un pájaro.... a otro. El del tren de alta velocidad, el famoso AVE, que llegó a España de la mano de la Expo con una primera línea entre Madrid y Sevilla, que unía las estaciones de Atocha y Santa Justa con paradas en Ciudad Real, Puertollano y Córdoba. La llegada del AVE fue clave, ya que unía la capital del país con Sevilla, sede de la exposición, en apenas un par de horas.Este no fue, ni mucho menos, el único avance. Durante los años previos, se construyeron carreteras que hicieron ganar a Adalucía 1.000 kilómetros de vías de alta capacidad. También se instalaron varios puentes por Sevilla que articularon la movilidad en la ciudad y se amplió el aeropuerto de San Pablo. En Sevilla, gracias a la expo, todo cambió.La muestra hizo que se recuperara para la ciudad la, hasta entonces abandonada, isla de la Cartuja. Allí, en unas 250 hectáreas, se construyeron los diferentes pabellones en los que se celebraría la exposición. En esos terrenos, se ubicaba el Monasterio de la Cartuja, un edificio emblemático habitado por Cristóbal Colón, y en el que llegó a estar enterrado, que fue reformado como emblema para la ocasión.El gafe de la Expo a las puertas de la inauguraciónY el sueño de la Expo, que conmemoraba el quinto aniversario de la conquista de América, se hizo realidad después de varios imprevistos que casi estropean la fiesta. En noviembre de 1991, se botó en el pueblo onubense de Isla Cristina una réplica del histórico barco Nao victoria que acabó hundiéndose a los 20 minutos de viaje hacia Sevilla con una actriz disfrazada de Curro que tuvo que ser rescatada en mitad del naufragio.La nave fue finalmente reparada y colocada junto a las carabelas de Colón en el famoso pabellón de la Navegación durante la muestra. Pocos meses después, un incendio fortuito destruyó el pabellón estrella de la Expo, el de los descubrimientos, que fue reconstruido con una cubierta improvisada que disimuló los daños de la construcción.Así, pese al gafe que planeaba esos meses sobre el evento, Sevilla acabó inaugurando en abril de 1992 la Expo que catapultaría a la ciudad. 101 países de los cinco continentes acudieron a esta cita mundial. También tuvieron hueco las comunidades autónomas y numerosas empresas y organizaciones como el Comité Olímpico Internacional.¿Cuánto costó la Expo de Sevilla de 1992?Y ahora, la pregunta que muchos se hacen. ¿Cuánto cuesta un proyecto de esta magnitud? Según datos de la Universidad Pablo de Olavide, para la organización de la Expo 92 se presupuestó un total de 1.104 millones de euros. Sin embargo, la repercusión que tuvo el evento y todas las obras que se hicieron en torno a su celebración, hizo que la administración pública se gastase, aproximadamente, unos 5.600 millones de euros.Unas cifras escandalosas que se pudieron recompensar con los ingresos que generó la exposición. Durante su apertura, desde abril hasta el 12 de octubre de ese mismo año, seis meses después, hasta 18 millones de personas diferentes visitaron el evento. En total, se contabilizaron 42 millones de visitas. La entrada general costaba 4.000 pesetas y 1.500 el pase para niños y ancianos. Además, había ofertas para grupos, familiares e incluso para entradas nocturnas, entre las 20.30 a las 4 de la madrugada. ¿Mereció la pena la inversión? ¡Hagan sus cálculos!El legado de la Expo... 30 años después30 años han pasado desde aquella Expo del 92 que catapultó a Sevilla, que comenzó a ubicarse desde entonces en el mapa mundial. Aquella denostada isla de la Cartuja fue recuperada y es ahora sede del parque de ocio Isla Mágina y del Parque Científico y Tecnológico de Sevilla, un recito que acoge ya a unas 550 empresas y entidades con más de 24.000 trabajadores.Actualmente, las empresas del parque tienen una actividad de 3.000 millones de euros. La facturación agregada por las compañías del recinto representan ya el 7.8% del Producto Interior Bruto de la provincia de Sevilla y el 1.9% del PIB regional. Todas estas empresas aportan mucho valor añadido en actividades teconológicas avanzadas con la mirada puesta en el futuro: el proyecto eCitySevilla desarrollará un modelo de ciudad en ecosistema abierto, digital, descarbonizado y sostenible en La Cartuja para el año 2025.La herencia de 1992 llega hasta nuestros días y Sevilla es elegida internacionalmente para eventos de toda índole y hay una veintena de hoteles de lujo en marcha, lo que confirma la imagen de glamour que se quiere asociar al nombre de Sevilla.Tres barrio de Sevilla, entre los más pobres de EspañaNo obstante, no todo es de color de rosas. Hay también cierta sensación general de estancamiento, fundamentalmente por la imposibilidad de sacar adelante infraestructuras necesarias desde hace años, como la ampliación del metro, la conexión ferroviaria entre Santa Justa y el aeropuerto, y los túneles de la nueva circunvalación SE-40.Además, no toda Sevilla creció de la mano a nivel económico. Un dato que lo demuestra es que, 30 años después, tres de los cinco barrios con menor renta per cápita del país están en Sevilla. Según datos del INE, la locomotora que quiso ser la Expo no tiró por igual de todos sus barrios. Algunos se quedaron descolgados, especialmente los ubicados en el Polígono Sur y en el núcleo de Los Pajaritos y Amate, donde viven unas 100.000 personas.Esas dos zonas de Sevilla tienen una renta media por habitante de 5.329 y 5.757 euros, respectivamente, según los últimos datos registrados por el INE, del año 2018, lo que supone casi nueve veces menos que los ingresos medios de los cinco barrios de España con la mayor renta, todos de Madrid, el primero de los cuales se acerca a los 45.000 euros.En definitiva, la cara y la cruz del paso del tiempo y una efeméride, la de este 30 aniversario de la Expo 92 con el que muchos ciudadanos de Sevilla piden refuerzos con los que pulir su esplendor.
¿Recesión? La advertencia del índice de rascacielos
El escenario económico mundial se las prometía felices tras la pandemia. Los más optimistas adelantaban una fuerte recuperación, tras un par de años lastrados por los efectos del coronavirus. Pero, llegados a la hora de la verdad, no parece que se vaya a cumplir esta profecía. La inflación, la invasión de Ucrania, la crisis de las energías... han complicado la situación.Tanto que ya son muchas las voces que apuntan a que el riesgo de recesión es cada vez mayor. Analistas económicos, bancos centrales, organismos internacionales, think tanks... aseguran que la amenaza es real. Pero más allá de los indicadores económicos más convencionales, hay otra serie de señales, no oficiales, más informales, que a lo largo del tiempo han ayudado a vigilar la salud de la economía global. Es el caso, por ejemplo, del llamado 'índice de rascacielos'. Este indicativo fue creado por el analista inmobiliario británico Andrew Lawrence en 1999. El autor que los ciclos económicos y la construcción de rascacielos están relacionados, que los edificios más altos del mundo se han construido en vísperas de crisis. Lawrence explicó, en una entrevista en 2012, que había estudiado hasta el siglo XIX, y había encontrado numerosas pruebas que confirmaban la correlación entre ambos factores.¿Pero qué teoriza este índice? Que la inversión en rascacielos alcanza su máximo cuando el crecimiento cíclico está agotado, y la economía está lista para la recesión. Lawrence explicó que la finalización de estos rascacielos tiende a "coronar lo que es un gran auge de la construcción". Sin embargo, señaló que el problema no es el edificio alto en sí, sino cuando hay un grupo de estos rascacielos.La lógica detrás de este índice, también conocido como la maldición de los rascacielos, es que la construcción de este tipo de edificios, altos, caros, poco prácticos y ostentosos, es indicativo de derroche en momentos de auge económico, y suelen estar propiciados por la presencia de dinero barato en el mercado. Caldo de cultivo para la creación de burbujas. Y cuando estas explotan, llega la recesión.Este concepto ha sido analizado en el marco de la teoría austriaca del ciclo económico, basado a su vez en las teorías de Richard Cantillon en el siglo XVIII. El economísta Mark Thornton enumeró tres efectos de Cantillon que dan validez al índice de rascacielos. El primero, la disminución de las tasas de interés al inicio de una fase expansiva, que impulsa los precios del suelo. El segundo, la disminución de las tasas de interés, a su vez, permite que el tamaño de una empresa aumente, creando demanda para mayores espacios de oficinas. Y, por último, las bajas tasas de interés proporcionan inversión en las tecnologías de construcción, que permiten romer los récord previos a la altura de edificios. Tres factores que alcanza su máximo al final de la fase de crecimiento.Los ejemplos que confirman la validez de esta teoría son multiples. El primer ejemplo notable lo encontramos en 1907. El pánico financiero que se vivió en aquel año, una de las mayores crisis financieras de la historia de Estados Unidos, vino precedido de la puesta en marcha de dos rascacielos que se convirtieron en los más altos del mundo: el Singer Building y la Met Life Tower. Poco antes del crac del 29 comenzó a contruirse otra cadena de rascacielos que se convertirían en los más altos del mundo. Hablamos del 40 de Wall Street, conocido hoy como la Torre Trump, el Edificio Chrysler y el Empire State. Los heraldos de la gran recesión, los llamó Thornton.¿Más ejemplos? El World Trade Center, en Nueva York, y la Torre Sears, en Chicago, que también se convirtieron en los más altos del mundo, fueron inaugurados en 1973. Coincidió con el crac bursátil y la crisis del petróleo, que lastró la economía durante años. El último caso que señala Lawrence está en Asia. Se trata de las Torres Petronas, los más altos del mundo durante cinco años, que abrieron sus puertas coincidiendo con las crisis financiera asiática.¿Y ahora? ¿Hay alguna construcción de este tipo que indique que podemos estar a las puertas de una recesión? Pues, por desgracia, parece que sí. En 2021 se terminó de construir la torre Merdeka 118, en Kuala Lumput, la segunda más alta del mundo; y la Torre Steninway en Nueva York, el rascacielos más estrello del mundo, y uno de los más altos de occidente. La teoría, por supuesto, tiene lagunas, por lo que ha recibido numerosas críticas. La principal es que es poco fiable, y que recesiones como la posterior a la primera Guerra Mundial, la de 1937 o la de los primeros años 80 no se caracterizaron por proyectos de rascacielos destacados. Otro estudio de 2015 también llegó a la conclusión de que hay cierta relación entre la altura de los edificios y los ciclos económicos, pero no como señala Lawrence. El informe, elaborado por Barr, Mizrach y Mundra, destaca que la evolución del PIB permite predecir cambios en la altura de los edificios, ya que la altura extrema es impulsada por el rápido crecimiento económico. Pero, al revés, la altura no es fiable como indicador de recesiones inminentes.
El origen del imperio cerámico de Porcelanosa
El presidente ucraniano, Zelenski, señaló durante su intervención ante el Congreso español a varias empresas, entre ellas a Porcelanosa, por seguir haciendo tratos con Rusia. Acusaciones que pusieron en el disparadero a la marca azulejera durante unas horas, pero de las que supo reponerse rápidamente, tras una reunión con el embajador ucraniano, en la que explicó la verdadera situación de la compañía en Rusia.Aunque corto, ha sido uno de los momentos más tensos de la historia de Porcelanosa, imperio del azulejo que cumplirá 50 años en 2023, convertida en una referencia mundial. En la actualidad, tiene presencia en 100 países, y da trabajo a más de 5.000 personas directamente.¿Pero cuáles son los orígenes de Porcelanosa? ¿Cómo llego desde Vila-Real a conquistar el mundo? La compañía nació en 1973, aunque el origen está unos años antes, en 1956. La principal actividad económica de la región en aquel momento, casi la única, era la agricultura, sobre todo la relacionada con los cítricos. Pero aquel 1956 una terrible helada arrasó los campos de Castellón, amenazando toda la producción. Si sumamos las dificultades de la postguerra que aún se dejaban notar, la situación económica era complicadísima. Uno de los perjudicados fue un joven agricultor, José Soriano. Pero lejos de amilanarse por las dificultades, decide poner el foco en otra nueva industria, menos dependiente de los accidentes climáticos. Así, se une con otros agricultores de la región y fundan Azulejos de Vila-real, Azuvi. Pero descubren que los viejos hornos de leña disponibles para cocer cerámica, que ya habían sido introducidos por los árabes, están completamente obsoletos.Y como otros emprendedores de éxito, Soriano se fijó en los mejores, que en este caso eran los italianos. Y allá que se fue para descubrir cómo trabajaban. De aquel viaje se trae un par de técnicos, que le ayuden a desarrollar la industria, y los modernos hornos-túneles para la cocción de cerámica.Poco después, Soriano lanza otra compañía azulejera, Zirconio, especializada en revestimientos y pavimentos decorados para suelos. Y se alía con una empresa de Brihuega para comprender cómo trabajar con pasta blanca, que ofrecía más opciones decorativas que la habitual arcilla roja que se utilizaba hasta entonces.Con toda esa experiencia a cuestas, y convertido en uno de los mayores expertos en azulejos de Castellón, lanza en 1973 Porcelanosa, su gran proyecto. Para ello se une con los mellizos Héctor y Manuel Colonques, socios con los que lanza esta compañía, especializada en revestimientos y pavimentos cerámicos, pero de pasta blanca. La similitud de este material con la porcelana es lo que dio orígen al nombre de la compañía.En aquellos primeros años, las dificultades pasaron sobre todo por la búsqueda de una red de distribución adecuada, junto con la promoción del producto. Dos tareas que no eran prioritarias entonces para la industria. Como decíamos, el producto de Porcelanosa ofrece más opciones decorativas. No tiene sentido, por tanto, seguir promocionando el producto como hasta entonces, mostrando azulejos sueltos, que no lucen al 100% el acabado de la marca.Es ahí donde deciden desarrollar las primeras tiendas con paneles, que permiten ver con más precisión el resultado final. Los establecimientos no son solo el lugar donde se produce la venta, sino un espacio para exponer productos y crear marca. Esta fórmula es la antecesora de las exposiciones, desarroladas posteriormente, y que son uno de los emblemas de la compañía.La otra decisión que fue clave para el éxito de Porcelanosa fue la apuesta por caras conocidas para promocionar sus productos. La primera elegida fue la actriz Gina Lollobrigida, que además les ayudaba a vincularse a Italia, que era la referencia en el sector, por la calidad y el prestigio de su cerámica.Tras los positivos resultados de esa experiencia, eligen a una nueva cara para difundir la imagen de la marca, y el resultado no pudo haber sido mejor. La seleccionada es Isabel Preysler, que a mediados de los 80 era una de las personas más conocidas de España.Tan acertada fue la elección que la relación se prolongó durante 30 años. La repercusión de las campañas con ella fue enorme. Hubo anuncios de televisión que llegaron a tener audiencias de más de 12 millones de espectadores. Su figura fue clave para consolidar la imagen de Porcelanosa como una empresa elegante, glamourosa y de buen gusto.Con estos éxitos a cuestas, la marca decidió seguir la misma línea. A lo largo de los años se ha vinculado con otros famosos de relumbrón como Sofía Loren, Pierce Brosnan, Valeria Mazza o George Clooney, entre otros. A lo que se suma, de forma indirecta, el príncipe Carlos de Inglaterra, encargado de hacer el brindis en la cena por el 25 aniversario de la compañía. Porcelanosa acabó convirtiéndose en proveedor de la Casa del Príncipe de Gales, y es la única compañía española con la garantía real británica. Curisamente, no tienen ningún tipo de vínculo con la Casa Real española.Estas figuras internacionales también fueron importantes en la labor exportadora de Porcelanosa. Hay que tener en cuenta que el 90% de los ingresos de la compañía proceden de las ventas en el extranjero. De hecho, si no llega a ser por esa estrategia, hubieran sido incapaces de sobrevivir a las crisis económicas que hemos sufrido en las últimas décadas.De hecho, Francia, Reino Unido y Estados Unidos son ahora los principales mercados de la compañía. Estos tres países han logrado sumar en algunos momentos la mitad de la actividad de Porcelanosa. Su tienda más prestigiosa hoy puede ser la de Nueva York, ubicada en un lugar privilegiado, entre Brodway y la Quinta Avenida. El edifició costó 40 millones, y el proyecto fue liderado por Norman Foster. A su inauguración, en 2015, acudieron Nieves Álvarez, Irina Shayk o numerosas estrellas de Hollywood.Para entender la importancia de la apuesta por la internacionalización hay que volver a los origenes de la compañía, a aquella década de los 50 y a aquella ciudad agrícola que era Vila-real, que ya entonces tenía una marcada vocación exportadora.Esa tradición agrícola ha seguido siendo parte del grupo, que ha mantenido sus negocios citrícolas, que gestiona a través de una sociedad independiente.Hoy, Porcelanosa es una referencia mundial. A pesar de las guerras internas entre los herederos de Soriano y los Colonques, genera ingresos que rondan los 1.000 millones de euros anuales, venden en todo el mundo, y están consolidados como el cuarto mayor productor. Como el primer día, cuando se fueron a Italia a descubrir las técnicas más vanguardistas, mantienen la innovación como un elemento fundamental. Y defienden que la cerámica se ha convertido en un componente más de la moda.
Cuando Rusia vendió Alaska por 7,2 millones: el peor negocio de la historia
Rusia fue el primer país europeo en poner pie en Alaska. Los primeros grupos, protagonizadas por cazadores, llegaron a principios del siglo XVIII, y pocas décadas después llegaban las primeras expediciones de comerciantes de pieles, que ya se asentaron en la región, y comenzaron la colonización, que se culminó a finales de siglo.La relación inicial con los nativos era cordial. De hecho, a ellos les compraban la piel de nutria, quizá la más preciosa de las joyas que ofrecía el territorio en aquel momento. Con el paso del tiempo las cosas se fueron complicando, sobre todo por el abuso de la caza de nutrias, que acabó exterminando al animal en muchas zonas; junto con algunos problemas de convivencia que no supieron resolver, y que acabaron derivando en enfrentamientos armados, expulsión de los nativos, división de familias, esclavitud... y muchos muertos entre los locales. Tampoco ayudó el asesino silencioso que acompañaba a los rusos: las enfermedades europeas, desconocidas en la región, y contra las que los locales no estaban inmunizados. El 80% de la población aleutiana, por ejemplo, falleció por este motivo.Por aquella época llegaron también misioneros y clérigos de religión ortodoxa, que continuó a lo largo del siglo XIX, y que es responsable de la huellas rusas más visibles en la Alaska contemporánea.Por aquella época, los españoles también pusieron sus ojos en Alaska, haciendo referencia a la bula papal de 1493 que Alejandro VI otorgó a Isabel y Fernando. Durante décadas enviaron varias expediciones navales, algunas de las cuales incluso llegarón a entrar en contacto con los rusos. La más atrevida fue la de Bruno de Heceta, que en 1775 trató de consolidar las reclamaciones españolas en el Pacífico Norte. Uno de sus barcos, el Sonora, entró en la isla de Nutka, y reclamó formalmente la región como parte de España.Ese movimiento acabó derivando en 1789 en la crisis de Nutka, que a punto estuvo de provocar una guerra entre España y Reino Unido, después de que varios barcos británicos entraran en aguas reclamadas por España, , por lo que fueron capturados por la Armada. Londres exigió una compensación, y Madrid se negó. Llegaron a prepararse para el enfrentamiento bélico, e incluso reclamaron la ayuda de sus respectivos aliados.Sin embargo, la sangre no llegó al río, y se resolvió pacíficamente en la Convención de Nutka, en un acuerdo que supuso una gran victoria comercial para Reino Unido, y que supuso el inicio de su dominio sobre el Pacífico. Pero volviendo a Alaska y a los rusos, el cambio de siglo no le sentó nada bien. A pesar de algunas victorias militares, los clanes locales nunca dejaron de hacerles la guerra. Y los esfuerzos que hicieron nunca fueron suficientes para colonizar la región por completo. De hecho, la población rusa nunca llegó a superar las 700 personas en su momento álgido. A pesar de las riquezas del territorio, donde ya sabían que además había oro, lo caro, complicados y peligrosos que eran los viajes, no llegaron a convencer a más rusos para que se trasladasen.A eso hay que sumarle que la Compañía de la Bahía de Hudson, canadiense, se estableció en la frontera sur, y nunca llegó a respetar las limitaciones establecidas, castigando el monopolio ruso de del comercio de la región. Entre unas cosas y otras, el control de los rusos sobre Alaska se fue debilitando cada vez más.Llegamos así a mediados del siglo XIX, en el que Rusia se encuentra en una difícil situación financiera. Está metida en la guerra de Crimea, que le está obligadando a hacer importantes esfuerzos de guerra, y no puede prestar atención a lo que pasa en Alaska. Los más allegados al zar empiezan a deslizar la idea de que lo mejor es abandonar la región, que Estados Unidos quiere conquistar todo el continente, y que les podría quitar las tierras fácilmente, sin obtener nada a cambio. Plantean la opción de venderla, y Alejandro II decide que es una decisión que merece la pena estudiar.Las conversaciones comenzaron en la década del siglo XIX, pero la Guerra de Secesión frenó las negociaciones. Tras el final del conflicto, se retomaron las negociaciones, que alcanzaron su punto álgido en marzo de 1867, cuando el Zar envía a su ministro en Estados Unidos a negociar con William Seward, el secretario de Estado. En tan solo unas semanas, cierran el acuerdo: Estados Unidos pagaría 7,2 millones de dólares por Alaska.El precio, que equivaldría a unos 130 millones de dólares actuales, menos de lo que cuesta fichar a un futbolista estrella, era económico incluso para los estándares de la época.La bandera de Estados Unidos fue alzada el 18 de octubre de 1867, y ante la necesidad de cambiar del calendario juliano al gregoriano, junto con el cambio de uso horario, provocó que los residentes tuvieran dos viernes seguidos: pasaron del viernes 6 de octubre al viernes 18 de octubre.A pesar de que Estados Unidos estaba en pleno proceso expansionista, y llegó a acuerdos similares para hacerse con otras regiones, como Luisiana o Florida, había muchas dudas entre los ciudadanos, que consideraban que era un "paraje helado". De hecho, parte de la prensa atacaba al acuerdo, denominándolo la 'Locura de Seward', 'La nevera de Seward' o 'El jardín del oso polar de Andrew Johnson'.Pero las voces en contra quedaron acalladas rápidamente. Pese a las décadas de dominio ruso, era una tierra prácticamente sin explorar. Durante los primeros años tras el acuerdo, con los políticos de Washington más preocupados de la reconstrucción del país tras la Guerra que del nuevo territorio que habían comprado, fueron los militares y exploradores los que empezaron a recorrer la región, pintar los primeros mapas del río Yukón, y estableciendo puestos de operaciones a lo largo de los numerosos ríos interiores.Y en 1896 se produce el acontecimiento que lo cambiaría todo. En el territorio de Yukón en Canadá encuentran oro. Miles de mineros, acompañados de nuevos pobladores, deciden irse a Alaska, a comprobar si allí también lo encuentran. Esas miles de personas exigen infraestructuras y servicios, lo que supone un gran impulso para la región.Tan solo tres años después los exploradores encuentran oro en Nome y otros pueblos, lo que se conoció como 'la fiebre del oro de Klondike', y que supuso el impulso definitivo para Alaska.El cambio de siglo supuso el salto económico para la región, con la construcción de nuevos centros urbanos para acoger a toda la gente que estaba llegando. Empiezan a hacerse populares las industrias de la minería de cobre, la pesca y el enlatado. Hay ciudades que ya cuentan con hasta diez fábricas de conservas. Los estadounidenses también se expandieron hacia el interior y el Ártico de Alaska, explotando la piel de los animales, el pescado y otros negocios de los que dependían los nativos. En los primeros 50 años de propiedad los americanos ya habían ganado 100 veces más que lo que inviertieron en la compra.La II Guerra Mundial y los comienzos de la Guerra Fría reflejó además la importancia estratégica y geopolítica de la región. Aumenta la presencia militar, y en 1959 el territorio se incorpora como Estado de los Estados Unidos.En la misma época se descubren yacimientos petrolíferos, que suponen un nuevo impulso para la región, y que se ha ido consolidando como la principal fuente de ingresos. En los 70 construyeron un oleoducto de 8.000 millones que le unía al resto del país. Generó ingresos per cápita tan altos que repercutieron en toda la población. Para evitar que la fiebre del petróleo acabse tan mal como la de la piel de nutria, cuyas mejoras económicas dejaron de notarse tan pronto como se acabaron los recursos, el Estado creó el Fondo Permanente de Alaska, un fideicomiso con el que invierten una cuarta parte de todos los ingresos minerales.El resultado fue un éxito. En medio siglo ha pasado de controlar 734.000 dólares, que es con lo que nació en 1976, a más de 82.000 millones en la actualidad. Además, desde 1982 abona un dividendo anual a cada ciudadano que resida al menos 6 meses en Alaska, una suerte de renta básica, por el que entregan unos 2.000 dólares per cápita al año. Ha generado más dinero que el petróleo.Hoy en día Alaska cuenta con una población de unas 700.000 personas. El 15% de la población es nativa. Y lo único que queda ruso son algunos edificios y la fuerte presencia de la iglesia ortodoxa
David Bowie y los bonos con los que se financió en Wall Street
La industria de la música está viviendo una auténtica revolución en los últimos meses. Son muchos los artistas, los grandes artistas, que están vendiendo los derechos de sus canciones a empresas. Hablamos de super estrellas como Bob Dylan, Taylor Swift, David Guetta, Sting, Bruce Springsteen, Shakira... que han cedido los derechos de toda su discografía a grandes sellos, como Warner o Sony, pero también a fondos, como Shamrock.¿Por qué lo han hecho? Es una tendencia que nace con el auge de las plataformas de streaming, como Spotify, que revolucionó la industria musical, y convirtió a los conciertos en la principal fuente de ingresos para los músicos. También se suma que los artistas deben pagar grandes cantidades de dinero en impuestos por las ganancias generadas por la venta de derechos de sus piezas. Tanto la venta de álbumes, ya sea en los renacidos discos o en CD, como por las reproducciones online.A eso hay que sumarle los efectos de la pandemia provocada por el coronavirus, que ha obligado a suspender o limitar el aforo de los conciertos, que ha acelerado la tendencia.Con todos estos ingredientes sobre la mesa, son muchos los artistas que han visto rentable la opción de vender los derechos de su música, y una forma de asegurarse grandes ingresos.Esta es la última tendencia de un sector, el de la música, que lleva desde sus orígenes buscando la mejor fórmula para maximizar sus ingresos. Y uno de los pioneros fue David Bowie. El genio de la música, precursor en muchos aspectos de la industria, fue también el primero en adentrarse en el mundo de las finanzas, aparejando su nombre a un tipo de bono muy concreto: los celebrity bonds.¿Qué es esto? Pues básicamente se trata de un tipo de ABS, un bono titulizado, respaldado por derechos de propiedad intelectual, y emitido por el titular de los mismos. En definitiva, es la transformación de derechos de propiedad intelectual en forma de bono. El autor promete a los inversores participar en los futuros beneficios derivados de los royalties que vaya a cobrar, que son los que garantizan el flujo de dinero necesario para devolver el principal más los intereses prometidos.Suele señalarse esta emisión de David Bowie como la primera de esta clase. Se llamaron Bonos Bowie, y fueron lanzados en 1997. Incluía los derechos derivados de los 25 álbumes que había grabado antes de 1990. Con el apoyo del inversor David Pullman, experto en el mundo de la música, captó 55 millones de dólares en bonos a 10 años, con un interés anual del 7,9%. El acuerdo incluía también la garantía de la discográfica EMI, por la que acababa de firmar Bowie. El músico inglés utilizó los ingresos generados para recomprar a su vez canciones a su antiguo manager. La prensa pronto se dividió: para unos era un innovador, y para otros un vendido a Wall Street.No tuvieron una vida fácil los Bonos Bowie. Las estimaciones de venta fueron demasiado optimistas, incapaces de prever el terremoto que supuso para la industria la llegada de internet. Moody's, que había otorgado una calificación de A3 a la emisión, es decir, de buena calidad, la rebajó en 2004 hasta un escalón por encima de los bonos basura.Sea como fuere, la emisión generó un gran revuelo, y parecía que era una fórmula que iba a tener recorrido. pero el mundo avanzó demasiado rápido, internet cambió los hábitos de consumo de la música, y la venta de discos se hundió. Pese a todo, fueron varios los artistas que llevaron a cabo operaciones similares en los siguientes años, como Iron Maiden o Rod Stewart. Y otros, como los Beattles o Michael Jackson, también estudiaron la opción, aunque no llegaron a consolidarlo. Todos grandes nombres y con amplios catálogos, imprescindibles para atraer a los inversores. El acuerdo definitivo no se hizo público, así que no se conocen todas las cláusulas del contrato, por lo que aún hoy se duda sobre la rentabilidad de la inversión. Pero la semilla estaba plantada.